El caso de Abdelbaki Es Satty, el líder religioso de Ripoll que radicalizó a los terroristas de la célula que atentó en Barcelona y Cambrils, ha abierto el debate sobre los imanes en España. ¿Cuántos hay? ¿Quién los controla? ¿Cómo llegan a sus puestos? ¿Qué formación tienen? El debate es difuso porque la legislación al respecto lo es, y porque la política de confesiones religiosas en España no obliga a un control exhaustivo sobre estos líderes espirituales, como tampoco lo hace con párrocos, rabinos, pastores o monjes budistas.

No obstante, si en algo coinciden las sociedades que agrupan al colectivo musulmán en España es en que el problema con los imanes en nuestro país parte de una base sencilla: hay pocos. «Hay una insuficiencia de imanes formados, y ante el vacío ese espacio lo llena gente que no está preparada», denuncia Mounir Benjelloun, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI). «No existen criterios específicos para elegir a un imán», aclara, antes de subrayar que a los líderes del rezo musulmán «los escoge quien los paga, las mezquitas seleccionan a sus trabajadores y un imán es simplemente un trabajador».

En la misma línea se ha expresado esta semana Mohamed El Ghaidouni, presidente de las Comunidades Islámicas de Cataluña. «No hay criterios de selección, cada comunidad contrata a su imán como un trabajador, el secretario o el presidente de la mezquita firman el contrato y nada más», analizó el martes tras una reunión con el Ayuntamiento de Ripoll y algunas entidades sociales de la localidad. «No tenemos ni legitimidad ni poder para hacer ningún control. Hay que trabajar para elaborar un protocolo con el Consejo Islámico de España», lamentó, tras ser cuestionado por su posible función de vigilancia.

‘No es suficiente la formación religiosa’

La FEERI y otros organismos llevan años exigiendo al Gobierno que se modifique la ley para que los imanes en ejercicio lo sean tras superar una formación específica y global. «No es suficiente la religiosa», subraya Benjelloun, para poner el foco sobre otros aspectos igual de relevantes para transmitir adecuadamente el mensaje del Corán: conocimiento del idioma, de la sociedad, de las costumbres, integración en la vida local…

La escasez de imanes hace que países como Arabia Saudí, Marruecos o Egipto envíen a los suyos de forma organizada a las mezquitas españolas

El problema con la escasez de imanes formados específicamente no es sólo que deriven en la contratación de personas sin preparar, que a menudo asumen el rol sin experiencia previa. Las comunidades islámicas alertan de un peligro mayor, compartido en otros países como Francia o el Reino Unido: hay países árabes que aprovechan la insuficiencia de imanes formados en Europa para enviar a los suyos propios como arma cultural.

«No se puede consentir la injerencia de otros países. A España vienen imanes de forma organizada desde Marruecos, Egipto o Arabia Saudí que pueden ser buenos allí, pero no aquí», denuncia el presidente de la FEERI, que en los últimos años ha formado a unos 30 imanes a través de un programa propio, desarrollado en colaboración con instituciones como la Universidad Islámica de Rotterdam. «Hemos tenido que parar a imanes extranjeros que estaban dando fatuas que son delito en España, y eso es grave», reconoce Benjelloun en relación a los que llegan desde fuera específicamente para ocupar un puesto.

En ocasiones, estos envíos se realizan como contraprestación por la financiación de la propia mezquita, aunque las comunidades islámicas recomienden no aceptar este tipo de ofertas externas. Sin ir más lejos, este es el caso de la mezquita de la M-30 de Madrid, la más grande del país y financiada íntegramente por Arabia Saudí -su construcción costó 12 millones de euros-, que también controla su organización.

La situación en Europa

El problema no es exclusivo de España. En marzo de este año salió a la luz que el grupo de trabajo para combatir el extremismo en el Reino Unido planeaba obligar a los imanes a realizar sus sermones en inglés. En conversación con el Telegraph, un portavoz del ejecutivo británico argumentaba que el hecho de que los imanes hablasen en otra lengua «dificultaba saber si la radicalización se está produciendo o no». En septiembre de 2016, François Hollande llamó a prohibir la presencia en Francia de imanes radicales formados en el extranjero.

Francia, de hecho, comenzó a poner en marcha hace aproximadamente un año un programa público para la formación de imanes en el país, que incluía formación cívica y sobre derecho religioso, con el objetivo de evitar la citada injerencia extranjera. Alemania ha implantado acuerdos para reconocer la formación que los imanes reciben en Turquía. En Bélgica, aproximadamente un tercio de los imanes están registrados en el Ejecutivo de Musulmanes de Bélgica (EMB), aunque el control tampoco es excesivo y depende más de la colaboración entre los responsables de las mezquitas y las fuerzas de seguridad.

