Si en cinco años al frente de Exteriores lamenta que sólo le dejaron comparecer dos veces en rueda de prensa tras la reunión del Consejo de Ministros, no es precisamente por falta de claridad en sus argumentos. Quizá el empeño de José Manuel García Margallo (Madrid, 1944) por navegar contra corriente y practicar el sano ejercicio de pensar por su cuenta sea lo que le convierte en un personaje incómodo, sobre todo, para los suyos. El desafío independentista catalán es el mejor ejemplo de ello, tema al que ha dedicado muchas horas y desvelos y que plasma en su libro Por una convivencia democrática. Las discrepancias con la línea marcada por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, son evidentes y tiene mucho que decir al respecto.



Vídeo: G. M. Piantadosi

Pregunta. -¿Moncloa ha triunfado y esto «se ha terminado», como admitió Puigdemont a Comín?
Respuesta. -El proceso estaba muerto desde hace mucho tiempo, lo único que se produjo es su confirmación por uno de los interlocutores. Para que un proceso de independencia pase del mundo virtual al real hacen falta dos cosas: que el gobierno controle fronteras, población y territorio y, en segundo lugar, reconocimiento internacional. Y el certificado de defunción de Naciones Unidas se produce en 2015 cuando España presidía el Consejo de Seguridad y hay una resolución aprobada por 293 países en la que exhortaban a todas esas naciones a no alentar, apoyar o reconocer secesiones fruto de una declaración unilateral. A partir de ahí las posibilidades de ser Estado eran ninguna.
P. -Pero ellos siguieron adelante.
R. -Hasta que Puigdemont ha tenido que reconocerlo. Cuando él dice ‘nos han abandonado los nuestros’, se refiere a ERC y PdeCat. Al igual que el proceso estaba muerto, también estaba decidido desde hace tiempo que el señor Puigdemont no iba a ser presidente. Además, el TC ha establecido tres condiciones: que no puede haber investidura que no sea presencial, ni telemática ni por delegación,  y que necesita un permiso del juez para ir a pronunciar su discurso. Cuando se ha visto que el Constitucional ha sentado una doctrina, que se mantendrá incluso aunque no admita a trámite el recurso del Gobierno, seguir adelante no tiene sentido.

Claro que existe la posibilidad de que el TC no acepte el recurso del Gobierno”

P. -¿Existe la posibilidad de que el TC…?
R. -¿… no lo admita a trámite? Sí, claro que existe, de hecho, todavía no lo ha admitido. Pero en el fondo es indiferente, irrelevante. Si dijese que esas tres condiciones son doctrina jurisprudencial, legal, que hay que mantener, carecería de importancia la admisión o no a trámite. Ahora hay que preguntarse qué ocurre si siguen con la teoría de que el único candidato es Puigdemont. Seguiríamos en un limbo jurídico muy parecido al que tuvimos tras las elecciones generales del 20-D. Si no hay investidura fallida los plazos no empiezan a correr. En teoría se podría seguir cuatro años con un Parlamento sin gobierno y con un 155 en vigor.

P. -Hay un antecedente en la Asamblea de Madrid en 2003.
R. -Lo sé, pero lo vimos cuando se produjo lo de Rajoy y no estoy seguro que sea aplicable. Además, la Asamblea de Madrid estaba en circunstancias normales y éstas son excepcionales. La única forma de salir de ese limbo es que Rajoy, como presidente de la Generalitat, disolviese el Parlamento y convocara nuevas elecciones.

