Aunque a José María Aznar ya se le había preguntado por el congreso extraordinario del PP y por sus preferencias, claramente a favor de Pablo Casado, hasta ahora su fundación había pasado de puntillas sobre la cita que tienen los populares el próximo fin de semana y en la que tendrán que dilucidar entre Casado y la ex vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que son los que «han concentrado las preferencias de los afiliados inscritos para la votación que tuvo lugar el día 5 de julio. Ahora toca a los compromisarios la elección, una vez eliminados los demás candidatos».

Sin querer decantarse explícitamente por uno o por otro la Fundación presidida por Aznar entiende que el proceso desencadenado desde el 1 de junio, cuando Mariano Rajoy anuncio su despedida, «constituye la mejor oportunidad que el PP ha tenido en mucho tiempo para recuperar el interés de su base social, ofrecer a sus afiliados, simpatizantes, votantes y e xvotantes, muestras que parecían olvidadas de actividad y debate, de preocupación por el futuro de una gran organización política y de una mirada menos complaciente y más exigente de un pasado inmediato en el que el partido se ha dejado más de tres millones de votos».

La tesis de Casado

No quiere jugar FAES a la profecía tras defender que la diferencia entre Sáenz de Santamaría y Casado «es suficientemente estrecha como para no tenerse por concluyente y, además, hay casi un 30% de votos emitidos el día 5 (25% obtenidos por la secretaria general, María Dolores de Cospedal) que traducidos en compromisarios se convierten en una instancia probablemente decisiva». En todo caso, con esta tesis FAES se pone al lado de Casado, dando a la segunda vuelta el valor que le quita Santamaría, defensora de que los compromisarios voten lo mismo que los militantes, que le dieron el triunfo por 1.500 votos de diferencia.

La segunda observación de FAES viene a se un desquite al recordar que los términos del debate sobre el futuro del Partido Popular «han cambiado mucho y para bien».  Recuerda cómo hace unas semanas las apelaciones de Aznar a la reconstrucción del centroderecha «fueron contestadas con la arrogancia habitual de los que atribuían al expresidente del PP estar fuera de la realidad” o aquellos otros que replicaban diciendo que a Aznar “hace mucho tiempo que no se le entiende en el PP”, en alusión a los comentarios que entonces hicieron Fernando Martínez Maillo y Alfonbo Alonso.

«Hoy pocos dudan de que esa placidez con la que se quería describir el estado del partido solo existía en sus habituales despliegues de voluntarismo y que eran ellos, y no tanto el objeto habitual de sus reproches, los que estaban desconectados de una realidad que han insistido en ignorar a pesar de los continuos avisos del electorado», ataca.

En tercer lugar, el futuro del PP «conlleva una llamada ineludible a hacer del centroderecha moderado, reformista, liberal y nacional ese espacio político y electoral sobre el que debe asentarse la estabilidad del sistema constitucional, el fortalecimiento de la sociedad civil y las claves del éxito económico». Tras señalar que no «debería percibirse a sí mismo como el partido que salta al terreno de juego, una y otra vez, para arreglar los destrozos económicos que la gestión de la izquierda provoca en nuestro país cuando amenaza ruina» apuesta también porque sea el referente en la apuesta constitucional y unidad de España, al tiempo que equipara el gobierno de Pedro Sánchez con el de José Luis Rodríguez Zapatero.

Recuperar a los que se fueron

En definitiva, el nuevo liderazgo «tiene que estar a la altura del esfuerzo de una militancia ejemplar, a la altura de la aportación a España de su trayectoria, y de la fidelidad de sus votantes, también de aquellos a los que este partido, si se renueva, podrá llamar para que vuelvan”, que, vuelve a ser la tesis de Casado.