¿Cómo se fundamenta el buen gobierno? ¿Por qué hay países donde la corrupción arraiga en todas las capas de la administración, local, autonómica, nacional, y otros en donde si hay casos salen de inmediato a la luz? ¿Qué reformas son imprescindibles para evitar el mal gobierno? Los polítólogos Víctor Lapuente y Carl Dahlström reflexionan en Organizando el Leviatán (Ediciones Deusto) sobre cómo resulta fundamental separar las trayectorias de políticos y burócratas para que funcione el sistema de controles y equilibrios.

Con el populismo en auge en todo el mundo, la obra de Lapuente y Dahlström, profesores de Ciencia Política en la Universidad de Gotemburgo, da pistas básicas, avaladas por la investigación empírica, para profundizar en la mejora del sistema democrático. Aluden al Leviatán, ese soberano poderoso de Thomas Hobbes, al que los individuos ceden parte de sus derechos y asumen su autoridad. Sería su propósito dilucidar cómo se coordinan políticos elegidos en las urnas y la administración pública para poner en marcha el mejor gobierno posible.

Ponen el foco en España, un país desarrollado donde se han dado casos de corrupción tan llamativos como la trama Gürtel, que ha movido miles de millones de euros sin que se pusieran en marcha mecanismos de control durante años. También aluden al caso de Jesús Gil en Marbella, donde su gobierno era una gran agencia de colocación donde el soborno era moneda al uso, y a la megalomanía de varias administraciones que ha llevado a que en el país haya una decena de aeropuertos fantasmas.

Víctor Lapuente. A.A.

Junto a estos casos de corrupción, los héroes y heroínas que los han denunciado, cuyas vidas muchas veces han quedado desmanteladas. “No podemos depender de los Quijotes que son quienes hasta ahora han denunciado la corrupción en España”, señala Víctor Lapuente, en conversación con El Independiente. Lapuente ha presentado en Madrid esta semana Organizando el Leviatán, junto al ex ministro Jordi Sevilla y el diputado de Ciudadanos Toni Roldán.

Pregunta .- En Organizando el Leviatán os referís a España como paradigma de un sistema político donde anida la corrupción. ¿Somos un ejemplo de mal gobierno en el mundo?

Respuesta.- En corrupción política tenemos un problema serio porque en la cúpula política de las administraciones públicas, a nivel central, autonómico o local, hay corrupción. Pero en España no hay corrupción administrativa, a diferencia de países del Este de Europa, algunas regiones de Italia y de Grecia, y los países emergentes. Allí hay que pagar mordidas para ir al médico o acceder a un colegio u otro, por ejemplo. La corrupción política es dañina, ya no solo por el dinero que se mueve, sino porque se deteriora la imagen del país de cara a los inversores extranjeros. Tiene efecto negativo sobre la inversión pública, la confianza empresarial.

Todos los partidos dicen que no van a politizar y luego lo politizan todo, pero el problema no es de los partidos, sino del diseño institucional»

P.- ¿Esa corrupción política en España es común a todos los partidos políticos?

R.- Es común a todos los partidos porque no es un problema de los partidos en sí, sino del diseño institucional. Si un partido llega al gobierno y te regalan cientos de cargos es difícil que el partido renuncie y no cambie a nadie. Todos los partidos dicen que no van a politizar y luego lo politizan todo: desde las corporaciones audiovisuales públicas al último organismo. Es un error culpar a unos determinados partidos. Es lo que se hizo en Italia en los 90 con el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, esos partidos implosionaron, y el resultado fue Berlusconi y ahora el Movimiento 5 Estrellas.  Es un problema de instituciones, no de partidos. No tiene sentido asociar la corrupción a uno u otro partido, como suele suceder en España. Es simplón hacerlo.

P.- Ustedes recuerdan el caso de la funcionaria Ana Garrido, que comienza a revelar en el Ayuntamiento de Boadilla detalles relevantes del caso Gürtel. Su vida dio un vuelco de 180 grados tras dar ese paso. Aquí se premia la lealtad política y se castiga la lealtad al Estado.

R.- En España puede haber una cultura de la corrupción pero también hay una cultura de héroes. Hay corruptos, pero también héroes, auténticos quijotes,, pero no podemos depender de los quijotes. Deberíamos confiar en que un funcionario normal con familia e interés en su carrera profesional pueda denunciar al político de turno.

P.- La desconfianza en los partidos es una de las consecuencias de la corrupción y el mal gobierno. ¿Puede dar fuerza aquí a partidos como Vox?

