La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha hecho público el decreto de ejecutoria de la sentencia que condenaba a los directivos de Afinsa por estafa masiva, lo que implica que en un plazo de diez días deben ingresar en prisión. El auto al que ha tenido acceso Efe, y que lleva fecha de ayer, indica que los diez días empiezan a correr a partir de la notificación, por lo que el ingreso es inminente.

La antigua cúpula de Afinsa fue condenada en julio de 2016 a penas de hasta 12 años de prisión por estafa agravada, insolvencia punible, falsedad contable, blanqueo y delito contra la Hacienda Pública, aunque posteriormente el Tribunal Supremo estimó parcialmente los recursos de los condenados y redujo en parte las penas.

La condena para el ex presidente Juan Antonio Cano pasó de 12 a 8 años y siete meses de cárcel

La condena para el ex presidente Juan Antonio Cano pasó de 12 a 8 años y siete meses de cárcel, casi cuatro años menos; además de Cano, fueron encontrados culpables Albertino de Figueiredo, fundador de Afinsa, su hijo Carlos y Vicente Martín, todos ellos condenados por estafa, insolvencia punible y falsedad contable a penas superiores a 8 años de cárcel y multa de más de 100.000 euros.

Emilio Ballester resultó condenado a 8 años y 4 meses como cooperador necesario, y Francisco Guijarro Lázaro a dos años de prisión y multa de 17,7 millones de euros por blanqueo de capitales; resultaron absueltos como partícipes a título lucrativo Ramón Egurbide y los hijos de Guijarro, Rubén y Natalia.

La condena, en julio de 2016, a los ex directivos de Afinsa puso fin a un proceso que se prolongó durante una década, desde la intervención en mayo de 2006 de esta sociedad de inversión en bienes filatélicos, junto con Fórum Filatélico. El juicio a esta segunda organización se inició el pasado mes de septiembre y está previsto que se prolongue al menos hasta la primavera de 2018.

Según la sentencia de la Audiencia Nacional que condenó a los directivos de Afinsa, los clientes seguían los consejos de los agentes comerciales de la compañía «hasta atraer y hacer caer a familiares, amigos, vecinos y conocidos en la red especulativa tejida por los administradores».

A cambio la sociedad se comprometía a recomprar los sellos, entregándoles el dinero invertido más una rentabilidad superior a la del mercado financiero, beneficio que provendría de la constante revalorización de la filatelia. Según la sala, este negocio «era inviable» ya que «la inversión (de Afinsa) era mínima y generaba gastos que aumentaban el déficit patrimonial», como acreditó el agujero de casi 2.600 millones detectado hace más de diez años y que provocó la intervención.