Movilización. Esa será la palabra clave de las elecciones catalanas del 21 de diciembre. Sólo sacando de su casa a un porcentaje alto del electorado, hasta ahora indiferente a quién ocupara el palacio de la Generalitat, es posible cercar al independentismo, según los datos que manejan los cuarteles generales de PP y PSOE. Y si en las autonómicas de 2015 se vivió una de las afluencias más numerosas a los colegios electorales, que elevó la participación al 75%, los partidos constitucionalistas han estimado que el 21-D debería alcanzar el 82% de los ciudadanos llamados a votar, es decir, siete puntos por encima.

Esto no significa necesariamente un vuelco en el mapa electoral catalán, advierten las fuentes consultadas, pero sí que el independentismo se sitúe más cerca de los 64 diputados que de los 68 que marcan la frontera de la mayoría absoluta. Ésto desactivaría, al menos por una legislatura, la reivindicación secesionista aún en el caso de que ERC se hiciera con la presidencia autonómica gracias a un pacto con “los comunes” y apoyos externos de otras fuerzas políticas del arco parlamentario catalán.

Deberían votar 4,5 millones de ciudadanos para llegar a ese porcentaje de movilización

El 27 de septiembre de 2015 se movilizó el 74,95% de los electores catalanes. Los independentistas de Junts pel Sí y la Cup lograron sumar 72 diputados (62 de la coalición de convergentes y republicanos y 10 de los antisistema) tras verse favorecidos por el reparto de restos de la ley D`hont, pero no consiguieron la mayoría absoluta de las papeletas.  1.966.508 ciudadanos les votaron frente al 1.976.453 que se inclinaron por Ciudadanos, PSC, Catalunya si que es Pot y PP. En total, acudieron a los colegios electorales 4.130.196 catalanes frente a 1.380.657 que se refugiaron en la abstención, un 25,05% del censo electoral.

No hay grandes modificaciones en la cifra de los catalanes llamados a votar el 21-D. Hay 136.300 nuevos electores por haber cumplido la mayoría de edad, aunque el censo sigue situado en torno a los 5,5 millones de 2015. El número de catalanes convocados en las últimas elecciones generales fue de 5.519.882. Quiere decir que, como poco, 4,5 millones de ciudadanos deberían ejercer su derecho al voto para alcanzar la cifra récord del 82% de participación. De ahí, los continuos llamamientos del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a los electores para que se impliquen en unos comicios que él mismo convocó una vez asumió el mando de la Generalitat.

“Participción masiva”

En cierta medida, el constitucionalismo en general y Rajoy en particular se la juegan en una consulta con la que se quiere poner fin a la deriva independentista ilegal de la última legislatura autonómica. Rajoy ha llamado a la “participación masiva” y ha dicho confiar en que la sociedad catalana rompa la dinámica por la que “votan mucho más en elecciones generales que en autonómicas”.

De su resultado dependerá que se considere un éxito o un fracaso la decisión de adelantar, contra todo pronóstico, la celebración de las elecciones hasta el punto de celebrarse entre semana y no un domingo. No deja de ser un día complicado al coincidir con el arranque de las vacaciones escolares de Navidad y los muchos desplazamientos de esas fechas por cuestiones familiares.

Entre un 7% y un 8% del independentismo puede quedarse en casa el 21-D

Aún así, Ciudadanos, PSC y PP creen que, en términos históricos, nunca ha estado tan movilizado el electorado constitucional como hasta ahora ante unas autonómicas y, sensu contrario, creen que la segura frustración de un sector del independentismo le puede llevar a desentenderse ante las promesas reiteradamente incumplidas de la república nonata. De hecho, se calcula que entre un 7 y un 8 por ciento de este electorado podría sumarse a la abstención.

La movilización en 2012 fue del 67,76% y en 2010 del 58,78%. Es de prever que la tendencia se confirme y este 21-D acudan aún más catalanes a las urnas que el 27-S de 2015.