Cuando Xisco se levante, preparará el café y le dirá a los niños que se den prisa que van a llegar tarde a la escuela. Este ingeniero de 40 años, que vive en un piso amplio del Eixample barcelonés pegando al Paseo de Gracia, no tiene miedo de lo que pueda pasar si Puigdemont declara unilateralmente la independencia de Cataluña, como anoche anunció en la BBC. No le genera preocupación, sino entusiasmo. Es un momento que lleva esperando desde que tiene 15 años y todavía no se cree que pueda estar tan cerca. «Me acuerdo de que cuando entré en la Universidad éramos cuatro los que defendíamos la independencia, y fíjate ahora», asegura en el salón de su casa, donde no hay colgada ninguna bandera a la vista y sí decenas de libros y marcos con fotos de los viajes familiares.

«Ni siquiera se ha dirigido a los dos millones de ciudadanos que el domingo salimos a votar, como si no existiéramos»

Anoche vio al rey Felipe VI por la televisión acusando al Gobierno de la Generalitat de «deslealtad inadmisible»y de haber «quebrantado los principios democráticos» mientras sus hijos estaban cenando un filete en la cocina. Tenía curiosidad con lo que fuera a decir el Jefe del Estado del que se quiere separar y después de oírle estaba más convencido de que Cataluña está un poco más cerca de lograrlo. «Ni siquiera se ha dirigido a los dos millones de ciudadanos que el domingo salimos a votar, como si no existiéramos». Y apaga la tele del salón como si Felipe VI tampoco.

No teme Xisco que el Gobierno de Rajoy pueda aplicar el artículo 155 de la Constitución e intervenir las instituciones de la Generalitat: «La gente saldría a las calles pacíficamente para impedirlo», explica. «Es el siguiente paso para lograr la mediación internacional», añade, convencido de que la hoja de ruta va según lo previsto. Esta noche no ha salido a manifestarse porque, tras una jornada de movilizaciones independentistas que ha sacado en la capital catalana a 700.000 personas a la calle, los grupos de Whatsapp por donde le llega la información ha recomendado que la gente se retire a sus casas para evitar incidentes.

En el cole al que cuando terminen de desayunar irán sus hijos, todos los niños salieron al patio el lunes 2-O para guardar silencio en repulsa a la violencia de la actuación policial del 1-O. El martes, la escuela estuvo cerrada por la huelga. Y sin embargo, la mañana siguiente del mensaje del rey, está convencido de que será un día completamente normal. «La gente no llevaría a los niños a clase ni iría a trabajar como si nada si no lo creyera», asegura. El domingo no llevó a sus hijos a votar cuando se acercó al colegio, además, a llevarle un chubasquero y ropa seca a su mujer, empapada porque llevaba desde las cinco de la mañana en la puerta del centro esperando bajo la lluvia para «proteger» la llegada de las urnas.

Xisco reconoce que nunca pensó que fuera haber cargas policiales en los centros escolares «con ese nivel de violencia», pero no tiene miedo de volver a salir a la calle. Está convencido de que la calle mantendrá su poder: «Si volvemos a hacer falta, nos avisarán», afirma enseñando su teléfono. «Y allí estaremos».

Pero si se aplica el 155… ¿Cómo va la gente a evitar que la Policía y la Guardia Civil entren en los edificios públicos? «Dos no se pelean si uno no quiere», insiste con la tranquilidad de quien cree tenerlo todo previsto, hasta la otra mejilla. «Y vamos a ser pacíficos. Saldremos a la calle y miles de personas nos sentaremos en el suelo con las manos en alto». ¿Y si eso no frena a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado? «La comunidad internacional no permitiría que eso pasara», opina. No cree Xisco que hacer cumplir la Constitución sea justificación necesaria para que el Estado haga ejercicio del uso de la fuerza, ni cree que vayamos a ver caos en las calles catalanas en los próximos días.

No tiene miedo tampoco de la caída de las bolsas que puede provocar la inestabilidad política, ni que las entidades bancarias catalanas estén sufriendo retiradas de fondos en medio de las tensiones, ni que haya empresas que estén cambiando su sede de Barcelona a Madrid. Todo eso, opina que «será pasajero». ¿Qué le hace estar tan seguro de que todo saldría bien? Su fe en lo milimétricamente organizado que ha demostrado estar el movimiento independentista: «Si se han cumplido todos los pasos que nos han traído hasta aquí, ¿por qué no los siguientes?» Y si algún detalle se le escapa, como de qué manera un Govern insurrecto podría garantizar que se cobran las pensiones y se paga la nómina a los funcionarios catalanes, afirma convencido que el Govern lo tiene todo pensado para el día después, «porque lleva años preparando este momento y ahí jugamos con ventaja porque Madrid nunca pensó que llegaríamos hasta aquí».

No, no tienen miedo. Y a medida que la tensión avanza eso resulta cada vez más aterrador.

¿Y si la aplicación de la ley lleva a la detención de Puigdemont? «Pondrán a otro, pero da igual, porque esto no depende de los políticos que estén, sino de lograr la independencia que millones de personas estamos pidiendo pacíficamente». Lamenta que se haya llegado a este punto, pero ya que estamos en él espera que sirva para que una mediación internacional ayude a negociar una solución.Una Cataluña independiente y acordada por la comunidad internacional es su escenario favorito, aunque reconoce que la declaración unilateral de independencia, en su defecto, no estaría mal.

Está convencido de que hoy va a ser un día normal. Y, como él, miles de personas que anoche ignoraron el mensaje de Su Majestad creyendo que no servirá de nada para frenar su deseo de independencia. No, no tienen miedo. Y a medida que la tensión avanza eso resulta cada vez más aterrador.