Fue uno de los tres encapuchados blancos que, puño en alto, el 20 de octubre de 2011 declaró el cese de la actividad criminal de ETA. Lo hizo después de casi medio siglo de crímenes y un ‘legado’ de 850 víctimas y miles de heridos. David Pla, uno de los últimos ‘jefes polítcos’ de ETA, fue detenido casi cuatro años después en la localidad vascofrancesa de Baigorri junto a otra de las portavoces del cese, Iratxe Sorzabal. Plan, encarcelado en la prisión de Osny, cerca de París, ha hablado desde la cárcel y lo ha hecho para, entre otras consideraciones, asegurar que en ETA “no lamentamos lo que hemos hecho en el pasado”.

Las declaraciones de Pla llegan en la misma semana en la que el Gobierno de Emmanuel Macron detalla a las asociaciones de víctimas sus planes para acercar presos de la banda terrorista a centros penitenciarios cercanos a el País Vasco. Quien fuera dirigente de la banda ha hablado con el diario francés, ‘Le Croix’ desde prisión. Pla también ha ejercido como portavoz del colectivo EPPK de presos de ETA y que desde hace meses reclama no sólo al Gobierno francés sino también al Ejecutivo de Mariano Rajoy el final de la policía de dispersión de los alrededor de 300 etarras encarceladas en España y Francia.

El ex dirigente de ETA afirma que en 2011, cuando cesó su actividad, la banda aún tenía una «capacidad de golpear considerable»

Pla asegura al rotativo galo que la decisión de abandonar la actividad armada en ETA no estuvo motivada por la “pretendida debilidad” esgrimida desde las instituciones del Estado sino por una decisión propia de la banda. Más aún, señala que ETA aún disponía de “una capacidad de golpear considerable” cuando en 2011 abandonó las armas. Quien fuera en otro tiempo portavoz de Jarrai y llegara a alcanzar la cúpula de ETA y a  participar en el proceso de negociación llevado a cabo en Noruega con el Gobierno de España, añade que el cese de la actividad criminal acordado fue “fruto de un análisis político profundo” y sin que mediaran «consideraciones morales» pese a reconocer que en la actividad de ETA «y en lo que yo pude hacer hubo también consecuencias humanas».

La ‘espiral’ del Estado

En conversación telefónica desde la cárcel, Pla apunta que el abandono de las armas por parte de ETA estuvo motivado por la disposición de la banda “a emprender un diálogo político” y por superar “los bloqueos”. Añade que ETA había decidido “iniciar algo en vista de la construcción de la paz en el País Vasco y salir de la espiral impuesta por el Estado español que nos reducía a un grupo violento”.

Cuestiona que pese a que desde el colectivo de presos en los últimos años se han dado pasos “a favor del diálogo” desde el Estado no se le ha dado respuesta y se continúa inmerso “en su lógica”. Llega a afirmar que en prisión mantiene conversaciones con otros miembros de ETA con los que debate sobre “la crisis mundial a todos los niveles” y que todos coinciden en soñar “con un mundo mejor”. Respecto a su actual situación, Pla concibe su encarcelamiento como “parte de la lucha” que emprendió pese a que le gustaría estar “al lado de mi mujer y mis dos hijos, verlos crecer”.