Era su primera vez y todo se puso en contra. Pero Soraya Sáenz de Santamaría no quería fallar. Movió cielo y tierra para estar presente en Ermua, en el acto que recordaba a Miguel Ángel Blanco en el XXI aniversario de su secuestro y asesinato a manos de ETA y que el PP vasco, uno de sus apoyos, le había reservado para convertirlo en un acto más de su carrera hacia la presidencia del partido. La candidata estaba citada en el municipio vizcaíno las 12.30. Por la mañana una nota del PP alertaba del retraso: 12.45 primero, 13.00 horas poco después. “Se ha retrasado el vuelo”, justificaban los populares vascos.

Efectivamente, había fallado una hélice. Sí, una hélice. No fue un avión comercial, ni siquiera una jet privado de algún simpatizante acaudalado el que protagonizó la precipitada llegada de la ex vicepresidenta del Gobierno y actual candidata a suceder a Rajoy. El viaje hasta Euskadi se hizo en una sencilla avioneta. La peripecia había corrido ya como chascarrillo entre los populares vascos, nerviosos a la espera de poder certificar que la operación había culminado con éxito. La pista de lo sucedido la desveló el ex presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, quien efusivo recibió a Santamaría con un divertido, “¿qué tal el viaje en avioneta?, ¿cómo es eso de la avioneta?”. La candidata se limitó a responder con una mueca. Un vuelo agitado y tenso. Y no es para menos, faltó muy poco para que el complicado viaje hasta Ermua fracasara.

Las turbulencias en realidad comenzaron la víspera. El jueves había fallecido Gerardo Fernández Albor, ex presidente de la Xunta de Galicia. 100 años le han contemplado. Un luctuosos imprevisto que cambió los planes del equipo de Santamaría. La Galicia de Núñez Feijó no se podía descuidar y era imprescindible acudir a despedir al histórico miembro del PP, como también hizo Pablo Casado. El viaje en avión ordinario Madrid-Pamplona, para acudir desde allí a Ermua, quedaba cancelado. El nuevo destino era Santiago de Compostela.

¿Cómo llegar de Galicia a Ermua en sólo unas horas y sin vuelo posible? Fátima Báñez tenía la solución

La noche del jueves Sáenz de Santamaría viajaba a Galicia y a primera hora del viernes acudía hasta el tanatorio de Santiago a mostrar las condolencias a la familia de Albor y al PP gallego. No había tiempo para el funeral posterior. A 600 kilómetros de allí, en el municipio que bautizó el mayor espíritu de repulsa a ETA jamás vivido en España, le esperaban en sólo unas horas.

Un aficionado a la aviación

En su equipo ya se habían tirado de los pelos la víspera. ¿Cómo lograr estar en Galicia a primera hora de la mañana y no fallar en la cita horas después con el PP vasco de Alfonso Alonso, en un acto con tanto valor simbólico, como el recuerdo a Miguel Ángel Blanco y en el que se debía convertir en protagonista?

La primera visita a Euskadi de la candidata debía celebrarse. Y se celebró. Era evidente que la única forma de estar a tiempo era con un vuelo. Pero La Coruña no es Nueva York, ni falta que hace, y su oferta de conexiones con Euskadi no brinda muchas combinaciones. Las seis horas de carretera no eran una opción. Sin vuelos ni opción por carretera… La solución llegó del lugar más inesperado; su fiel apoyo, Fátima Báñez, la ex ministra de Empleo.

En realidad, de su marido: Jaime Alonso. Además de empleado de banca y padre de sus dos hijos, el esposo de la ex ministra es un gran aficionado a la aviación. Esa opción había que exprimirla en una situación delicada como la vivida por el equipo de Sáenz de Santamaría: dar un pésame en Galicia a primera hora de la mañana y estar dando besos y agradecimientos a mediodía en Euskadi para corresponder los apoyos vascos a su candidatura.

Báñez pidió un favor a su esposo, que moviera sus hilos como aviador aficionado. Así lo hizo. El club al que pertenece tenía la solución. Una de sus avionetas permitiría trasladar a la rival de Pablo Casado para llegar a tiempo a Ermua. El vuelo La Coruña-Bilbao apenas se alargó un poco más que un avión comercial, pero suficiente para llegar casi a la hora acordada al pueblo de Miguel Ángel Blanco.

Antes de despegar una de las hélices de la avioneta en la que debían volar Santamaría y Báñez falló

Mientras su equipo digería la aparición de un vídeo que para esa hora se había convertido ya en viral, -y en el que se ridiculizaba la “regeneración” de sus apoyos-, los problemas no habían terminado. Cuando el despegue era cuestión de minutos, otro imprevisto estuvo cerca de impedir el primer día de Soraya Sáenz de Santamaría en Ermua. Una de las hélices falló. Nuevo retraso. Fue sólo el último susto antes del vuelo en avioneta que piloto, ex ministra y candidata realizaron cruzando la cornisa cantábrica de punta a punta.

“¿Un jet privado?”

El aterrizaje en la terminal de Loiu fue según lo previsto. Allí esperaba la delegación del PP vasco que debía transportarlas hasta Ermua. 42 kilómetros de autopista después, Sáenz de Santamaría llegaba a la Plaza San Pelayo de Ermua. Un atril situado junto a un gran panel con la imagen del edil asesinado por ETA en 1997 le daban la bienvenida bajo un sol de justicia. Vestida aún de riguroso negro, la candidata cumplió con su cometido: apeló a la “unidad” entre españoles que suscitó el asesinato de Blanco para llamar a recuperar aquel espíritu. Un mensaje cifrado hacia su adversario. Formalmente, su presencia en Ermua sólo respondía a honrar la memoria del hermano de Mari Mar, junto a la que poco después depositó un ramo de flores ante el monumento en recuerdo a las víctimas que Ibarrola realizó y que culmina el centro de Ermua.

Sus manifestaciones de campaña se reservaban para otro lugar: Getxo. El trayecto desde Ermua apenas se prolongó una hora. Para entonces, los oídos más precisos sabían que el viaje de Soraya, el vuelo de la candidata había sido singular. “¿Un jet privado?”, fue la primera pregunta que se escuchó. “¿Quién paga eso?, ¿el partido?”, la segunda y la tercera. Oficialmente, el PP facilita los vuelos ordinarios que los candidatos realizan durante la campaña. Es parte de los recursos que pone a su disposición para hacer campaña, así como algunas instalaciones o servicios, pero “¿un avión particular?”. Para la hora del almuerzo, la teoría de la avioneta sobrevolaba las mesas de la comida con la que fue agasajada por los populares vascos.

Fue en el municipio de la Margen Derecha con más votantes del PP se enfrentó a lo que hacía horas que circulaba por las redes, el vídeo cuestionando la regeneración de su proyecto. “Todos somos necesarios”, dijo, el PP es un partido “intergeneracional”. No hizo sangre. Tampoco desveló su autoría, “no lo tengo contrastado”. Tras el almuerzo, era hora de regresar. Esta vez, en vuelo regular y sin hélices.