Estabilidad, distancia y dinero. Son los tres ingredientes del ‘botín’ obtenido por el PNV gracias a su apoyo a los presupuestos generales del Estado. Uno se lo ha aportado el Gobierno, otro Cataluña y el tercero, el delicado contexto político. Por el camino, un pequeño rasguño a su ‘palabra de vasco’ y a la credibilidad de su mensaje del que se recuperará pronto en Euskadi. El balance con el que ayer cerraron los nacionalistas uno de los episodios más complicados de resolver, y sobre todo de justificar, que han tenido sobre la mesa de crisis de Sabin Etxea en los últimos años no se mide tanto en réditos tangibles como políticos.

Lejos de la abundancia de millones con la que cerró la formación de Andoni Ortuzar la anterior negociación presupuestaria, la de 2017 –Concierto Económico, reducción del Cupo, 3.000 millones en inversiones-, un año después el resultado se traduce en términos distintos: freno a Ciudadanos, distancia con el modelo soberanista de Cataluña y un horizonte de estabilidad institucional en las legislaturas vasca y española, además de posibles negociaciones presupuestarias cruzadas PP-PNV para otros dos años más.

El acuerdo de 2018 se cuantifica en 540 millones pero con un mayor calado político que el de 2017

En términos meramente monetarios y de contraprestación económica los cinco votos del PNV se han saldado en esta ocasión con una factura más asequible. El proyecto presupuestario de Cristóbal Montoro ya incorporaba desde el primer momento un guiño evidente al PNV, con un incremento de las partidas de inversiones para Euskadi del 32% respecto al proyecto de cuentas de 2017. A ellas se sumó recientemente acuerdos en enmiendas parciales por valor de 70 millones de euros, lo que ha hecho finalmente un montante en inversiones para el País Vasco de 540 millones de euros para el próximo año.

Pensiones y estabilidad, el gran argumento

Pero la gran baza que el PNV esgrimirá en Euskadi será el acuerdo para la actualización de las pensiones que ha logrado arrancar al Gobierno de Rajoy. Las movilizaciones por una mejora de las pensiones han sido especialmente intensas y multitudinarias en Euskadi desde hace semanas. Un colectivo con una presencia importante en las bases del PNV y que sí amenazaba su calado de votantes.

Sin duda los pensionistas vascos priman la mejora de su situación económica sobre la posible contradicción en el mensaje en el que la formación de Ortuzar ha incurrido al haber fijado una ‘línea roja’ con el artículo 155 en Cataluña que luego ha sorteado. El acuerdo para que las pensiones vascas –las más altas del Estado- y las del resto de España se revaloricen en 2018 un 1,6% y el nivel del IPC el próximo año suponen un parapeto suficiente ante el posible rechazo que pueda suscitar el nuevo pacto PNV-PP. También que el incremento de las bases reguladoras de las pensiones de viudedad se vaya a situar en el 56% y en el 60% en los próximos dos años o que el llamado ‘Factor de Sostenibilidad’ con el que amenaza el Ejecutivo popular se ha logrado retrasar por ahora al 2023.

El PNV está convencido de que el desgaste será mínimo, que la sociedad vasca y sus votantes en particular sabrán entender la decisión y el espíritu pragmático que, una vez más, ha antepuesto el centenario partido. La fortaleza institucional y política de la que goza ahora el PNV son un blindaje innegable. Por si esto no fuera así, los distintos portavoces de la formación iniciarán ahora una labor pedagógica para explicar las bondades del pacto con Rajoy y Montoro. Pasar de asegurar que los presupuestos no serían jamás respaldados con el 155 en vigor, “con el 155 no se juega”, ha venido advirtiendo Ortuzar, a defender que precisamente la aprobación de la cuentas es lo mejor para lograr su levantamiento, se hará subrayando que “es lo mejor para Euskadi”, que se hace en beneficio de “los intereses de los vascos”.

Con el acuerdo el PNV ha logrado contener por ahora la oposición del colectivo de pensionistas vascos, el más movilizado de España

Un requiebro argumental en sólo unos días que será asumible por el cada vez mayor alejamiento de la sociedad vasca del clima de fractura y de auge del sentimiento soberanista que existe en Cataluña y del que Euskadi se ha convertido, en algunos casos, en su ‘daño colateral’. Ha sido precisamente el último giro en Cataluña, con la designación de consellers huidos y fugados, el que pilló con el pie cambiado al PNV. El partido estaba convencido de que, por fin, con Torra llegaría un nombramiento de un Govern sin cargas judiciales y con él, el levantamiento del 155 añorado por el PNV. No ha sido así.

Calidad de vida vs soberanía

Indicadores como que hoy por hoy en Euskadi apenas el 19% de los ciudadanos dicen sentirse “sólo vascos” o que únicamente un 21% reclama un Estado propio (Sociómetro vasco, mayo 2018), revelan un desapego de las cuestiones identitarias en favor de una priorización de una mejora de la calidad de vida en una Euskadi sin violencia y saliendo de la crisis. Los vascos quieren la estabilidad, mejora económica y mejores indicadores sociales, a los que pueden dar satisfacción los réditos que en forma de inversiones millonarias y mejoras de las pensiones a las que procederá ahora a vender con fervor el PNV para justificar su posición.

