Jordi Sánchez (ANC), Jordi Cuixart (Ómnium), Neus Lloveras (AMI) y por supuesto los miembros del gobierno de la Generalitat, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y los líderes de ERC, PDCat y la CUP. Todo el mundo tiene claro a estas alturas quién lidera públicamente el proceso independentista en Cataluña. Menos obvio es quién ha movido los hilos entre bambalinas para que el discurso se repitiera sin disonancias durante los últimos meses en todos los ámbitos de la sociedad catalana. Más allá del desmarque de El Periódico de Cataluña a raíz de la información sobre la investigación policial de los atentados de Barcelona y Cambrils, la «sociedad civil catalana» ha seguido con disciplinada actitud las consignas del gobierno de la Generalitat. Sindicatos, colegios profesionales o fundaciones del tercer sector, todos han asumido como propio el discurso del pueblo oprimido por el Gobierno del PP.

Madí asegura que dejó la política cuando Mas fue obligado a dar un paso atrás en favor de Puigdemont

Desde el Colegio de Periodistas de Cataluña al sindicato UGT, pasando por abogados y ONGs, la penetración del discurso soberanista es impecable y responde a un trabajo que viene de lejos. Un trabajo en el que se adivina la mano de la antigua Convergencia, y dentro de esa órbita, la de quien fuera mano derecha de Artur Mas. David Madí, ex jefe de gabinete de Mas en la Consejería de Economía durante el último gobierno de Jordi Pujol, dirigente destacado del «pinyol» nacionalista de los últimos tiempos de CDC y el convergente mejor colocado en las empresas del Ibex hasta este verano sigue siendo señalado por muchos como el hombre clave para que empresas de comunicación o patronales hayan mantenido su fidelidad al ideario independentista hasta el último momento.

El hombre al que Artur Mas definió como “mi colaborador más cercano, más valiente y más querido” asegura que no es cierto, que ha dejado la política desde que Mas fue obligado a dar un paso atrás en favor de Carles Puigdemont para garantizar el apoyo de la CUP al gobierno independentista de JxS. Pero casi nadie cree ese discurso y mucha gente en la órbita de la ex Convergencia asegura que sigue «remenant les cireres» (controlando el cotarro). En todo caso, está clara su influencia sobre uno de los actores fundamentales del procés, la Assemblea, a cuyo frente ayudó a llegar a Jordi Sánchez.

Amigos desde la militancia juvenil de ambos en la Crida a la Solidaritat, Madí fue el responsable de que CDC pusiera todo su empeño para que Sánchez asumiera la presidencia de la ANC en sustitución de Carme Forcadell tras unas elecciones internas en las que la candidata más votada fue Liz Castro. Tras asumir la presidencia, la presión de la entidad sobre ERC fue clave para que Oriol Junqueras aceptara finalmente una candidatura conjunta con la ex Convergencia, pese a que los republicanos aparecían ya en las encuestas como eventuales ganadores de unas elecciones autonómicas.

Expulsado de las cotizadas del Ibex

Hasta este verano, Madí ha seguido ejerciendo ese papel desde una atalaya de lujo, la presidencia del consejo asesor de Enel en Cataluña. A la antigua sede de Fecsa en Portal del Ángel acudían regularmente el ex portavoz del PDCat, Quico Homs, el presidente del Pacto Nacional por el Referéndum, Joan Ignasi Elena, o el actual portavoz del Govern, Jordi Turull. Visitas que acabaron por incomodar a su valedor en la eléctrica, Borja Prado. Madí se ha convertido finalmente en una figura incómoda, mal vista por Moncloa, lo que explica según muchos su salida también del consejo asesor de Telefónica con la llegada José María Álvarez-Pallete.

Madí sigue presente en el Ibex a través de Applus, ocupación que compagina con sus responsabilidades como consultor de Deloitte y la propiedad de Nobul Consulting, consultora estratégica que según las malas lenguas dirigía hasta este verano desde la sede de Enel en Barcelona. Un currículum nada desdeñable para el hombre que en 2003 tuvo que dimitir como jefe de gabinete de Mas en Economía por manipular las encuestas del CEO.

En las últimas semanas se ha atribuido al inventor del eslogan “derecho a decidir” con el que Artur Mas consiguió convencer a muchos catalanes de la apuesta por la independencia maniobras para garantizar que los medios del Grupo Godó se mantengan fieles al discurso independentista. Tras la deserción de El Periódico y con la abierta hostilidad con la que los medios nacionales siguen las maniobras del gobierno Puigdemont, la televisión y radio públicas catalanas no eran suficientes. Él niega su implicación y asegura que ha abandonado la política de primera línea. Pero en los ambientes empresariales siguen señalándolo, junto a Taxto Benet, como el principal valedor del procés.