Sin salida de momento. La Justicia británica mantiene por ahora la orden de arresto que pesa sobre el fundador de WikiLeaks. Julian Assange sería detenido por la policía si abandonara la embajada ecuatoriana, donde lleva recluido cinco años, siete meses y 18 días. La juez Emma Arbuthnot va a estudiar más argumentos de la defensa sobre el interés público del caso y la salud del demandante. Volverá a decidir sobre la causa el martes 13.

Mark Summers, del equipo legal que asesora a Assange, solicitó a la Corte de Magistrados de Westminster que suspendiera el mandato de arresto contra el fundador de WikiLeaks, dado que Suecia cerró en mayo el caso por violación y renunció a la orden de captura internacional. Según interpretaba este letrado, la orden británica había perdido «su propósito y su función». Pero la juez Emma Arbuthnot no lo considera así. «No estoy convencida de retirar la orden de arresto» en relación con este argumento, concluyó.

La defensa de Assange, de 46 años, mantiene que el activista ha pasado más de cinco años y medio «en condiciones similares a un encarcelamiento, sin acceso a cuidado médico ni luz del sol, en unas circunstancias que han llevado al deterioro de su salud física y mental». También han aludido al dictamen favorable a Assange, que emitió hace dos años el comité de expertos de la ONU.

«Como encarcelado más de cinco años, sin luz del sol, sufre deterioro de su salud mental y física», dicen sus abogados

El temor de Assange y su equipo no es la pena a la que podría hacer frente en el Reino Unido, unos meses de cárcel, sino que sea extraditado a EEUU, donde podría ser juzgado por espionaje y filtración de secretos de Estado.

Sin embargo, la Fiscalía, encabezada por Aaron Watkins, ha señalado que estas tesis son un intento de «retorcer la ley» y que se busca «recompensar con la inmunidad a quien no ha cumplido con la ley».

La Corte de Westminster emitió la orden de arresto contra Assange por violar su libertad condicional cuando se refugió en la embajada ecuatoriana en Londres el 19 de junio de 2012. Pidió asilo a Ecuador y se lo concedieron poco después.

Desde mediados de 2010 Suecia reclamaba la entrega a Londres del activista australiano para juzgarle por presuntos delitos sexuales cometidos en este país, acusaciones que él siempre negó. Cuando se estaba viendo el caso en Londres, optó por refugiarse en territorio ecuatoriano en Londres. Tras prescribir parte de los delitos y no poder avanzar en la investigación, la Justicia sueca archivó la causa en mayo pasado.

Aun así, la Policía británica seguía teniendo orden de detenerle si salía de la legación diplomática. Assange se ha negado hasta ahora a dejar la embajada por temor a ser extraditado a Estados Unidos, donde podría ser juzgado y sentenciado a decenas de años de cárcel, como le ocurrió a la soldado y analista de inteligencia Chelsea (Bradley) Manning.

Fue Manning uno de los principales filtradores de comprometedores documentos sobre EEUU a WikiLeaks. Manning, que se cambió de sexo tras su paso por prisión, fue liberada por un indulto concedido por el presidente Barack Obama en los últimos días de su mandato.

Assange entró en la embajada ecuatoriana situada en Knightsbrigde, frente a los almacenes Harrods, el 19 de junio de 2012. El mundo se ha vuelto desde el revés desde entonces (Trump, Brexit, la amenaza norcoreana), pero su mundo se ha circunscrito de unos pocos metros cuadrados en unas oficinas londinenses. Durante este tiempo apenas ha visto la luz del sol.

Reclamado por la Justicia sueca, temió que los británicos le entregaran a Suecia y en consecuencia a Estados Unidos. Dos mujeres le acusaron en Suecia en 2010 de haber mantenido relaciones no consentidas sin preservativo. «Suecia es la Arabia Saudí del feminismo», afirma Assange para explicar el caso.

Teñido de pelirrojo y disfrazado de motero, entró en las oficinas de la embajada ecuatoriana y de allí solo ha salido al balcón en ocasiones contadas. Confesó que había estudiado varias posibilidades pero consideró que Ecuador le daría mejor cobertura que cualquier otro país.

En su equipo legal ha trabajado con gran dedicación el español Baltasar Garzón, que consiguió que el Grupo de Trabajo de la ONU sobre detenciones arbitrarias dictaminara a favor del activista. Este lunes 5 se han cumplido dos años desde aquel simbólico dictamen, lo que ha celebrado Assange en Twitter.

«Las variadas formas de privación de libertad que ha sufrido Julian Assange contituyen una forma de detención arbitraria», señalaba, el 5 de febrero de 2016, el portavoz del panel, Christophe Pechoux, y apelaba al Reino Unido y a Suecia a apelar la decisión. «Assange está perseguido por revelar abusos de poder», es la tesis que reitera Garzón en el documental El juez y el rebelde.

En enero de este año, la ministra ecuatoriana de Exteriores, María Rosario Espinosa, realizó un llamamiento para que Assange pudiera salir libremente. Según las autoridades ecuatorianas, su situación es «insostenible» porque la reclusión está haciendo mella en el estado de salud del activista.

Ecuador dio un paso y en enero confirmó que había concedido la nacionalidad a Assange, que se mostró orgulloso en su Twitter con la camiseta del equipo nacional ecuatoriano. El propósito de Quito era proporcionarle documentación como empleado de la embajada y así solicitar al Reino Unido que le dejase salir del país con inmunidad diplomática. Sin embargo, las autoridades británicas se negaron porque Assange aún tenía causas pendientes por violar la libertad condicional.

Según dijo entonces un portavoz del gobierno británico, «conceder la nacionalidad ecuatoriana no cambia el estatus legal de Julian Assange en el Reino Unido. Ha violado los términos de su libertad condicional establecidos en 2012 y entró en la embajada ecuatoriana por voluntad propia. Ha de dejar la embajada para hacer frente a la Justicia»,

El equipo legal de Assange, avalado por informes médicos, ha recordado que la salud de Assange se ha deteriorado sustancialmente. Sufre depresión, dolores de muelas y de un hombro y de espalda. Durante este tiempo no ha podido someterse a pruebas médicas que requieran hospitalización por su temor a ser apresado y luego deportado.

Sabremos cómo actuar si vuelve a hablar de Cataluña», dijo el presidente ecuatoriano Lenín Moreno

En las oficinas de la legación sigue activo, a veces compulsivamente, y en ocasiones adopta actitudes comprometedoras para sus huéspedes. Ha hecho campaña a favor de los independentistas catalanes, algo que no ha gustado al presidente ecuatoriano, Lenín Moreno. «Sabremos cómo actuar si vuelve a hablar de Cataluña», dijo Moreno en una reciente visita a España.

Si bien no es oficial que haya un proceso contra Assange en EEUU, sus abogados mantienen que se formó un gran jurado que ha investigado su causa, y que se han dedicado millones de dólares para estas pesquisas. En el documental Hacking Justice. El juez y el rebelde, de Julián Pancorbo y Clara López Rubio, su abogado en EEUU da por hecho que hay un proceso en ciernes, aunque el presidente Trump es imprevisible e incluso llegó a elogiar a WikiLeaks en su campaña electoral.

Señor de las redes, lleva anclado cinco años, siete meses y 18 días en una isla de la diplomacia ecuatoriana en la capital británica. Necesita aire fresco y, sobre todo, luz para no extinguirse. Cayó al creerse omnipotente y si ha sobrevivido al laberinto legal en el que se enredó ha sido gracias a su país de adopción, Ecuador, y a su equipo, fiel hasta el final.