Es Satty fue rechazado como imán en Bélgica tras consultar la comunidad local a los servicios de inteligencia; en Ripoll no tuvo problemas

Exactamente eso, por ejemplo, es lo que sucedió en el caso de Es Satty, cuando el imán que pretendía inmolarse en Barcelona acudió a la localidad belga de Vilvoorde en enero de 2016 con la intención de convertirse en el imán de Diegem, hasta hace unos años una de las zonas más conflictivas del país en cuanto a radicalización y yihadismo. El responsable de la mezquita acudió al Ayuntamiento ante la virulencia con la que Es Satty solicitaba el trabajo y pidió información sobre él a los servicios de inteligencia. Finalmente fue rechazado y regresó a España, donde no tuvo problemas para ejercer su trabajo en Ripoll.

En nuestro país, entidades como UCIDE, el Consejo Islámico de España o la propia FEERI llevan años reclamando que se habilite una certificación de alguna clase y que se activen programas de formación públicos. De momento, sin respuesta del Gobierno, que tampoco los lleva a cabo en el resto de confesiones y para el que, lógicamente, supondrían un coste económico.

Nadie sabe cuántos imanes hay en España

El problema formativo del islam en este caso nace de su propia estructura como religión. A diferencia del catolicismo, su organización no es jerárquica y no depende de diócesis ni arzobispados, por lo que no existe una instancia superior que pueda organizar el acceso como ocurre en los seminarios. De esta forma, la única obligación de las mezquitas es inscribirse en el Registro General de Entidades Religiosas, pero nada más. La comunicación de la persona que ocupa el rol de imán en cada centro no es obligatoria sino, como recordaba esta semana el presidente de la CIC, simplemente «potestativa».

La Comisión Islámica de España trabaja en un censo ‘para finales de año’, aunque reconocen que ‘hay mucha variación’ en las cifras

Esta situación va asociada a un descontrol absoluto: nadie sabe con exactitud cuántos imanes hay en España. No existe un registro público al respecto y las cifras que se dan son estimaciones de trazo grueso basadas en el número total de lugares de culto registrados, que en España son 1.508 según los últimos datos del Observatorio del Pluralismo Religioso, dependiente del Ministerio de Justicia. Los centros musulmanes ocupan el tercer lugar del ránking tras las parroquias católicas (23.071) y los templos evangélicos (3.910), y por delante de los espacios que ocupan testigos de Jehová (650), cristianos ortodoxos (197), budistas (155), mormones (119), baha’is (44), judíos (36), hinduistas (21), sijs (20) o cienciólogos (15).

A partir de ahí, la estimación tiende al un imán por mezquita, aunque esto no siempre es así. Esta misma semana, la Comisión Islámica de España, nombrada organismo interlocutor con el Estado en 1992, ha anunciado que «para finales de año» esperan tener listo un censo de imanes, aunque los portavoces de la CIE aseguran que la tarea es complicada porque «hay mucha variación» en las cifras y existe gente «que lo hace voluntariamente y no está registrada como tal».

Trabajo de campo e inteligencia policial

Actualmente, por tanto, las únicas bases de datos que existen son las que corresponden a los servicios policiales y de inteligencia, y no se derivan de las comunicaciones con la Administración, sino del trabajo sobre el terreno. Según reconocen tanto fuentes policiales como de la comunidad islámica, la Policía Nacional, la Guardia Civil, el Centro Nacional de Inteligencia y las diferentes policías autonómicas realizan visitas periódicas a los lugares de culto y, en la mayoría de los casos, mantienen relaciones fluidas con los imanes al cargo, que suelen ser los responsables de informar de conductas sospechosas dentro de la comunidad.

Estos datos, no obstante, son de consumo interno, no están centralizados y pueden dar lugar a casos de información segmentada como el que ha favorecido el descontrol sobre el imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, que ha escapado a la vigilancia policial pese a haber figurado en una operación antiyihadista desarrollada en el año 2006 y pese a haber pasado cuatro años por tráfico de drogas en la prisión de Castellón, en la que trabó amistad con Rachid Aglif, El Conejo, uno de los terroristas condenados por la matanza del 11-M a raíz de su rol en la compra de los explosivos.

Por casos como este, el presidente de la CIE, Riay Tatary, ha insistido esta semana en reclamar «más interlocución» con la Administración y que las mezquitas, en última instancia las responsables de la contratación de los imanes, puedan tener acceso al sistema de chequeo de antecedentes penales. Actualmente, sólo pueden realizar comprobaciones sobre delitos de carácter sexual, derivados del habitual contacto de los líderes religiosos con niños en el marco de las enseñanzas coránicas que se realizan en los templos musulmanes.