Mariano Rajoy ha apostado sobre seguro. Por eso ha elegido a José Luis Ayllón como director de su Gabinete en sustitución de Jorge Moragas, nuevo embajador de España ante las Naciones Unidas. Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y hombre la máxima confianza de Soraya Sáenz de Santamaría, da el salto a presidencia del Gobierno, desde donde se ocupará de dos cuestiones «sensibles» para Rajoy: la política catalana y las relaciones con Génova habida cuenta de que entra un periodo preelectoral con el horizonte de las elecciones andaluzas y de las locales, autonómicas y europeas de mayo del año que viene, importantísimas para el PP.

El nombre de Ayllón ha entrado siempre en todas las quinielas, bien como ministrable o para ocupar cargos de relevancia en el partido. Su hándicap fue siempre que ocupaba un puesto en el que se había hecho prácticamente indispensable. Esta es una legislatura muy necesitada de pactos parlamentarios, de diálogo y de mano izquierda, y Ayllón cumple todos esos requisitos. Lo más cercano que estuvo de saltar a la primera línea política fue durante la composición del actual Ejecutivo.

Ayllón estuvo a punto de ser portavoz del Gobierno

Estuvo a punto de alzarse con la portavocía del Gobierno manteniendo la secretaría de Estado de Relaciones con las Cortes. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, apoyó este nombramiento, pero alguna resistencia interna lo terminó abortando y esa responsabilidad acabó en manos del titular de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo.

Santamaría coloca a uno de los suyos muy cerca de Rajoy

Había otra dificultad sumada a su nombre. No es propio de Rajoy «desvestir a un santo para vestir a otro» porque si hay algo que odia el prsidente del Gobierno es hacer nombramientos. La confianza y fiabilidad de Ayllón han ganado la partida a las dificultades asociadas que lleva su marcha, a la que sumar que no es un experto en cuestiones internacionales como su antecesor. Ahora Sáenz de Santamaría tiene que pensar en alguien de su entorno para que se haga con una secretaría difícil, sólo apta para templados, pero es cierto que ha colocado a uno de los suyos muy, muy cerca, del jefe del Ejecutivo, en un puesto que necesita de mucha confianza no sólo en lo político sino también en lo personal.