“El señor Quim Torra representa el nacionalismo más excluyente de derechas”, afirmaba Ada Colau en declaraciones a La Sexta, tras asegurar que no compartía “la vía unilateral” ni la decisión de investirle. El idilio que durante el último año han mantenido Colau y su partido -los comunes, en sus marcas local, autonómica y nacional- con el independentismo parece definitivamente roto. Quim Torra ha sido el detonante, pero la ruptura tiene orígenes diversos y los controvertidos artículos del nuevo president no son el más determinante.

En los últimos meses el independentismo ha infringido duras derrotas a Colau en el Ayuntamiento de Barcelona. Creyó tener garantizado su apoyo con la expulsión de los socialistas de su equipo de gobierno tras la aplicación del 155. Pero lo cierto es que desde entonces Colau sólo ha recibido portazos de ERC y del PDCat. Ni el enorme lazo amarillo colgado en la fachada principal del Ayuntamiento ha servido para aprobar presupuestos, el tranvía o la “multi consulta”.

La última bofetada simbólica la recibió la alcaldesa hace poco más de dos semanas, cuando acudió al Congreso para presentar su propuesta de reforma de la Ley de Arrendamientos Urbanos. Una maniobra para recuperar el liderazgo en uno de los debates en los que Colau se siente cómoda, el del derecho a la vivienda. Pero TV3, la cadena autonómica, no acudió a la cita. El equipo de Colau se quejó en twitter, pero la alcaldesa perdió en la batalla por los informativos catalanes en favor de las comparecencias ante el Tribunal Supremo de los líderes independentistas.

Colau llega a un año de las elecciones sin obra de gobierno que exhibir ante sus votantes, desgastada por los problemas de seguridad, con el fracaso de su política de vivienda a los hombros y enfrentada a todos los grupos municipales, que intuyen su debilidad y se han lanzado a una campaña de desgaste para cambiar el color del consistorio en 2019.

En este contexto, el núcleo neoliberal y más radicalmente independentista de JxCat ha escogido al filósofo Jordi Graupera para plantear la batalla por Barcelona, convencidos de que una segunda palanca de poder tan importante como el Ayuntamiento de Barcelona haría imparable el procés. La plataforma propuesta por Graupera para aglutinar a todo el independentismo cuenta con el apoyo de Carles Puigdmeont, pero ni PDCat y ni ERC están dispuestos a ceder el protagonismo a un “paracaidista” que se ha pasado los últimos años dando clases en Nueva York.

Doménech enseña sus cartas en el Parlament

Maniobras que han acabado con la paciencia de los comunes. Durante el debate de investidura, Xavier Domènech protagonizó una de las intervenciones más duras contra el candidato impuesto por Carles Puigdemont: “La impresión es que su catalanismo no es el del catalanismo conservador, es el de los hermanos Badia -líderes de Estat Català- y el nosotros solos, exclusivo y excluyente”.

Domènech lamentó además que ERC y el PDCat hayan condenado con su oposición la “multi consulta” de Colau en el Ayuntamiento. “¿No se trataba de poder votar?”, les preguntó a los independentistas. Con ese proyecto Colau quería someter al voto de los barceloneses la municipalización del agua y el cambio de nombre de la Plaza Antonio López, cuya estatua ya retiró el gobierno local destacando su condición de esclavista pero olvidando que fue el gran mecenas de Antoni Gaudí y el modernismo catalán.

Sin municipalización del agua, y sin tranvía por la Diagonal -otra de las promesas fracasadas de Colau- el último año de mandato queda vacío de contenido y sin obra de gobierno que ofrecer al votante. Esquerra debía ser el socio en el proyecto del tranvía, pero los republicanos atendieron finalmente a la oposición de los vecinos y comerciantes afectados para frenarlo.

El 21D mostró a Cs y al independentismo los efectos de la polarización en Barcelona, victoria para ellos y hundimiento de Colau

La fecha clave en la degradación de las relaciones son las elecciones autonómicas del 21D. Esos comicios demostraron como la polarización en el eje independentista hundía las expectativas de los morados incluso en una ciudad, Barcelona, que tradicionalmente había conservado un microclima político al margen del eje catalanista.

En esos comicios Colau perdió el 51% de sus apoyos pese a que la participación creció en 20 puntos. Cs se hizo con la victoria en la capital catalana con el 23% de los votos y un crecimiento del 182%, pero ERC se situó como segunda fuerza con el 20% de los votos y un crecimiento igualmente espectacular. Y JxCat perdió participación porcentual frente a las municipales de 2015, pero ganó en numero total de votos.

Conclusión: tensando el eje nacionalista el independentismo puede ganar la alcaldía de Barcelona, que podría convertirse en un bastión fundamental para mantener el embate con el Estado. De hecho, el mandato de Xavier Trias ya se convirtió en la muleta perfecta para el Gobierno de Artur Mas, tanto en términos políticos como, sobre todo, económicos.

Las últimas encuestas de ámbito local dan además a ERC como ganadora de unas elecciones municipales, a la espera de ver si se concreta la operación de Manuel Valls en Cs. La clave está, ahora, en si el independentismo conseguirá sumar fuerzas en una plataforma conjunta como la propuesta por Graupera -candidato apadrinado por Carles Puigdemont y su círculo- o concurrirá a las elecciones por separado.

De momento, tanto Alfred Bosch (ERC), como Neus Munté (PDCat) y el propio Graupera han oficializado sus candidaturas a la alcaldía. Y el entorno de Bosch afirma que el líder republicano tiene claro que puede ganar y no está dispuesto a diluirse en un artefacto del tipo Junts per Barcelona. El PDCat, en plena crisis interna, estaría más dispuesto a una lista conjunta, especialmente si se confirma la amenaza que supone la candidatura de Valls.

Lo que parece claro, en todo caso, es que los esfuerzos de supuesta equidistancia de Colau, defendiendo la existencia de “presos políticos”, dando apoyo al referéndum del 1 de octubre y denunciando por ilegal el artículo 155 no han servido a la alcaldesa para conseguir nuevos apoyos y le han cerrado las puertas a la construcción de una tercera vía local junto al PSC. Partido al que triplicó en votos en 2015, arrasando en los barrios tradicionalmente socialistas, y que en las autonómicas del 21D le superó en casi 50.000 votos.