Investir a Puigdemont es como si a Tejero le mandas al cuartel tras el 23-F a preparar el siguiente golpe»

P. -¿Usted hubiera ido al TC con un informe en contra del Consejo de Estado?
R. -Una vez que se ha llegado a donde se ha llegado no había más remedio que seguir. Era una auténtica burla que un señor que ha dado un golpe de Estado continuado y que es prófugo de la justicia, hubiese podido ser candidato, con un debate televisado a todo el mundo. Es como si al señor Tejero, después del 23-F, le mandas al cuartel a que vaya a preparar el siguiente golpe a ver si tiene más suerte. Esta es una historia que viene de muy lejos, desde que el PP decidió no formular un Estatut alternativo en enmienda a la totalidad que nos hubiera permitido estar presentes en la negociación; después, no haber circunscrito o reducido el recurso contra el Estatut ante el TC; más tarde no aplicar el 155 ante el referéndum del 9-N de 2014, que hubiese sido muy sencillo, y abrir vías de negociación. Pero una vez que estamos aquí, sin duda hubiese sido partidario de seguir con el recurso.
P. -Pero deja al constitucionalismo sin el argumento de que no se puedan adoptar decisiones contra la decisión de los letrados del Parlament.
R. -Eso es verdad. Que esto ha tenido un coste para el Consejo de Estado es evidente. Y si no se admite a trámite, el Consejo de Estado o el Gobierno, de alguna manera han sido desautorizados, pero esto forma parte de la normalidad democrática. Luego es verdad que se sigue tensionando al Constitucional.

Y si no se admite a trámite, el Consejo de Estado o el Gobierno, de alguna manera han sido desautorizados»

P. -¿Cree que Junqueras debe seguir en prisión?
R. -Lo que creo es que debe hacerse lo que digan los jueces, pero mi opinión es que a mí me gustaría cualquier medida que sirva para reconciliar, para acabar con la división entre los catalanes y con la inestabilidad, que se restablezca un gobierno, independentista como va a ser, pero que respete la Constitución y las leyes. Cualquier medida que sirva para eso me parece buena.
P. -¿Cree que la salida de Junqueras contribuiría a la normalidad?
R. -Si pudiese, yo creo que sí. Aquí hay una tesis en algunos sectores de que es muy bueno de que haya una fragmentación en el campo soberanista y yo no estoy tan seguro. No tener interlocutor me parece muy complicado. La Transición fue posible, entre otras cosas, porque UCD encontró en el PSOE un interlocutor solvente. Me gustaría que el campo soberanista entrase en razón, abandonase el ensueño de la DUI y vuelva al realismo.
P. -¿Junqueras es ese interlocutor?
R. -Tengo mucho mejor opinión de Junqueras que de Puigdemont. Puigdemont cree tener la legitimidad histórica y que el único problema de Cataluña es si es o no candidato. Artur Mas fue una anécdota y Puigdemont será una anécdota. Pero hay dos millones de independentistas y el verdadero problema es que hemos utilizado dos bombas nucleares, la DUIy el 155. Se han vuelto a repetir las elecciones y el resultado es prácticamente el mismo.

Hemos utilizado dos bombas nucleares, la declaración unilateral y el 155″

P. -Y a partir de ahora ¿qué?
R. -Va a haber un candidato distinto de Puigdemont, seguramente, libre de hipotecas judiciales. Ese Gobierno independentista no va a pisar las rayas que le puedan llevar a la cárcel porque ya han visto que el Estado de Derecho funciona. Pero si no se calman los ánimos, se centrarán en ampliar su base social hasta que el porcentaje independentista sea abrumador y, en segundo lugar, intentarán debilitar las estructuras del Estado y la idea de España. Por eso debemos tener una estrategia alternativa.
P. -¿Y cuál es?
R. -Primero hay que fortalecer la idea de España. Por primera vez se ha producido una efervescencia del patriotismo español que debemos aprovechar. Hay que hacer una ley oficial de lenguas para prestigiar todas las lenguas autonómicas y garantizar los derechos de los padres de que sus hijos sean educados en su lengua materna -porque ese es un problema de libertad de elección- y limar todos aquellos contenidos que han ido alimentando la desafección y el odio a España.

