La Unión Europea ha rechazado el llamado plan de Chequers de la primera ministra, Theresa May, sobre el Brexit. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha advertido a May del riesgo de una ruptura de las conversaciones a menos que presente una solución viable sobre la frontera de Irlanda en octubre, una fecha límite prácticamente inalcanzable según la premier.

«No puede haber acuerdo de retirada sin una solución legalmente operativa para la frontera irlandesa, pero esa solución no puede dividir el Reino Unido en dos territorios aduaneros y presentaremos nuestras propias propuestas en poco tiempo», declaró May en una rueda de prensa tras la cumbre informal de líderes celebrada en la ciudad austriaca de Salzburgo miércoles y jueves, según informa la agencia Efe.

Al tiempo que Tusk amenazaba con la ruptura, el presidente francés, Emmanuel Macron, acusaba a los defensores del Brexit de ser unos mentirosos. Macron ha dejado la diplomacia de lado para decir: «Los que explican que podemos vivir fácilmente sin Europa y que todo va a ir bien y nos va a traer beneficios económicos son unos mentirosos», ha declarado el presidente francés, según informa The Guardian.

May ha intentado convencer a los Veintisiete de la necesidad de evitar el escenario de una salida sin acuerdo. Tusk ha señalado que confía en que se logre que las conversaciones acaben con éxito en una cumbre especial que va a convocar a mediados de noviembre.

Sin embargo, antes han de superar el complejo escollo de la solución sobre Irlanda. «Sin una gran final en octubre, no hay razón para organizar la cumbre en noviembre. La única condición es resolver la cuestión irlandesa», ha añadido Donald Tusk. May dijo horas antes al primer ministro irlandés, Leo Varadkar, que no veía posible llegar a un compromiso sobre este asunto tan pronto.

La UE ha propuesto que Irlanda del Norte permanezca en el mercado único y la unión aduanera mientras que el resto del Reino Unido se retire. Pero May considera que esto dividiría económica y constitucionalmente el Reino Unido.

En un artículo en Die Welt, May afirmaba: «Ninguna de las partes puede exigir de la otra algo totalmente inaceptable, por ejemplo, fronteras exteriores aduaneras entre partes del Reino Unido -algo que no aceptaría ningún otro país en esta situación- o que el Reino Unido tenga los derechos de un miembro de la UE sin tener también las obligaciones que comporta».

Al mismo tiempo defiende su propuesta de una zona de libre comercio entre la UE y Reino Unido sólo para mercancías, pero no para servicios, y afirma que las objeciones de la UE «no se corresponden con la realidad en negociaciones comerciales en cualquier otro lado ni a la realidad de las actuales relaciones comerciales entre Estados de la UE».

Durante la cena del miércoles, sobrevoló la cuestión de un segundo referéndum, que ha llegado a defender el alcalde de Londres, el  laborista Sadiq Khan, entre otros. Sin embargo, May lo rechaza categóricamente: «El pueblo británico decidió irse de la UE y lo haremos el 29 de marzo de 2019».

Lo malo es que nadie sabe cómo, salvo que sea a la brava. El cacareado «Brexit es Brexit» sigue siendo  un enigma encerrado en un misterio.