Once de los doce integrantes de la célula terrorista de Ripoll que atentó en Barcelona y Cambrils eran marroquíes. Todos salvo Mohamed Houli Chemlal, melillense. Desde los ataques, al sur del Estrecho se ha detenido a otras dos personas relacionadas con la organización criminal: un vecino de Ripoll que suministraba las bombonas de butano almacenadas en Alcanar y un familiar de los hermanos Oukabir. Ambos, actualmente, se encuentran en libertad tras haberles sido tomada declaración.

La presencia de Marruecos es tan fuerte en los ataques perpetrados en Cataluña como lo fue en los de París, Bruselas o Londres. Y, sin embargo, Rabat insiste en sacar pecho por su agenda antiterrorista y en afear la de sus principales socios europeos, a los que advierte de que la radicalización se está produciendo dentro de sus fronteras sin que los poderes de la Unión Europea le pongan coto.

Sin ir más lejos, ése fue el mensaje que recibió esta semana el ministro del Interior español, Juan Ignacio Zoido, durante su visita oficial al país norteafricano. Y fue el mismo que recibió en febrero el titular de Exteriores, Alfonso Dastis, en la visita inaugural de la legislatura. Marruecos lleva tiempo expresándolo en privado, pero esta semana lo ha hecho en público a través del ministro del Interior Abdeluafi Laftit, que pidió extremar la atención sobre oratorios e imanes que consiguen mantenerse en la clandestinidad.

En esta línea, Laftit se encargó de subrayar que los descendientes de marroquíes que residen en Europa como segundas y terceras generaciones de familias inmigrantes deben ser tratados con especial atención “para escapar de las garras del terrorismo, principalmente en mezquitas no controladas y a manos de ciertos imanes extremistas”.

La batalla por el control de los imanes

Con el mensaje, lanzado tras admitir que la colaboración en materia de inteligencia entre ambos países es “ejemplar”, Marruecos replica en España la política que ya ejerce desde hace años en otros países: desligar el problema del origen e introducir en la medida de lo posible su control sobre la organización del islam en Europa.

Rabat observa con atención el debate suscitado en España en torno al control sobre los imanes, a menudo amateurs carentes de formación. En nuestro país, los líderes del rezo en las más de 1.500 mezquitas y oratorios no están censados ni necesitan presentar certificación de ningún tipo. Sólo entidades como la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (Feeri) promueven cursos de formación propios, de los que en los últimos años apenas han surgido unos 30 clérigos con diploma.

Marruecos quiere aprovechar el descontrol sobre los imanes para institucionalizar su influencia entre los 1,9 millones de musulmanes españoles

La preocupación popular y las posibles soluciones políticas a ese vacío son una oportunidad para que países como Marruecos, pero también Egipto o Arabia Saudí, institucionalicen el control que de manera indirecta ya ejercen sobre muchos de los centros islámicos de España, donde actualmente residen 1,9 millones de musulmanes, más del 50% de ellos de origen alauí.

Es común que durante el Ramadán se envíen numerosos imanes sin apenas conocimiento de las sociedades en las que trabajarán, y más común aún que los países que financian mezquitas como la de la M-30, construida íntegramente con dinero saudí, controlen también la organización del templo y seleccionen a sus líderes.

El precedente de Francia

En España, Marruecos quiere utilizar su papel de socio preferente para dar el mismo paso adelante que ya dio en Francia en septiembre de 2015. Entonces, en un acto celebrado en Tánger con toda la pompa posible, ambos países firmaron un acuerdo de colaboración para que parte de los imanes que en el futuro ejercerán en Francia se formen previamente en universidades islámicas del país africano.

El acuerdo se selló durante la visita a Marruecos de François Hollande y lo rubricaron el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, y el titular marroquí de Asuntos Islámicos, Ahmed Taufiq. A la ceremonia asistieron también tanto el propio Hollande como el monarca Mohamed VI.

El programa, que no está implantado aún al 100%, permite a Marruecos canalizar por vía oficial su ascendencia sobre una de las comunidades islámicas más grandes de Europa, pese a que los líderes espirituales se seguirán formando en árabe y no en francés, y seguirán llegando a los países europeos sin haber tenido apenas contacto previo con las sociedades a las que deberán adaptar y transmitir los mensajes del Corán.

Rabat fomenta la rama malikí del islam sunní frente al wahabismo que exportan países como Arabia Saudí

Rabat insiste en señalar estas actuaciones como uno de los ejes principales para controlar la radicalización: formar a imanes en el islam malikí que predomina en el país, y expandirlo por Europa en contraposición al wahabismo y el salafismo, marcadamente más rigoristas, y a menudo más relacionados con la ideología yihadista.

Sin embargo, ni los orígenes de los terroristas que en los últimos tiempos han actuado en Europa, ni las cifras de combatientes extranjeros en Irak y Siria ayudan a cimentar esta percepción. Cerca de 2.000 soldados incorporados a las filas del Estado Islámico proceden de Marruecos, que completa el podio de los países árabes suministradores de infantería, tras Túnez y Arabia Saudí. Además, según la organización International Crisis Group, otros 2.000 de los europeos que han viajado a Oriente para luchar por el califato descienden también de la monarquía alauí.