Sin candidato a la vista, con un presidente en prisión y una secretaria general desaparecida, Esquerra Republicana afronta el riesgo de una repetición electoral como el peor de los escenarios para los próximos meses, y los líderes de JxCat están aprovechando esa circunstancia para presionar a los republicanos en las negociaciones sobre la investidura. Convenido por el Gobierno y la principal fuerza en el Parlament, C’s, que el reloj de los plazos parlamentarios empezó a correr con la convocatoria de investidura oficializada por Roger Torrent, el calendario fija el 30 de marzo como la fecha de la disolución de la cámara si los independentistas no consiguen pactar un presidente y un gobierno para Cataluña.

Con ese calendario sobre la mesa, las nuevas elecciones deberían celebrarse en torno al 20 de mayo. Para esa fecha, Oriol Junqueras esté muy probablemente inhabilitado, si se cumplen las previsiones del Tribunal Supremo avanzadas por El Independiente. El magistrado Pablo Llarena, que instruye la causa por rebelión contra los líderes independentistas, prevé iniciar el procesamiento de Junqueras y el resto de imputados esta primavera e inhabilitar a los que se encuentran en prisión preventiva, basándose en la doctrina del Tribunal Constitucional. Junqueras, por tanto, queda descartado como cabeza de lista, ni siquiera en el papel simbólico adoptado en las elecciones del 21-D, que ya vivió desde la prisión de Estremera.

Rovira, desaparecida

Tampoco parece que su número dos, Marta Rovira, esté en disposición de asumir ese papel. La secretaria general de ERC prácticamente no ha aparecido en público tras las elecciones de diciembre. Entonces ERC confiaba en convertirse en primera fuerza en Cataluña y quedó en tercer lugar, por detrás de C’s y, lo que es peor, superada por la improvisada candidatura de Carles Puigdemont. La errática campaña protagonizada por Rovira, con polémicas sobre las supuestas amenazas de violencia en las calles que nadie confirmó, pasaron factura a los republicanos, que no supieron suplir a ausencia de Junqueras ni explotar su encarcelamiento mientras Puigdemont sumaba votos con su discurso del “exilio”.

Tras el fracaso, Rovira ha permanecido absolutamente al margen de los focos. Ha participado en las negociaciones con JxCat, viajando a Bruselas para entrevistarse con Puigdemont, y representó a su partido en la ronda de contactos de Roger Torrent previa a la investidura. Y nada más, hasta las entrevistas ofrecidas a la Agencia Catalana de Noticias para fijar los límites aceptables por Esquerra en la futura investidura y presionar a JxCat ha que explique cómo piensan hacerla efectiva.

Rovira, además, ha sido incluida también por el Supremo como investigada dentro de la causa de rebelión que instruye el juez Llarena, por lo que podría verse inhabilitada en un plazo no demasiado largo de tiempo, aunque no esta primavera, como Junqueras. Otro de los nombres que adquirió relevancia durante la campaña, el ex conseller de Justicia Carles Mundó, abandonó las responsabilidades políticas tras las elecciones renunciando a su acta para volver a la actividad privada. Imputado también por el Supremo, Mundó evitó así su candidatura a la presidencia del Parlament, por lo que difícilmente se avenga a liderar una candidatura electoral.

Torrent, candidato con dificultades

El único dirigente que hoy por hoy podría liderar a Esquerra en unos comicios es el recién escogido presidente del Parlament, Roger Torrent. Es, junto a Alba Vergés, uno de los diputados con mayor proyección en el Parlament, y ha adquirido una notable popularidad en las tres semanas que lleva en el cargo, merced precisamente a la batalla por la investidura. Pero esa batalla podría dejarlo muy “tocado” a ojos del electorado más nacionalista si finalmente acaba apareciendo como el responsable de la no investidura de Puigdemont.

A eso jugó JxCat en las horas posteriores al aplazamiento en el último minuto anunciado por Torrent el pasado martes. Y es probablemente por ello que Rovira se ha visto obligada a salir de sus ostracismo para salir el defensa de Torrent y poner límites a las exigencias de la candidatura de Puigdemont, un papel que hasta ahora sólo se había atrevido a hacer Joan Tardà. Pero el modo en que algunos dirigentes de Esquerra fueron abucheados a la salida del Parlament por los manifestantes independentistas no ofrece demasiadas garantías a los republicanos.