Por primera vez se ha producido una efervescencia del patriotismo español que debemos aprovechar»

P. -¿Y además?
R. -Un Estado que funcione. Hay que abordar la regeneración para evitar el descrédito de las instituciones, que ha estado en la base del avance de los populismos y del independentismo. También resolver los grandes problemas que tiene España: un sistema tributario anticuado, las pensiones, la financiación autonómica… En tercer lugar está el tema de la cohesión social, atender a la gente que se ha visto perjudicada en la crisis . Y, por último, hablar de los motivos de desafección. En ningún caso son privilegios para quien ha dado un golpe de Estado.

P. -¿Comparte las críticas de su partido en el sentido de que Ciudadanos debería haber movido ficha?
R. -Creo que los mismos argumentos que usamos para decir que Rajoy no debería presentarse a la investidura, que no había ninguna probabilidad, sirven ahora.
P. -Pero al menos se reunió con Sánchez y Rivera.
R.– Rajoy tanteó entonces la posibilidad de que el PSOE se abstuviera, pero es que los independentistas tienen 70 escaños. Incluso aunque los comunes, que ya han dicho que no, votaran a Arrimadas, es que no sale. Un partido que ha sacado 36 escaños en estas condiciones hay que dejarle que pilote la operación, igual que el PP ha pedido que los constitucionalistas le dejaran pilotar la operación del 155. Es verdad que pescamos en las mismas aguas, pero vamos a intentar ganarles porque somos mejores que ellos, no sobre la base de denigrar lo que están haciendo.

Intentemos ganar a Ciudadanos porque somos mejores que ellos, no sobre la base de denigrar lo que hacen»

P. ¿Habla mucho con Rajoy de estos temas?, ¿está bien aconsejado?
R.-Sí, hablo con Rajoy y él escucha y luego hace lo que le parece conveniente y oportuno. Yo he tenido una estrategia distinta respecto a Cataluña desde 2005 en que propuse un Estatuto alternativo, que el 9-N debiéramos haber aplicado el 155 y haber abierto un diálogo político sobre los motivos de desafección.

P. -¿A quién escucha? ¿Quién le aconseja?

R. -Es obvio que el monopolio del diseño y ejecución de la estrategia sobre Cataluña desde 2005 lo tiene Soraya Sáenz de Santamaría.
P. -¿Y qué balance hace?
R. -Llorar sobre la leche derramada no tiene sentido. Hay que aprender de los errores, rectificar y buscar un camino que nos lleve a todos a una convivencia, concordia y unidad de España, y esa se mantiene si es aceptada cordialmente.
P. -¿Ha habido injerencias rusas en el procés?
R. -Tuvimos una reunión con una experta de Elcano que dijo que sí, pero ni ella ni el Gobierno han podido dar una prueba fehaciente. Bien es verdad que es muy complicado. Puedes llegar al servidor más próximo pero a partir de ahí se pierden las pistas. Y para decirlo todo, tuve una reunión con el embajador ruso en su casa en la que me dijo que eso no se había producido. Que hay servidores en territorio ruso es evidente, pero nosotros con Rusia hemos tenido siempre una relación muy amistosa.

Ya en 2011 defendí que hubiese sido muy necesaria una vicepresidencia económica»

P. -¿Y tiene contactos con Venezuela?
R. -Con la oposición sí. Las cosas no están yendo bien. Igual que en el tema catalán tenemos que hacer todos examen de conciencia y propósito de enmienda, la oposición se ha dividido. Se va a presentar muy fragmentada a la presidenciales y es una tristeza. Si Maduro se legitima, los argumentos contra él disminuyen y lleva al país por un camino disparatado.
P.-¿Quién va a sustituir a Guindos si se va al Banco Central Europeo?

R. -No lo sé, lo sabrá el presidente.

P. -¿Sería necesaria hacer una remodelación amplia del Ejecutivo?
R. -En 2011 defendí que hubiese sido muy necesaria una vicepresidencia económica para presidir la comisión delegada de asuntos económicos y dar algo de coherencia y coordinación a la política económica, pero al parecer eso no fue demasiado apoyado por otros miembros del Ejecutivo que tenían más influencia que yo.