La celebración de la Diada este martes ha permitido al independentismo catalán ofrecer una nueva demostración de músculo con la masiva movilización conseguida en la Diagonal de Barcelona. Una movilización que no oculta, sin embargo, el creciente divorcio entre las bases independentistas, las entidades que las movilizan y los partidos políticos que intentan liderar el movimiento.

El argumento imbatible de los presos –JxCat llegó a utilizar a sus hijos como argumento– ha servido para cohesionar al independentismo en una nueva manifestación espectacular, pero al término de la misma la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, lanzaba un recado al Govern de Quim Torra que evidenciaba las diferencias: «No malgastéis el 1-O» ni lo dejéis todo «en manos de la calle».

Horas antes, Paluzie había arremetido contra el dirigente de ERC Gabriel Rufián, al que recriminó que ahora hable de «independentismo mágico» cuando en las horas previas a la declaración de independencia del 27 de octubre fue uno de los que más empujaron a la desobediencia con su famoso tuit de las «155 monedas de plata». Ni el independentismo de a pie, ni las entidades que le dan voz están dispuestos a asumir sin más el frenazo de JxCat y, sobre todo, ERC, en la estrategia política y su regreso a la «casilla de salida» del  referéndum pactado con el Estado.

La presidenta de la ANC aprovechó la Diada para advertir a Torra que no aceptaran ni un paso atrás y recriminar a ERC su posibilismo

En estas condiciones, las próximas «jornadas históricas» a conmemorar se le pueden hacer muy largas a JxCat y ERC sin un proyecto político que permita explicar los próximos pasos a esos miles de personas a los que han mantenido en tensión constante desde hace dos años con la promesa de la independencia. Los vaivenes en el discurso de Torra de los últimos días, y la crisis de la moción por el diálogo pactada y luego retirada por el PDeCat y PSOE en el Congreso dan buena muestra de ello.

El espectáculo ofrecido por neocovergentes y republicanos en el Congreso es un buen ejemplo de esas dificultades. Cuando el portavoz del PDeCat, Carles Campuzano, había hecho aparentemente lo más difícil, pactar una moción con el PSOE que contaba con el apoyo de ERC y Podemos, la descalificación de la CUP fue suficiente para hacer saltar por los aires el acuerdo, del que los primeros en desmarcarse fueron los republicanos. Tanto ERC como JxCat intentaron señalar a los socialistas como únicos responsables de la ruptura, por la votación de un texto en el Senado a favor de la unidad de España, pero lo cierto es que fue una llamada de Carles Puigdemont la que llevó al PDeCat a retirar la moción, ante el desespero de Campuzano y Jordi Xuclà.

Crisis en el Congreso

Poco después de que Joan Tardà dejara a sus socios de gobierno en la estacada en el Congreso, el presidente del Parlament, Roger Torrent, obviaba el desencuentro y aseguraba en Barcelona que la única salida posible era el diálogo hasta la extenuación con los socialistas para conseguir que el «referéndum imposible» sobre la independencia se convierta en «inevitable» e invitaba a Pedro Sánchez a plantearlo en términos de una consulta vinculante sobre su propuesta de reforma estatuaria o la independencia.

Un discurso que contradice la máxima independentista de la vigencia del 1-O y sus resultados. Si el referéndum del año pasado fue válido y debe ser el punto de partida, no tiene sentido reclamar la celebración de un nuevo referéndum, recuerdan numerosos cuadros independentistas.

Esa contradicción se volverá a poner sobre la mesa el próximo 30 de septiembre, cuando el PDeCat celebrará su Consejo Nacional, en Sant Joan de Vilatorrada, a dos kilómetros de la prisión de Lledoners donde se encuentran recluidos los líderes del 1-O. La primera reunión del máximo órgano entre congresos tras el convulso cónclave del pasado julio debe servir de «homenaje y recuerdo» del referéndum, en uno de los «colegios electorales» utilizados hace un año.

Al día siguiente, 1 de Octubre, el Govern se reunirá de forma extraordinaria en lunes para conmemorar el primer aniversario de la consulta. Una reunión que aprovechará para presentar un nuevo balance sobre las cargas policiales y sus consecuencias, además de la aplicación del 155. Esas cargas policiales y la prisión incondicional de los líderes del 1-O son hoy por hoy el principal capital político del independentismo y prácticamente su único aglutinador real. Pero su reivindicación constante hace muy difícil avanzar en la senda del diálogo que teóricamente quieren explorar con el Gobierno del PSOE.