Eran las 18 horas del viernes 22 de diciembre cuando comenzaron a llegar a la sede central del PP de Cataluña (calle Urgell, 249) los casi 40 miembros que conforman su Comité Ejecutivo. No habían pasado ni 24 horas del desastre del 21-D, que dejó al PP con tres escaños (el domingo se recuperó un cuarto en Tarragona a costa de Ciudadanos), cuando el líder de la organización convocó esa misma mañana con urgencia la reunión del cónclave popular para analizar los resultados.

A la cita no acudieron algunas de las personas más relevantes del partido:  ni Dolors Montserrat (ministra de Sanidad y candidata de Dolores de Cospedal para dirigir el PPC); tampoco acudió Andrea Levy (vicesecretaria de Estudios y Programas del PP y apuesta de renovación como diputada al Parlament); ni siquiera Alicia Sánchez Camacho (secretaria primera del Congreso de los Diputados y presidenta del PPC hasta marzo de 2017).

Las caras reflejaban la decepción por una derrota que ha convertido al partido en irrelevante en Cataluña y que, a la postre, ha contribuido a que los constitucionalistas no lograran evitar la mayoría absoluta del independentismo.

El cabeza de lista, Xavier García Albiol, tomó la palabra. “Para mí -afirmó- hubiera sido más fácil dimitir que continuar en mi puesto, pero quiero demasiado a este partido como para abandonar ahora en estas difíciles circunstancias. A nuestro partido lo que menos le interesa ahora es abrir una crisis interna”.

El presidente del PP atribuyó la humillante derrota a la “falta de lealtad de Ciudadanos”. Y añadió a la lista de culpables a los medios de comunicación : desde el diario Abc -al que se ha demandado ante la Junta Electoral por publicar una entrevista con Inés Arrimadas el día de reflexión-, hasta Antena 3, pasando por un gran número de digitales. Los mensajeros, como ocurre con tanta frecuencia, fueron triturados por, supuestamente, formar parte de una “operación política que consiste en hundir al PP para aupar a Ciudadanos”.

Inmediatamente después salió en su apoyo el ex ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, hombre de profundas convicciones religiosas para recomendar: “Como dijo San Ignacio de Loyola, en tiempos de desolación nunca hacer mudanza”.

A la reunión del Comité Ejecutivo del PPC celebrado el pasado viernes no acudieron ni Dolors Montserrat, ni Andrea Levy, ni Alicia Sánchez Camacho

Algunos de los asistentes no daban crédito ante la falta total de autocrítica de los máximos responsables de la organización. El delegado del gobierno en Cataluña guardaba silencio. El hombre designado por Soraya Sáenz de Santamaría para monitorizar la ya olvidada Operación Cataluña, es visto con recelo por muchos de sus compañeros. En el penúltimo Comité Ejecutivo, celebrado unos días antes del referéndum del 1-O, Enric Millo tranquilizó a los dirigentes de su partido: “Todo está bajo control. Sabemos dónde tienen escondidas las urnas, todo el material y no se abrirán los colegios. El referéndum será un fracaso”, dijo. Ya sabemos lo que ocurrió después.

Millo ha sido el fiel reflejo de los bandazos que ha dado el gobierno en los últimos meses en Cataluña. Llegó a pedir disculpas públicamente por las cargas policiales durante la jornada del referéndum, lo que provocó la reacción del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, obligado a defender a sus hombres que habían sido llevados a una auténtica encerrona.

Millo no abrió la boca durante todo el Comité Ejecutivo. Es de entender. Sabía que en el máximo órgano de dirección del PP muchos le culpan, en parte, de la debacle del 21-D.

El desastre del 21-D se atribuyó a la deslealtad de Ciudadanos y a la posición adoptada por algunos medios como el diario Abc o Antena 3 TV

En un ambiente muy caldeado, Joan Arza, secretario de Estudios Políticos, se levantó para pedir la dimisión en bloque de toda la dirección del PPC y para solicitar la convocatoria de un Congreso Extraordinario de renovación. “No podemos hacer como si nada hubiera pasado. Estamos al borde de la desaparición”, advirtió.

A las críticas de Arza se sumaron otros dirigentes, como, por ejemplo, José Antonio Coto (diputado al Parlament y presidente de Nuevas Generaciones).

Algunos de los que tomaron la palabra cuestionaron al gobierno por haber aplicado el 155 con miedo, eludiendo afectar, por ejemplo, a los medios públicos de comunicación. También se criticaron los resultados de la Operación Cataluña. Durante meses -se dijo- se mantuvo la tesis de que Oriol Junqueras era la cara amable del procés, una persona dialogante con la que la vicepresidenta del gobierno mantenía una fluida relación.

Joan Arza propuso la dimisión en bloque de toda la dirección y quiere la convocatoria de un Congreso Extraordinario de renovación

La reunión del Comité Ejecutivo concluyó sin que se adoptara ningún acuerdo. Sin embargo, la batalla por el control del partido en Cataluña no ha hecho más que comenzar. Arza va a proponer en enero formalmente la celebración de un Congreso Extraordinario y para ello cuenta con sólidos apoyos. “Estamos cansados de decir `sí, bwana´a todo lo que viene de Génova o del gobierno. Hemos advertido de lo que podía pasar en estas elecciones y no se nos ha hecho ni caso. García Albiol no tiene la culpa de todo. La cuestión es que el PP en Cataluña ha perdido por completo su conexión con la sociedad. O cambiamos, o desaparecemos”, argumenta Arza.

El PP ha hecho hasta ahora un análisis superficial y a veces paranoico de lo que le ha sucedido en Cataluña. “Culpar a Ciudadanos o a los medios de comunicación no es más que una forma de eludir la propia responsabilidad”, coinciden en señalar algunos militantes del partido consultados por El Independiente.

¿Por qué ha sido Ciudadanos y no el PP el que ha capitalizado la movilización de la sociedad civil en contra del independentismo y que masivamente se manifestó en Barcelona el pasado 8 de octubre? ¿Por qué el PP ha ido perdiendo apoyos no sólo en el Parlament, sino en las ciudades y pueblos de toda Cataluña? Esas son las preguntas a las que la actual dirección no ha dado respuesta.