El manejo de los tiempos también ha sabido exprimirlo con acierto. Tras anunciar que esperaría hasta el “último minuto” del debate presupuestario para despejar su posición, el PNV logró que su sector más soberanista también viera, al menos parcialmente, satisfechas sus demandas. En el mismo día, la formación nacionalista satisfizo a quienes priman mejoras en la calidad de vida en la Euskadi postETA –540 millones más de inversión del Estado en 2018- y quienes no renuncian a dar pasos en materia identitaria. Este miércoles el PNV rubricó con EH Bildu un acuerdo para proponer un preámbulo a un nuevo Estatuto vasco -sin el respaldo de PSE, Podemos y PP- en el que se reconoce a Euskadi como “nación” compuesta por siete territorios (Alava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra y el País Vasco francés) con “derecho a decidir” una nueva relación “confederal” con España.

El argumento de la mejora para la calidad de vida para los vascos prima sobre la incoherencia en torno al 155 o la soberanía

Por ahora, los acuerdos con el PP no le han pasado factura, no al menos en Euskadi. El gobierno PNV-PSE de Iñigo Urkullu ha salido reforzado en todas las encuestas y sondeos que se han venido publicando en el último año. En la mayoría de ellas se concluye que los nacionalistas lograrían hoy mayor representación en el Parlamento Vasco si se celebraran elecciones. Las críticas que desde la oposición, fundamentalmente EH Bildu y Podemos han lanzado contra los nacionalistas por su sintonía con los populares no parecen preocupar en el PNV. Tampoco en Génova. Nacionalistas y populares acumulan ya dos ejercicios salvándose sus respectivos presupuestos de las minorías parlamentarias en las que están inmersos.

Y no es el único logro de su entendimiento. Con el acuerdo presupuestario materializado ayer, Ortuzar y Rajoy alejan un poco más el fantasma de Ciudadanos. La formación de Albert Rivera se ha convertido para PNV y PP en un adversario temido. La estabilidad lograda gracias a los cinco votos del PNV aplaz, al menos por ahora, el riesgo de un adelanto electoral para un Gobierno que debería enfrentarse a una pugna electoral en uno de sus peores momentos de credibilidad, azotado por la corrupción y con las encuestas augurando una debacle.

Ciudadanos, la amenaza común

En el caso del PNV, la amenaza naranja no es autonómica sino en clave nacional. C`s no goza de calado electoral en Euskadi, pero su posible llegada a La Moncloa sería un revés para las aspiraciones nacionalistas. Su posición crítica con aspectos esenciales para el PNV como el Cupo y el Concierto Económico, la foralidad vasca, los derechos históricos o el ámbito competencial vasco asustan en el PNV.

La letra pequeña del acuerdo presupuestario se centra principalmente en actuaciones fundamentalmente de impulso al Tren de Alta Velocidad, acordadas el año pasado en su mayor parte, aunque también nuevas actuaciones ferroviarias y en infraestructuras. En total las inversiones acordadas en infraestructuras suponen 27,5 millones de euros. Son mejoras en el ámbito ferroviario, aeroportuario y portuario. Se trata de la supresión de pasos a niveles en Balmaseda, mejoras en diversas estaciones ferroviarias o en la playa de vías de Irún, entre otras actuaciones. También figuran 1,7 millones de euros para la recuperación de la condición de aeropuerto H24 (que dotaría a Foronda de la posibilidad de actividad todo el día) para la terminal vitoriana. Por último, en este apartado aparecen mejoras e inversiones para el puerto de Pasaia (Guipúzcoa).

El temor al repunte de Ciudadanos como una alternativa de Gobierno real une a PP y PNV

En I+D+i el partido de Andoni Ortuzar ha logrado del Gobierno que impulse la innovación y el desarrollo “como motor económico  productivo” con diversas inversiones por un importe global de 17,2 millones de euros. En particular se trata de inversiones en el Centro de Investigación de Energía Marina de Armintza (Vizcaya), en los laboratorios de innovación de la Universidad de Mondragón y de la Universidad del País Vasco, además de una partida de 10 millones para el futuro Centro de Energía Inteligente.

El tercer gran bloque de enmiendas parciales incluidas se refiere al ámbito medio ambiental y a los regadíos, por un móntate total de 15,2 millones. El patrimonio cultural supone una petición de inversiones a consignar en los próximos presupuestos por 3,4 millones. Por último, el Grupo vasco también ha presentado una enmienda para que el texto presupuestario refleje que con vigencia indefinida la composición numérica de la Ertzaintza se adecúe a lo que en su momento se acordó en la Junta de seguridad, fijado en 8.000 agentes.