Más parecida a un cuento de espías que al protocolo que debe seguir un jefe de estado. Así fue la mañana electoral de Carles Puigdemont, según cuenta el diario italiano La Repubblica, que consiguió empotrar a una periodista con el president de la Generalitat.

El largo día empezó a las seis de la madrugada, cuando Puigdemont dejó su casa de Sant Julìa con el objetivo de “escapar al asalto de la Guardia Civil“, escribe La Repubblica. Todos le esperan en el Pabellón Municipal de Sant Julià, ocupado por los voluntarios independentistas y donde agentes del instituto armado irrumpen después de forzar la puerta de entrada cerrada con un candado.

Sin embargo, Puigdemont se dirige hacia un gimnasio de Sant Julià donde le esperaban otros cinco vehículos de la seguridad del President. Son los “anzuelos” de un dispositivo diseñado por la seguridad del President para sortear la vigilancia del Estado.

De ahí el convoy se mueve hacia otro colegio electoral, una escuela “a pocos kilómetros de distancia”. Antes de llegar, debajo de un puente de la autovía A2, se produce el episodio más increíble: Puigdemont habría dejado su móvil y el de su esposa en el coche enviado de vuelta a su casa. “Tengo siempre un helicóptero que me sigue, me localizan a través de mi móvil y el de mi mujer”, ha declarado Puigdemont a La Repubblica. De ahí, segura de haber burlado el control policial, la pareja presidencial habría salido sobre un coche anónimo directa al verdadero objetivo, el colegio electoral de Cornellà de Terri, dove Puidgemont ha finalmente votado.