El aval se rubricó lejos de Madrid, a 360 kilómetros, en Vitoria, la capital política de Euskadi. Se firmó tras ajustar la soga que debía dar por muerto al Gobierno de Mariano Rajoy. La prepararon los mismo que lo habían resucitado hacía sólo una semana. Se la anunciaron con la confianza de precipitar su dimisión y un acuerdo posterior para iniciar una transición tranquila camino de elecciones. Pero aquel anunciado por teléfono que dejó noqueado al PP se terminó por ratificar. Lo hizo en torno a la gran mesa que reunió a la Ejecutiva del PNV y sobre la cual solo restó redactar el argumentario para justificarlo. El nuevo presidente ya había hablado y el secretismo impuesto en todo el partido se levantaba; el PNV acababa de cerrar su semana más insospechada de las últimas décadas, la que comenzó salvando a Mariano Rajoy con un abrazo presupuestario y terminó pasándolo por la guillotina parlamentaria para alumbrar un nuevo lehendakari en Madrid.

Los cinco votos nacionalistas vascos habían vuelto a inclinar la balanza y a forzar el enésimo encaje de bolillos rentable para los nacionalistas. Pedro Sánchez gobernaría con los presupuestos que rechazó y repudió y que negoció el PNV con el PP. Además, lo hará de la mano de los firmantes de la soga de su antecesor, y a los que ahora él tiende la mano en condición de “socios preferentes”.

Los socialistas y el PNV mantienen un entendimiento en Euskadi desde hace años

La estrenada alianza Sánchez-Ortuzar en realidad supone extender el entendimiento que nacionalistas y socialistas tienen muy trabajado y experimentado desde hace años en Euskadi. El PSE de Idoia Mendia y el PNV de Andoni Ortuzar comenzaron por cerrar acuerdos para gobernar en coalición con el Ejecutivo de Iñigo Urkullu, para ampliar poco después la fórmula a las tres diputaciones forales y finalmente a decenas de ayuntamientos vascos, -los de las tres capitales entre ellos-. Ahora el tándem llega, aunque con menor fuerza y con mayores advertencias, a la cúspide del poder en España, el círculo de influencia de La Moncloa.

Los nacionalistas reavivarán lo que bloqueó Rajoy: prisiones, Seguridad Social y autogobierno

El nuevo presidente no lo tendrá fácil. Nadie lo oculta. A las presiones de Podemos y las formaciones nacionalistas catalanas para imponer sus demandas se sumará la presión de Ciudadanos y el PP. Pero en la lista también figurarán quienes han tenido la llave para investirle. Horas después de hacerlo, en Sabin Etxea ya le han recordado que en torno al palacio presidencial sobrevolará la llamada ‘agenda vasca’. El propio lehendakari Iñigo Urkullu le ha recordado que su disposición al diálogo y al acuerdo debe ahora concretarse en cuestiones como el cumplimiento del Estatuto de Gernika, avances en el autogobierno o las cuestiones de ‘paz y convivencia’.

La lupa vasca: «No abuse del privilegio»

Y la lupa vasca sobre el recién designado presidente será permanente. El portavoz del Grupo vasco, Aitor Esteban le recordó que el apoyo no era un cheque en blanco, que debía ser correspondido con la promesa del presupuesto y el diálogo sobre las cuestiones de la “naciones vasca y catalana”: “Confío en que el diálogo prometido sea cierto y no abuse del privilegio y la prerrogativa que le estamos dando”, le advirtió.

En gran medida, nacionalistas y socialistas hace años que pactaron una parte de esa ‘agenda vasca’. Figura en el acuerdo de Gobierno para Euskadi que firmaron para reforzar el Ejecutivo de Urkullu. Más transferencias, la cuestión de los presos y el nuevo estatus de autogobierno son sin duda los ejes de una batería de materias enquistadas con el Gobierno del PP y que el PNV intentará ahora reactivar con el Gobierno Sánchez.

La culminación del Estatuto de Gernika es sin duda una de las prioridades en la lista de demandas. Figura como una vieja petición del PNV y que el Partido Socialista de Euskadi accedió a incluir y firmar en su programa de Gobierno. Las dos formaciones reconocen el valor del Estatuto de Gernika de 1979 pero también denuncian su incumplimiento. Tanto Ortuzar como Mendia han reivindicado en numerosas ocasiones su desarrollo íntegro. El Gobierno vasco remitió un informe al Gobierno de Rajoy en el que se detallaban las 37 materias recogidas en el Estatuto vasco y que aún no han sido transferidas.

Socialistas vascos y PNV coinciden en algunas de las cuestiones más delicadas, como favorecer el acercamiento de presos de ETA

Socialistas y nacionalistas coinciden en considerar prioritaria la reclamación de la cesión de la gestión de las prisiones y del Régimen Económico de la Seguridad Social. Los dos se han comprometido para que en las relaciones con el Ejecutivo central “se reserve un lugar prioritario a la reclamación y negociación” de estas dos materias. El Gobierno Urkullu había visto con esperanza uno de los últimos movimientos de Soraya Sáenz de Santamaría comprometiéndose a negociar el cumplimiento del Estatuto, gesto que jamás se concretó. La reclamación se recuperará ahora.

