Los CDR (Comités de Defensa de la Republica) se han hecho este martes con el control de la movilización independentista convocada inicialmente para jalear la investidura de Carles Puigdemont, que se ha convertido tras la suspensión de investidura en una manifestación de repulsa al aplazamiento ordenado por el presidente del Parlament, el republicano Roger Torrent. Los CDR han comandado el asalto al Parque de la Ciudadela, que cobija el Parlament, y han intentado superar las vallas que protegen el edificio, mientras ANC y Omnium llamaban a abandonar la protesta.

Las dos grandes entidades soberanistas eran las convocantes de la manifestacion en el Paseo Lluís Companys, que se ha disuelto tras sus llamamientos a la calma, pero se han visto desbordadas por el asalto al Parlament capitaneado por los CDR. ANC ha pedido evitar «enfrentamientos estériles» que «ya sabemos a quien benefician» y Òmnium defendía en Twitter ser «gente de paz». Una apelación que sólo ha servido para desatar la indignación de los independentistas más radicales que anunciaban su intención de abandonarlas en favor de los CDR. «Qué vergüenza la ANC» o «hace meses que no estáis a la altura» han sido las respuestas más repetidas durante la tarde.

El cambio de paradigma se anunció el pasado miércoles, cuando el líder de la ANC, Agustí Alcoberro, pedía a la gente que no se concentrara ante su sede en respuesta a los registros ordenados por el juez Pablo Llarena, instructor de la causa del Tribunal Supremo por rebelión contra el anterior gobierno catalán y los líderes independentistas. Justo lo contrario de lo que hicieron Jordi Sánchez (ANC) y Jordi Cuixart (Omnium) ante el registro de la Conselleria de Economía el pasado 20 de septiembre.

Defender la república

Una postura que las bases más radicalizadas del independentismo no entendó. Son los mismos que el pasado octubre se declaraban dispuestos a «defender la república» y que todavía no han perdonado a sus líderes que no les dirigieran en ese sentido el pasado 27 de octubre, cuando después de proclamar la independencia en el Parlament el Govern de Carles Puigdemont se fue a casa y ni siquiera se arrió la bandera española del Palau de la Generalitat, ante la mirada atónita de centenares de independentistas concentrados en la Plaza Sant Jaume.

Con esos precedentes, los CDR han optado hoy por desoír los mandatos de las entidades auspiciadas por la antigua Convergencia y Esquerra y hacer una demostración de fuerza ante unos Mossos d’Esquadra totalmente desbordados. Para la ANC y Òmnium, el objetivo político de preservar el prestigio de los Mossos como policía catalana pasa por delante de la demostración de fuerza «del pueblo». Pero ese argumento no vale para los CDR, que siguen convocando a los manifestantes al grito de «ni un paso atrás» y con el hashtag #elPoderDelPoble en las redes.

A última hora de la tarde, después de que las grandes entidades soberanistas desconvocasen, los CDR seguían llamando a la movilización e incluso a la acampada frente al Parlament durante toda la noche.

Cuatro meses de vida

En el mes de septiembre, el rol de Òmnium y ANC como canalizadores del movimiento social independentista era indiscutible. No había más opciones. Cuatro meses más tarde, los dos grandes transatlánticos del soberanismo palidecen frente a los Comités de Defensa de la República (CDR), organizados por toda Cataluña a modo asambleario, con un programa de acción mucho más directo y que este martes ya han encabezado las movilizaciones frente al Parlament y el posterior asalto al parque de la Ciudadela.

Los CDR, en su corta historia, ya han pasado por un cambio de nombre. Nacieron en los días previos a la consulta independentista del 1-O y se bautizaron entonces como Comités de Defensa del Referéndum. Eran grupúsculos, nada jerárquicos, distribuidos por barrios con el objetivo de ocupar los colegios electorales antes de que quedaran precintados por los Mossos d’Esquadra. Aquellos CDR también capitalizaron la propia jornada del 1-O, en la que movilizaban a los votantes de un colegio a otro en función de los movimientos policiales.

Los CDR son también el cerebro tras las acciones más llamativas de los últimos meses, como los cortes de carreteras y trenes en la huelga del 8-N

La vida de estos grupos, que parecía destinada a ser instrumental durante aquella jornada, viró tras el 1 de octubre para «defender» sus resultados. Cambiaron entonces la palabra ‘Referéndum’ por ‘República’ y comenzaron a crecer: son cerca de 300 asambleas actualmente, repartidas por toda Cataluña, con portavoces rotatorios y reuniones generales que se celebran cada pocas semanas.

Son el cerebro también tras las acciones más llamativas de la huelga del 8 de noviembre. Los CDR fueron los instigadores ese día de los cortes en las vías del AVE, así como de los piquetes en las autopistas y en las carreteras de entrada y salida de Cataluña. Son organizaciones sin cabeza visible, sin un Jordi Sànchez o un Jordi Cuixart, pero con un poder de movilización creciente, muy ligado a la CUP y sus juventudes de Arran, que lo confía prácticamente todo a la comunicación inmediata en redes sociales.

Este martes, mientras que la ANC daba por terminada la convocatoria frente al Parlament, los CDR impulsaban el hashtag #NosQuedamos y comenzaban a confrontar a los Mossos hasta lograr romper el bloqueo, entrar en el Parque de la Ciudadela y llegar hasta las puertas de la cámara catalana.

«El poder del pueblo ha roto las cadenas del 155. Aquí y ahora, en el Parque de la Ciudadela, resistiremos a amenazas y dilaciones. ¡Queremos República!», tuiteaba durante la concentración el perfil oficial de los CDR, mientras animaba a la gente a no desmovilizarse y anunciaba nuevas acciones, simultáneas, en otras ciudades.