La secretaria general y ex portavoz de ERC en el Parlament, Marta Rovira, ha dejado una carta sellada en un sobre que ha entregado a una persona de su confianza, en la que confirma que no se presentará ante el Tribunal Supremo este viernes y que se irá «al exilio» en Suiza, como ya hicieron antes Carles Puigdemont y cinco ex consejeros en Bruselas, así como la ex dirigente de la CUP Anna Gabriel.

La hasta ahora número dos de Esquerra Republicana argumenta en su misiva que «emprendo el camino del exilio» con tristeza, pero «más triste hubiera sido vivir silenciada interiormente». Rovira añade que «mi libertad de expresión censurada por unos tribunales que intimidan y que aplican descaradamente criterios políticos. Cada día, cada hora sentía mi libertad limitada por amenazas judiciales arbitrarias».

Rovira alude además a su hija, para asegurar que «el exilio me permitirá hacerle de madre» y concluye citando a Oriol Junqueras para apelar a la unidad del independentismo y pedir «transformar la indignación en coraje y perseverancia. Persistid, porque yo persistiré».

La dirigente republicana elude así la acción de la justicia, el día que intuía que podría ir a prisión, tras la lectura del auto de procesamiento que el juez Pablo Llarena ha notificado hoy a las partes. Rovira había sido citada junto a los diputados Jordi Turull, Josep Rull y Raül Romeva y las ya ex diputadas como ella Carme Forcadell y Dolors Bassa.

Esquerra celebró ayer un Consejo de urgencia tras el pleno de investidura en el que se ratificó la renuncia de Rovira, Forcadell y Bassa a sus actas de diputadas y se acordaron cambios en la ejecutiva del partido, como la designación de Pere Aragonés como adjunto a la presidencia en sustitución de Anna Simó, miembro de la Mesa del Parlament en la anterior legislatura e investigada también por el Tribunal Supremo.

Desaparecida en la investidura

La actitud de la secretaria general de Esquerra durante el debate de investidura celebrado ayer ya sorprendió. No intervino durante el debate, cediendo el atril al portavoz del partido, Sergi Sabrià, y tampoco estaba presente mientras Jordi Turull defendía su programa. Según algunas fuentes en ese momento atendía a una comunicación con Oriol Junqueras, presumiblemente para informarle de la decisión adoptada de huir y eludir la acción de la justicia.

Marta Rovira fue una de las personas que más duramente se opusieron a la decisión de Carles Puigdemont de convocar elecciones autonómicas el 26 de octubre, cuando el ex presidente catalán parecía que había decidido atender a las peticiones de mediadores como el lendakari Urkullu, el líder del PSC Miquel Iceta o incluso el cardenal de Barcelona, Juan José Omella.

Diputados nacionalistas narraron, después de que la operación se frustrara y el Parlament votara la proclamación de independencia, que Rovira fue especialmente beligerante -gritos y llantos incluidos en los despachos compartidos entonces por JxSi- contra lo que entendía como una renuncia insoportable de Puigdemont.

Diputados nacionalistas narraron el papel especialmente beligerante de Rovira -gritos y llantos incluidos- contra la convocatoria de elecciones

Tras la república frustrada, la convocatoria de elecciones por parte del Gobierno y el encarcelamiento de Junqueras, Raül Romeva y Carles Mundó, Rovira asumió el liderazgo de la campaña electoral de Esquerra. Una campaña en la que cometió sonoros errores, como su alusión a la amenaza de «sangre en las calles» que según ella habría hecho el Gobierno, para justificar que el Govern se replegara tras proclamar la república.

En cuanto Mundó y Romeva salieron de prisión la sustituyeron como oradores estrella en los mitines de Esquerra, y tras las elecciones del 21D desapareció de la escena pública durante tres semanas. De hecho, Rovira no ha recuperado desde entonces el papel central que debería haber tenido en las negociaciones con JxCat para la formación de gobierno ni la presencia en los medios de comunicación. Concedió una entrevista a la agencia de noticias de la Generalitat, la ACN, pero no se ha sometido a una rueda de prensa en tres meses. Su decisión no habrá sorprendido en el entorno republicano.