Es miedo al tiempo, a su paso inexorable sin poder controlarlo, manejarlo ni gestionarlo. Y sobre todo, sin poder rentabilizarlo. El riesgo por el riesgo es inútil. No es la primera vez que lo sienten, pero ahora es diferente. Hace sólo cuatro meses la llave que blandían les dio poder, tanto como para cambiar el designio del Gobierno de España. Ahora esa llave tiene tres copias más y la suya amenaza con quemarles en las manos.

En Sabin Etxea comienzan a temer lo peor; verse atrapados en un avispero que no controlan y cuyo futuro, además de incierto, pueda ser peligroso para el PNV. Cuando giraron el pulgar hacia el no para cambiar el futuro de Rajoy y elevar a la cúspide a Pedro Sánchez jamás imaginaron que aquella nueva oportunidad que se les presentaba se convertiría en una amenaza en un plazo tan breve.

Por ahora, en el PNV nadie piensa en déjarlo caer, en dar la puntilla al débil Gobierno de Sánchez. No al menos de modo inmediato. El mejor escenario para los intereses de la formación de Andoni Ortuzar es que sobreviva, que apure la legislatura hasta 2020. Contribuir a precipitar un adelanto electoral para comienzos de año o la próxima primavera podría salpicar y enturbiar la gran cita electoral del PNV, la que le dota de su poder en Euskadi: las municipales y forales previstas para mayo de 2019.

Los nacionalistas vascos saben que cada día que pasa, cada información que se publica y cada incendio nuevo que surge en Cataluña o se filtra de las antiguas cloacas del Estado eleva el riesgo de mantener a Sánchez. Son conscientes de que mientras truena en La Moncloa, en el País Vasco ellos aún no pueden presentar el beneficio a su apoyo al nuevo Gobierno. Por el momento el balance es de apenas unas minucias. En el PNV esperaban más y quieren más, aspiran a hacer valer la condición de socio preferente con la que les ‘premió’ el nuevo Ejecutivo socialista.

Por eso en esta ocasión su paciencia acumula dosis tan reducidas. En apenas cuatro meses ha empezado a escasear en el PNV. En el partido aseguran que las advertencias de estos días en realidad no son nuevas. Afirman que acumulan dos meses de avisos en privado al Gobierno Sánchez para que dé muestra de que cumple sus compromisos.

“Va en serio, que espabilen”

“Va en serio, o espabilan o nos sentiremos liberados de cualquier compromiso”, advirtió el pasado lunes el presidente del PNV, Andoni Ortuzar. La víspera, ante los suyos, ya había comenzado a perfilar la vía de escape que el partido quiere dejar preparada y abierta por si fuera necesario emplearla: “El tiempo se acaba y la paciencia se agota”, proclamó desde la tribuna del ‘Alderdi Eguna’ (Día del partido) ante decenas de miles de simpatizantes.

Fuentes del partido insisten en que no han visto resultados, que cuatro meses es tiempo suficiente para haber cumplido los grandes compromisos que prometió el presidente Sánchez para obtener los cinco votos decisivos del PNV en aquella tensa tarde del 31 de mayo en el Congreso de los Diputados. Más aún, en los nacionalistas vascos se asegura que se ha ido “hacia atrás”: “Cuando ves que cosas ya comprometidas y prácticamente hechas se tiran hacia atrás, que no han mejorado, ya me dirás…”, aseguran fuentes cercanas al EBB.

La cesión de competencias del Estatuto de Gernika, clave para mantener el apoyo al Gobierno

Se refieren a cuestiones como la reducción de la tarifa eléctrica para las empresas vascas, que prácticamente estaba cerrada con el Gobierno del PP, avances en el TAV vasco aún paralizados, la transferencia de las dos líneas ferroviarias y la autopista que ahora ha incluido “de mala manera” en una propuesta de cesión devuelta por Euskadi al Gobierno.

Sin duda, el gran compromiso que el PNV sigue esperando, sin respuesta ni previsión de ella, es la cesión de transferencias para completar el Estatuto de Gernika. Es el gran logro que los nacionalistas vascos esperan obtener de su apoyo a Sánchez. El propio lehendakari desveló el miércoles que el presidente del Gobierno les reconoció en su encuentro del 25 de junio pasado que 30 de las 37 competencias reclamadas por Euskadi para dar por cumplido íntegramente el Estatuto de Gernika eran “factibles”.

Advertencia sin plazo

El último jarro de agua fría para Urkullu y el PNV ha sido escuchar a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, que una de las grandes reclamaciones vascas, la cesión del régimen económico de la Seguridad Social al País Vasco, no es una “prioridad”. Un golpe duro tratándose de una de las dos materias, junto a la gestión de las prisiones, que el Ejecutivo vasco –en coalición con el PSE- había incluido como preferente en su acuerdo de legislatura.