Si la referida al régimen económico de la Seguridad Social no parece sencilla, aún lo es menos la de ceder la gestión de los centros penitenciarios. Hace sólo unos días, el ahora ministro del Interior en funciones, Juan Ignacio Zoido, se reafirmó en que “nada cambiará” en materia de lucha antiterrorista. El paso dado por Francia acercando a presos de ETA a cárceles cercanas a la frontera no ha sido secundado por el Ejecutivo de Rajoy. La sensibilidad del PSOE en esta cuestión es distinta. Los socialistas vascos coinciden con los nacionalistas vascos en que la dispersión de etarras en cárceles alejadas del País Vasco ya no tiene sentido. El secretario de Política federal y exlehendakari, Patxi López, así como la secretaria general del PSE, Idoia Mendia, ha defendido la necesidad de un cambio para comenzar a acercar a los 223 presos de la banda en cárceles españolas. Una exigencia que el PNV reclamará en pos de facilitar la ‘paz y convivencia’.

El autogobierno, la piedra del camino

Ambas formaciones también están de acuerdo en que existen demasiadas leyes básicas que han afectado negativamente al autogobierno vasco “al recortar, reorientar y limitar las competencias y capacidades estatutarias” y que deberían ser revisadas.

Donde la ‘agenda vasca’ difiere entre PNV y los socialistas es en el nuevo horizonte de autogobierno que se empieza a escribir en Euskadi. El ejemplo más claro se vivió la semana pasada con motivo de la aprobación de la propuesta del preámbulo y el título preliminar que PNV y EH Bildu respaldaron para el futuro nuevo Estatuto vasco. En él se reconoce la “nación vasca”, el “derecho a decidir” y se establecen diferencias entre la ciudadanía vasca y la “nacionalidad vasca” que tendrían los futuros habitantes del estado “confederal” al que aspiran los nacionalistas.

La necesidad de actualizar el autogobierno vasco es otro punto de encuentro, aunque discrepan en la fórmula

Pese a que el PNV incluye los pasos en materia de autogobierno como cuestiones a abordar a medio plazo con el nuevo Ejecutivo, por el momento el suelo no parece propicio. El PSE le ha dejado claro que no comparte que el Parlamento Vasco sea el competente para fijar de modo unilateral las competencias y la relación que tendría el ‘estado vasco’ con España. Tampoco comparte que sea una relación bilateral de “igual a igual” ni que su tramitación se justifique desde la legalidad aduciendo que los derechos históricos están reconocidos en la Constitución. Ni siquiera en que sea confederal, los socialistas insisten en su modelo federal. El PSE asegura que la Constitución lo que dibuja en un Estado de la autonomías y por tanto, cualquier otro modelo requerirá la modificación de la Carta Magna.

Los socialistas insisten en su modelo federal y creen que los derechos históricos vascos están reconocidos

Los apoyos a los que necesariamente se debe aferrar el Gobierno refuerzan aún más las opciones y necesidades del PNV. La ‘pinza’ que se augura con el PDcat y ERC para un cambio en el modelo territorial y la mayor sintonía en materia de autogobierno que también promete Podemos suponen un aliciente. Incluso en el resto de prioridades nacionalistas, como el cumplimiento del Estatuto o el cambio de la política penitenciaria, el escenario de apoyos puede dar un vuelco importante para marcar el paso al presidente Sánchez.

PP vasco, el ‘daño colateral’

Un cambio de tablero en Madrid que el PNV ve con buenos ojos pero que arrastra la contrapartida de tener que recomponer sus alianzas en Euskadi. Los cinco pulgares hacia abajo que mostraron los diputados del grupo vasco a Mariano Rajoy tienen su daño colateral en el Parlamento Vasco. Hasta que el 1 de junio se certificó la salida del PP del poder, los populares vascos se habían convertido en el soporte necesario de Urkullu. Su Gobierno de coalición PNV-PSE está a un escaño de la mayoría en la Cámara de Vitoria y el grupo que lidera Alfonso Alonso no parece dispuesto a seguir salvándoles. Lo hizo con las cuentas de 2017 y las de 2018, así como con la última reforma fiscal impulsada por el Gobierno vasco, y numerosas iniciativas.

PNV-PSE pierden al PP vasco como aliado y necesitan otro socio para lograr la mayoría absoluta

A partir de ahora, en el ecuador de la legislatura autonómica vasca, Urkullu y su partido deberán repensar la estrategia de apoyos y mirar más allá; a Podemos y EH Bildu. Los populares, en boca de Rafael Hernando, tardarán en recuperarse de lo que consideran que ha sido una traición del PNV, contra el que han resucitado viejos fantasmas, “han vuelto a tiempos de Ibarretxe”, aseguró el pasado viernes.

Sea como sea el desarrollo de la incierta legislatura que ahora se inicia, los nacionalistas vascos saben que, como en otros momentos recientes, seguirán siendo determinantes. El primer rédito ya lo han logrado, forzar un Gobierno socialista con un presupuesto popular; el segundo, avanzar en la ‘agenda vasca’ que Rajoy dejó bloqueada y el tercero, comenzar a pensar en las cuentas de 2019, las primeras del ‘lehendakari Sánchez’. Y mientras tanto, los cinco pulgares seguirán muy atentos para inclinar balanzas…