El impeachment al presidente Donald Trump podría llegarle antes en Twitter que en la Casa Blanca. El presidente de EEUU, que celebra su primer 4 de julio en la Casa Blanca en plena polémica por sus ataques a los medios de comunicación, está en el punto de mira por posible incitación al odio, algo que no permite esta red social.

En los últimos días, Trump ha publicado un vídeo en su cuenta de Twitter en el que se retrata luchando y golpeando una figura cuya cabeza ha sido reemplazada por el logotipo de CNN. También desayunó hace unos días insultando de forma explícita a los presentadores del programa de MSNBC Morning Joe.

Según las reglas de Twitter «no se permite amenazar con violencia ni incitarla» ni tampoco «incitar a otras personas a acosar a otra cuenta». Y ese vídeo de lucha libre, que también fue publicado desde la cuenta oficial de @POTUS, hay periodistas estadounidenses que ya están reclamando que podría ser interpretado como una incitación a la violencia contra los empleados de los medios de comunicación que Trump ha puesto públicamente en la diana.

¿Está Trump incitando al odio?

Que al día siguiente de que el periódico The Washington Post revelara que Trump tiene colgado en sus clubs de golf una elogiosa portada de Time que nunca existió, el presidente cargue contra el dueño del periódico, Jeff Bezos, acusándole de evadir impuestos sin aportar ninguna prueba no es algo que escandalice demasiado a la opinión pública. Seis meses después de su llegada a la Casa Blanca el listón está mucho más alto.

Sin embargo, los últimos tuits de Trump (que tiene 33 millones de seguidores) han resultado sorprendentes incluso para sus estándares. Insultar a dos presentadores de televisión, Joe Scarborough y Mika Brzezinski, llamándole a él «loco» y a ella «tonta de remate» resultó desconcertante tanto en las formas como en el fondo. Sobre todo porque para culminar el despropósito quedó patente la retorcida obsesión del presidente de EEUU por la sangre de las mujeres, haciendo referencia a que Brezinski «sangraba mucho por un lifting».

¿Es esto acoso? ¿Es incitación a la violencia teniendo en cuenta la legión de fieles seguidores de Trump en las redes, y fuera de ellas, que responden a sus soflamas? ¿No es un abuso de poder utilizar la cuenta oficial del presidente de EEUU para esos insultos? ¿Dónde acaba la libertad de expresión y empieza la agresión?

Este es el debate en el que EEUU afronta su 4 de julio, el día de su 241 cumpleaños, con la división más agria de los últimos años. Trump mantiene una popularidad a la baja (que ronda el 30%), pero sigue contando con una fiel legión de defensores que argumentan que los ataques del presidente a la prensa son en legítima defensa. La propia Casa Blanca argumenta que con sus tuits él simplemente se defiende de la cobertura sesgada que los medios progresistas hacen de su mandato.

La CNN, sin embargo, ha denunciado en un comunicado que «el presidente de EEUU está incitando a la violencia contra sus reporteros». Y destaca además que lo hace perdiendo un tiempo que debería estar empleando  «en prepararse para su viaje al extranjero» (el viernes se encuentra con Vladimir Putin).

También el Comité para la Protección de los Periodistas, que normalmente se enfoca en dictaduras donde la libertad de expresión está restringida, está preocupado por el deterioro de las condiciones de trabajo de los medios de comunicación en EEUU. Las críticas a las organizaciones periodísticas por parte de Trump no solo se producen a título personal (si es que tal cosa existe para un presidente) y desde redes sociales, sino también desde el púlpito de la Casa Blanca.

Donald Trump acusa diariamente a periódicos como The New York Times y The Washington Post de ser «fake news» (noticias falsas), pero esto ya no sorprende porque a medida que la posverdad ha entrado en el diccionario hemos ido normalizando tanto las salidas de tono que nos hemos acostumbrado también al postescándalo.

¿Es una estrategia de distracción?

Mientras Trump sigue forzando los límites de la estupefacción con sus ataques a la prensa, explorando nuevos límites de lo que es o no es presidenciable, Washington vive un mes crucial en lo legislativo (en julio se debate la reforma del sistema de salud), el sistema de impuestos e infraestructuras. Pero los titulares se los lleva su vídeo de lucha libre contra la CNN y si puede o no Twitter hacerle un impeachment a su cuenta por incitación al odio.

Y así no hay quien le dedique portadas al Rusiagate, que podría llevar al presidente de EEUU a un impeachment de verdad si llegara a probarse la posible injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016, justo en la semana en la que Trump va a encontrarse con Vladimir Putin. ¡Feliz 4 de julio!