Son días incómodos para el PNV. Entre dos sillas y mal sentado. La tranquilidad en la que se había instalado hace apenas unos meses, cuando la rentabilidad de su apoyo al Gobierno Rajoy se contaba en millones de euros, se ha diluido. A la formación de Andoni Ortuzar le aprietan las costuras internas y las externas, las propias y las ajenas, a causa del tsunami que llega desde Cataluña y que hasta hace unas semanas apenas era un lejano ruido casi ignorado. La formación nacionalista que este domingo reunirá a decenas de miles de simpatizantes en las campas de Foronda (Álava) en su Alderdi Eguna (Día del partido) afronta un proceso exprés para resituarse en el encendido tablero del procés y reconsiderar su papel como aliado del PP de Rajoy.

Para el PNV hablar de su apoyo a los PGE es una «frivolidad», como «preguntar por una gotera cuando arde el tejado»

En este contexto, el PNV ha vuelto a hacer gala de su habilidad para el ‘funambulismo’ político. Sabe que en Madrid las miradas se vuelven hacia él por su papel de aliado clave para que el PP pueda reeditar su apoyo a las cuentas generales del Estado. Tampoco ignora que en Euskadi la interpelación a los nacionalistas se encamina en otra clave; su actitud y posición ante el conflicto en Cataluña. Su desmarque respecto a la vía unilateral de Puigdemont evidente durante los últimos dos años ha comenzado a ser incómodo y la sobreactuación en apoyo al 1-O parecía haberse impuesto de modo forzado hace unos días. En los últimos días el convencimiento de que el escenario se ha tensado más de lo previsto por la actuación del Estado se ha impuesto.

Y en todo este contexto, hablar de presupuestos les parece “una frivolidad”. Con la que está cayendo en vísperas del 1-O, en Sabin Etxea les molesta que se les interpele por el papel que jugarán ante los presupuestos de 2018, “es como preguntar por una gotera mientras se está quemando el tejado”, aseguran fuentes cercanas al EBB, “es ridículo”. En el partido de Ortuzar insisten en que no están en ese punto, que no han dedicado ni un solo minuto a pensar en las cuentas del próximo año y que no lo harán hasta que pase el 1-O y el escenario en Cataluña se despeje.

Cataluña, la clave de las cuentas de 2018

Cada vez parece más evidente que, de alguna manera, la aprobación de las cuentas se decidirá en Cataluña. Al menos, así será en lo que respecta al apoyo determinante del PNV y que Rajoy necesita. Desde el partido insisten en que los pasos que se den para reconducir la situación serán clave. Una nueva fotografía de los nacionalistas vascos salvando a Rajoy tendría un coste demasiado elevado en Euskadi si la solución catalana no es la adecuada, “en estas circunstancias un apoyo debería ser no sólo beneficioso para Euskadi sino entendido por la sociedad vasca”: “Por eso, para que lo hagamos, tiene que merecer muy mucho la pena”.

Por el momento, el puente que comunica a PNV y PP aguanta con razonable solidez. Ambas formaciones lo apuntalaron al inicio de la legislatura y derivó en el apoyo a Rajoy. Hoy el canal de relación y apoyo sigue en pie, aunque mucho menos transitado. El presidente del PNV y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy mantiene “una comunicación fluida” aseguran en el PNV. La relación es buena y la comunicación sigue abierta para analizar la situación del país, Cataluña incluida.

Por el momento la comunicación entre Ortuzar y Rajoy no se ha resentido, «es fluida» reconocen en Sabin Etxea

También el equilibrio se impone en el Gobierno vasco y también aquí Cataluña lo está alterando todo. Desde el Ejecutivo de Iñigo Urkullu afirman que actualmente los presupuestos del Estado no son una cuestión que preocupe y que incluso no descartan que finalmente tengan que ser prorrogados: “Actualmente hay en juego cosas más importantes que unos presupuestos”, aseguran fuentes de la Lehendakaritza a El Independiente en referencia a la situación catalana. Advierten incluso de que si la situación se complica en exceso “no apoyaremos unos presupuestos, incluso aunque aquí, en Euskadi, ellos (el PP) tampoco apoyen los nuestros. Hoy un intercambio de apoyos presupuestarios no es suficiente”.