En este escenario, la advertencia más dura del nacionalismo vasco la lidera Ortuzar, la más moderada Urkullu. La de partido y la institucional, una bicefalia de discursos habitual en el PNV y que compagina comprensión y exigencia casi a partes iguales. “Algunas cosas están sólo a falta de incluirlas en el BOE y no se están haciendo. Se está faltando a compromisos ya adquiridos”, recuerdan en el PNV.

En el PNV confían en que Sánchez agote la legislatura y no adelante las elecciones, evitaría que coincidan con la cita municipal y foral vasca

Al contrario que Quim Torra, en Euskadi los nacionalistas no han puesto plazo de vencimiento a su apoyo, “ya veremos hasta donde llegamos, no hay fecha límite”. Los acontecimientos serán los que determinen el saldo de paciencia nacionalista que queda en Euskadi. Y sin duda, determinar un calendario, de reuniones primero, y de cesiones después, de la largo lista de competencias que reclama el Gobierno Urkullu será fundamental para decidir hasta dónde y hasta cuándo aguantará el PNV su respaldo a Sánchez.

Por ahora su advertencia no es un ultimátum, sólo un aviso, serio, pero aviso. Y si no surte efecto, Ortuzar llegó a poner escena plausible al Gobierno de lo que sucedería: “¿Hace falta apoyar la reprobación de un ministro para que sean conscientes de que vamos en serio?”.

En el entorno del Grupo vasco en el Congreso de los Diputados rebajan la tensión. Afirman que la relación no se ha resentido, que pese a las advertencias que se escuchan en boca del máximo responsable del partido, los ministros continúan llamando al portavoz del PNV en Madrid. Aitor Esteban ha recibido estos días varias llamadas de miembros del Gobierno interesados por el malestar del PNV. “El malestar no es tanto de la relación con nosotros sino de los resultados, que no se llevan a resolver los asuntos, a cumplir los compromisos que se adquieren”, señalan desde el Grupo vasco.

Sin riesgo de dejarle caer

En Lehendakaritza también procuran rebajan la presión. Pese a no esconder ciento malestar por los escasos resultados logrados tampoco los obvian. Recuerdan que ha sido con el actual Gobierno socialista con el que se ha podido retirar varios recursos ante el Tribunal Constitucional presentados por el PP, o el compromiso para mantener el presupuesto pactado entre el PNV y el PP o los movimientos como el inicio del acercamiento de presos de ETA a Euskadi. Subrayan incluso que en cuatro meses se han alcanzado más resultados que en cinco años con Rajoy, “cuando sólo en el último año y por una necesidad de votos para aprobar los presupuestos se obtuvo algo”, asegura un alto responsable del Gobierno vasco.

No veo ningún riesgo, salvo que se tuerzan mucho las cosas”

Estas fuentes añaden que por el momento parece complicado que, si del PNV depende, se deje caer al Ejecutivo de Sánchez, “no veo ningún riesgo, salvo que se tuerzan muchos las cosas”. El pasado lunes Sánchez y Urkullu se vieron por última vez en La Moncloa, durante el acto por el final de ETA que presidieron el presidente del Gobierno español y el primer ministro francés. Una cita que simbolizó las dificultades de la relación entre ambos Gobiernos. Moncloa tuvo que disculparse por retrasar hasta el extremo la invitación del lehendakari al acto.

Y en medio del pulso entre Gobierno y socio preferente, el PSE, el gran aliado del PNV en Euskadi. Su secretaria general en el País Vasco, Idoia Mendia, no desaprovechó la ocasión el pasado miércoles para conversar con Ortuzar. A la salida de un acto político, con Urkullu como protagonista, un breve paseo de diez minutos por Bilbao permitió limar asperezas.

Los socialistas vascos insisten estos días en calmar a los nacionalistas –con quienes gobiernan en las principales instituciones vascas-, recuerdan que ellos también situaron en el programa de Gobierno que comparten el cumplimiento del Estatuto de Gernika como una prioridad.  Destacan que la relación con el PNV no se ha resentido y que continúa siendo fluida, tanto entre formaciones como entre los propios Gobiernos. “Es una relación que se cuida”, aseguran fuentes del PSE.

Por ahora, en el entorno socialista vasco no temen que los nacionalistas den un paso atrás, un viraje que ponga en riesgo la pervivencia del Ejecutivo Sánchez. Al contrario, consideran que blindar esa alianza con el nacionalismo vasco puede ser un útil “contrapunto” frente al caos que crece en Cataluña. “Es algo que se puede presentar como el acierto de recorrer el camino del acuerdo y la legalidad como beneficioso para todos”.