La historia del PP en Cataluña es la de una anomalía en términos electorales, políticos y sociales. El partido que se ha alternado con el PSOE al frente del Ejecutivo de la Nación y que ha disfrutado de un enorme poder territorial en toda España, ahora mermado, es en Cataluña casi una rareza. Estigmatizado no pocas veces, señalado por una sociedad que abominaba de sus siglas a pesar de haber sido no pocas veces el soporte parlamentario de la antigua Convergencia, no ha pasado nunca de los 19 escaños en la Cámara autonómica y el resultado de este 21-D es el peor de toda su historia, hasta el punto de perder Grupo Parlamentario.

Los populares no concurrieron a las primeras elecciones autonómicas catalanas, en 1980. Eran tiempos en que todavía existía UCD, que se presentó a esos comicios bajo la nomenclatura Centristas de Cataluña-UCD. No fue hasta cuatro años más tarde, en 1984, con las siglas de AP-PDP-UL, que entró en la Cámara regional con once escaños, justos los mismos que tenía ahora, y la candidatura del empresario Eduard Bueno.

El peor resultado hasta este 21-D lo cosechó Jorge Fernández Díaz en 1988

Unos resultados nada desdeñables si se tiene en cuenta que en la tercera legislatura catalana, que arrancó tras los comicios de 1988, se quedó en unos exigüos 6 diputados, la peor marca de un palmarés que no es para echar cohetes. El hoy histórico dirigente del PP catalán y ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, fue entonces el candidato a la presidencia de la Generalitat. La razón de dicho descalabro hay que buscarla en la concurrencia en aquellas elecciones de las siglas del hoy desaparecido CDS, que presentó de cabeza de lista a Antoni Fernández Teixidó. Éste se pasaría más tarde a las filas de Convergencia, partido que abandonó recientemente para fundar Lluires, con el que pretende dar cobijo al catalanismo moderado.

Las exigencias del Majestic

En 1992, el que fue sustituto de Fernández Díaz en la candidatura, Alejo Vidal Quadras, consiguió un escaño más pero rebajó al PP al quinto puesto dentro de las preferencias de los catalanes, superado en votos hasta por Iniciativa por Cataluña. No obstante, tres años más tarde, en las autonómicas de 1995, se desquitó al conseguir la segunda mejor cosecha electoral, al menos en votos, de los populares: más de 420.000 papeletas y 17 diputados, toda una proeza.

Paradójicamente, ese fue el principio del fin de Vidal Quadras. Si bien se subió a lomos de un partido que en 1995 ya olía a triunfo en toda España tras trece años de gobiernos socialistas, fue el triunfo de José María Aznar un año más tarde, en las generales de 1996, el que le sentenció. El Pacto del Majestic, por el que CiU aseguraba su apoyo al PP en el Congreso de los Diputados, incluía una “cláusula de rescisión”: la cabeza del dirigente catalán. Y Aznar se la dio al nacionalismo. Hoy Vidal Quadras pide el voto para Arrimadas.

Vidal Quadras catapultó al PP en 1995 a los 17 diputados, pero un año después Aznar le cortó la cabeza a petición de Pujol

Alberto Fernández Díaz, cuarto aspirante popular a la presidencia de la Generalitat en un partido que no acababa de encontrar un liderazgo sólido, mantuvo el tercer puesto para el PP en las autonómicas de 1999, pero con una pérdida de más de 120.000 votos con respecto a su antecesor. Sentó entonces 12 diputados en el Parlament, cinco menos que Vidal Quadras. Entonces se acusaba a los populares de haber perdido perfil propio y beligerancia por mor del pacto de Madrid, lo que fue castigado electoralmente.

Piqué intentó diseñar un nuevo PP

Pero en 2003 este discurso quedó, en buena parte, desmentido por los datos y la imagen de un nuevo candidato llamado a diseñar el PP catalán del futuro. El ex ministro Josep Piqué asumió el encargo de encabezar la lista y coger las riendas del partido con el propósito de abrir la puerta a un catalanismo moderado que sacara al PP de la lista de los proscritos en Cataluña. Recuperó casi 100.000 votos y tres escaños en las elecciones que abrieron las puertas al tripartito catalán, la primera vez que gobernaba la región un partido que no era CiU.

Tres años más tarde, en 2006, Piqué repitió de cabeza de lista, algo inédito. Pero no consiguió mejorar sus resultados pues perdió setenta mil votos y un diputado. Por aquel entonces, un pequeño partido liderado por un jovencísimo Albert Rivera se “colaba” en el Parlament con tres escaños. Su discurso antinacionalista era mucho más duro que el de los populares. Ahí comenzó, tímidamente, la historia de un partido que el PP siente le ha robado sus principales banderas.

Tras la sentencia del TC sobre el Estatut, el PP consiguió 18 diputados y Mas les convirtió en socios parlamentarios

Los comicios autonómicos de noviembre de 2010 sirven para arrumbar algunos mantras instalados en el imaginario independentista. Se desarrollaron cinco meses después de conocerse la sentencia del TC que declaró inconstitucionales 14 artículos de los 223 que conforman el Estatut. No debió considerarse un ataque tan escandaloso al pueblo catalán como los secesionistas repiten una y otra vez pues el PP, con Alicia Sánchez-Camacho a la cabeza, recuperó 70.000 votos, lo que se tradujo en 18 diputados. Y, lo que es más significativo, se convirtió en sostén parlamentario de Artur Mas, al que le apoyó en la votación de los Presupuestos catalanes de 2011. Parece ser que entonces, el ex “molt honorable” no estaba tan escandalizado como ahora por el “golpe” al pueblo catalán propinado por el TC tras el recurso que presentó el PP.

La irrupción de Ciudadanos frenó su crecimiento

Pero fue dos años más tarde, con un Artur Mas ya echado al monte, sobrepasado por la crisis económica y ensayando los primeros cierres de quirófanos de su política de recortes, cuando los populares vivieron su mejor momento. En 2012 Sánchez-Camacho se acercó a los 500.000 votantes lo que le supusieron 19 diputados, hoy por hoy, el mayor Grupo parlamentario que han tenido en la Cámara autonómica.

En 2015  irrumpió con la fuerza de 25 escaños Ciudadanos y el PP volvió a acusar el golpe. El actual candidato, Xavier García Albiol, bajó a los 11 escaños, el tercer peor resultado de los populares catalanes. Y este 21-D los populares han terminado de hundirse hasta la insignificancia de tres diputados.