El retraso en la aprobación del proyecto de presupuestos 2018 conocido el pasado jueves pilló por sorpresa al PNV. “Nos enteramos por la prensa”, aseguran desde el Grupo Vasco en el Congreso. En la Cámara Baja apuntan que a ellos nadie les ha llamado para abrir un proceso de negociación y que no creen que lo hagan hasta que pase el 1-O. Por el momento, ni han recibido llamadas ni información sobre los ejes del proyecto presupuestario. Tampoco hay previsión de que está próxima semana vayan a reunirse.

Mientras el escenario catalán se intenta reconducir, los nacionalistas han puesto sobre la mesa cuál será su próxima batalla negociadora con el Ejecutivo de Rajoy: el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika de 1979, sobre el que el Gobierno de Urkullu reclama 37 materias. En este sentido, el Ejecutivo vasco deslinda su cumplimiento a lo que pueda suceder en Cataluña, “es una ley orgánica y debe ser cumplida”, asegura el portavoz Josu Erkoreka.

El PNV reunirá miles de simpatizantes en Foronda para justificar su posición ante el procés, el PP y el ‘Estado confederal’

El compromiso por negociar la cesión de transferencias cumple ya dos meses sin nuevas noticias. En julio pasado Soraya Sáez de Santamaría se comprometió a cerrar una reunión para abrir un proceso negociador con Euskadi. Hoy por hoy, no hay reunión a la vista. De nuevo la tensión catalana ha frenado cualquier paso en esta materia. Una negociación que no será sencilla ya que el PNV, junto a su socio, el PSE, priorizará la cesión del régimen Económico de la Seguridad Social y la gestión de las cárceles en Euskadi.

Y mientras al calor del encendido pulso del procés se frenan las negociaciones presupuestarias y de competencias, en el PNV las diferencias sobre el papel a jugar también se hacen evidentes. Mientras el sector más moderado que puede representar el lehendakari Urkullu no duda en reconocer que el 1-O “carece de garantías”, el alma más independentista encabezada por el presidente del PNV en Guipúzcoa, Joseba Egibar, ha liderado el viraje en apoyo al referéndum unilateral llegando incluso a salir a la calle de la mano de EH Bildu.

Entre ‘la espada’ del 1-O y la ‘pared’ de Bildu

Un PNV que mientras recorre las calles en apoyo a Cataluña profundiza aún más en su vía propia soportada sobre el “pacto y el acuerdo” y que a la que el jueves dio forma Urkullu apelando a la fórmula de un Estado Confederal como la mejor receta para salir del “laberinto político territorial”. Al contrario que Puigdemont, el PNV que el domingo volverá a arrancar curso ante sus militantes en las campas de Foronda se desmarcará de la ‘receta catalana’ y de las apelaciones a la independencia. La hoja de ruta que ahora defiende no pasa por recuperar la propuesta de ‘Estado libre asociado’ de Ibarretxe ni por impulsar la «nación foral» a la que el lehendakari apelaba hace un año o a un Estado federal como ansía su socio de Gobierno, el PSE. Menos aún por independizarse plenamente de España como reivindica Bildu.

Los nacionalistas gozan hoy de una posición privilegiada, gobernando todas las instituciones relevantes del País Vasco (Gobierno vasco, las tres diputaciones y las tres capitales vascas) y con el aval de la última convocatoria electoral con cerca de 38% de los votos (398.000 votos). Una solidez que les dota de aval suficiente para justificar su estrategia en clave soberanista, alejada radicalmente de Cataluña y que incorpora ahora la fórmula de Estado confederal como nuevo objetivo para el nuevo ‘estatus vasco’.

En las últimas semanas la formación de Ortuzar ha pasado de ignorar el procés a salir a la calle en su apoyo

Desde que el Govern anunció que su apuesta era la de una vía unilateral en la que la ruptura se imponía ante la falta de acuerdo, en Sabin Etxea comenzaron a soltar amarras con el procés. Lo hicieron casi al mismo ritmo con el que una izquierda abertzale refundada con Otegi libre y ocupando de nuevo el puesto de mando se abrazaba más que nunca a ella con la intención de trasladar su ejemplo a Euskadi.

Ahora, los nacionalistas vascos se encuentran entre la espada y la pared. La espada la maneja el polvorín catalán y su deriva, que obliga a abandonar la posición de frialdad y distancia frente al procés para salir en su apoyo pese a defender para Euskadi un modelo radicalmente diferente. La pared la encuentra en casa, en Euskadi, donde la izquierda abertzale aprovecha el viaje no sólo para arremeter contra sus apelaciones al pacto y acuerdo con España de cara a un proceso de nuevo autogobierno sino para reforzar el desgaste del PNV como soporte del PP.