El Gobierno vasco ha criticado esta mañana la actitud de instituciones Penitenciarias ante los pasos dados por el colectivo de presos de ETA para acogerse a la legislación carcelaria vigente. En los últimos días las solicitudes de los presos de la banda para pasar de primer a segundo grado han sido rechazadas de modo generalizado. De este modo, la inmensa mayoría de los alrededor de 250 presos de la organización continúan en el grado carcelario más estricto, sin que la progresión de nivel penitenciario se haya autorizado a quienes sí la han solicitado.

Para el Ejecutivo de Iñigo Urkullu se trataría de una “mala noticia para Euskadi” ya que supone dificultar la reinserción de los presos de ETA y complicar el camino hacia la convivencia y la reinserción social por el que se debe encaminar esta cuestión. El portavoz del Ejecutivo vasco, Josu Erkoreka, ha recordado que la propia Constitución española establecer que el fin último de las privaciones de libertad es favorecer la reinserción social de los reos. Por tanto, “dificultar” las progresiones de grado supondría un error, más aún por parte de las instituciones penitenciarias a las que correspondería “facilitar, estimular e incluso promoverlas”.

Erkoreka ha recordado que la última decisión recaerá en manos de los jueces pero que en esta cuestión la responsabilidad no sólo la tiene los presos de ETA, de formalizar peticiones de modo individualizado, al margen de directrices colectivas, como venían haciendo hasta ahora, pero también de los responsables carcelarios. Ha subrayado que estos pasos son esenciales en el actual momento político y social en Euskadi ya que contribuirían a “distender el clima y favorecer la socialización y normalización política en Euskadi”.

El Gobierno vasco apela al Ejecutivo del PP a “favorecer” los cambios de grado para contribuir a la “normalización política en Euskadi”

El colectivo de presos acordó el pasado mes de diciembre iniciar un nuevo tiempo en el que se impondría la actuación individualizada y al margen de una directriz unitaria establecida por la dirección de ETA, como venían haciendo desde hacía décadas. De este modo, cada uno de ellos emprendería un camino propio en función de sus circunstancias con el fin de acelerar no sólo poder disfrutar de beneficios penitenciarios sino también su salida de prisión. El primer paso sería la petición de una progresión de grado, para pasar del primero al segundo grado, reclamación que ahora ha sido rechazada de forma generalizada por la dirección de las prisiones al considerar que aún no han acreditado de modo suficiente su desvinculación de ETA.

Seis con beneficios penitenciarios

El pasado 10 de febrero ‘El independiente’ publicó que sólo 6 de los 249 presos de ETA que cumplen condena en prisiones españolas disfrutaba de beneficios penitenciarios, según datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Los presos de ETA que actualmente están acogidos a medidas de reinserción son -entre otros- Rafael Caride Simón, Aitor Bores, Luis María Carrasco, Jorge Uruñuela y Pedro José Pikabea. A todos ellos se les ha aplicado el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, que permite flexibilizar el cumplimiento de la pena, lo que supone que pueden salir de prisión, incluso disfrutar de un régimen de semilibertad. Alguno de ellos disfruta ya de libertad condicional.

El resto, sí ha cambiado su actitud en prisión. Los enfrentamientos, las negativas y los desafíos con los funcionarios protagonizados por presos de ETA son ya casi inexistentes. A muchos se les ve incluso trabajando dentro de las cárceles. Unos lo hacen repartiendo comida a otros reclusos, otros trabajando en el economato y los hay que ejercen como ‘bibliotecarios’ de la cárcel o como enlace entre los funcionarios y los reos para trasladar directrices, encargos o simples recados cotidianos. Los presos de ETA han cambiado, sí, y se han amansado.

Instituciones penitenciarias ha denegado las peticiones por considerar que no se han desmarcado suficientemente de ETA

En la treintena de centros penitenciarios con miembros de ETA cumpliendo condena no recuerdan un periodo similar. La disciplina y la obediencia dócil con la que se comportan desde hace meses la inmensa mayoría de los etarras es algo desconocido.

El propio colectivo de presos de ETA se ha propuesto poner las cosas fáciles al Gobierno para que dé el paso que aún se resiste a dar. Nada de alborotos ni pulsos con los funcionarios. La máxima del colectivo de presos de la banda, el denominado EPPK es no dar de qué hablar, asimilarse al resto de presos comunes de los centros penitenciarios. La estrategia pasa ahora porque cada uno inicie un proceso individualizado y decida su propia estrategia de defensa, al margen del colectivo. Es lo que el grupo de alrededor de 300 etarras aún en las cárceles españolas y francesas acordó en diciembre pasado tras meses de debate interno. Fue su modo de poner fin a la “fase de resistencia” llevada a cabo durante décadas y que suponía aceptar la legislación penitenciaria española de modo individualizad en la búsqueda de beneficios penitenciarios, cambios de grado o incluso, acercamientos a centros penitenciarios vascos.