R.- España es uno de los países de mayor desconfianza en las instituciones políticas, y donde más ha caído la confianza durante la crisis, y aún no ha habido auge de la extrema derecha. Estamos en situación de riesgo. Ha de darse un descontento social más amplio y un partido capaz de capitalizarlo. Vox es un interrogante y no sabemos dónde nos va a llevar.

P.- A su juicio, ¿hay algún partido en España que proponga reformas creíbles que serían válidas para el buen gobierno?

R.- Muchos partidos en la oposición han hecho propuestas, por ejemplo, estatutos para la dirección pública profesional, pero pocos han llevado a cabo reformas. Deberíamos mirar un poco más hacia el País Vasco y Navarra, en sus mecanismos de recursos humanos. O a la experiencia del Ayuntamiento de Barcelona durante los Juegos Olímpicos y municipios donde han colocado a gerentes profesionales. Las propuestas contra la corrupción de varios partidos están bien pero no sé si son creíbles porque luego, cuando llegan al gobierno escuchan las sirenas de la politización, ven tantos cargos, se embriagan y no quieren renunciar a eso.

Lo que nos distancia de los nórdicos es la gran transparencia de su sector público: la gente sabe que lo que se hace con sus impuestos»

P.- El modelo sueco es un ejemplo de buen gobierno, donde hay una separación clara entre la función pública y los políticos, así como sistemas de control mutuos que funcionan. Si hay corrupción, se denuncia sin temor a represalias. El denunciante está protegido. ¿Es aplicable en España?

R.- No creo que sea deseable copiar ningún modelo. En España podemos aprender de nosotros mismos. Lo que nos distancia de los nórdicos es una gran transparencia del sector público. Estos países tienen un Estado del bienestar muy amplio porque la gente sabe que se hace algo bueno con sus impuestos, Para ello se necesita una total transparencia y evitar privilegios, puertas giratorias,.. En España no hemos cuidado bien el sector público y emite señales de politización, pocos incentivos para trabajar, muchos privilegios… Es una percepción, a veces no es la realidad, pero se fundamenta en hechos. Su imagen es negativa y nadie tiene un programa serio para mejorar esta imagen y el funcionamiento. Si no hay transparencia y más eficacia, no es posible convencer a la gente para que pague más impuestos.

Si la norma social es que hay funcionarios vigilantes cuya carrera no depende del político de turno, habrá menos corrupción»

P.- También tiene que ver con la conciencia ciudadana. En España no está mal visto no pagar el IVA o gastar más agua cuando hay que ahorrar, por ejemplo.

R.- Es cierto. Hay una cuestión de normas sociales. Pero las normas sociales cambian con las instituciones. Parecía que iba a ser imposible mejorar el tráfico pero con el carné por puntos se ha mejorado. Si no hay controles, ni transparencia, y el funcionario mira a otro lado, la norma social es que se pagan sobornos y se acepta. Si la norma social es que hay unos funcionarios vigilantes cuya carrera profesional no depende del político de turno, no habrá tanta corrupción. Las normas sociales cambian con incentivos. Puede cambiar la forma en que circulamos en nuestras administraciones.

P.- ¿Ve a los políticos con interés en este cambio de normas sociales?

R.- Hay cabezas pensantes en los partidos políticos que son conscientes del problema y quieren introducir cambios pero también a la hora de reformar hay muchas resistencias de diversos sectores: los sindicatos, incluso dentro de los propios partidos.. Hemos entrado en una dinámica de politización de las administraciones y funcionalización de la política que es un círculo vicioso. Es cierto que cada vez se habla más de esta cuestión. Antes se entendía que al ganar las elecciones se tenía derecho al botín (esos cargos asociados al control de las administraciones). Ahora se empieza a ver con malos ojos. Por los despachos han circulado proyectos de ley para establecer una dirección pública profesionalizada de las administraciones. Algún día se pondrá sobre la mesa la despolitización de la administración como condición fundamental para alcanzar consensos.

Los partidos políticos, todos en España, funcionan como agencias de colocación cuando llegan al poder»

P.- En ese contexto, ¿qué importancia tienen los últimos casos de políticos en el gobierno (la cuestionada tesis del presidente del gobierno, irregularidades en el pago de impuestos del ministro de Ciencia…) y en la oposición (masters sospechoso del líder de la oposición)?

R.- Importan pero son migajas, comparados con el gran festín que se dan los partidos cuando ganan las elecciones. Lo que realmente importa son los cientos de cargos que se reparten los partidos políticos. Funcionan como auténticas agencias de colocación. El caso extremo fue la Marbella de Jesús Gil y Gil. Es lo que deberíamos vigilar. En España ponemos demasiado la lupa en los políticos que es la capa superficial y deberíamos mirar en las profundidades de la administración pública. Tenemos obsesión con los políticos. Ponemos demasiado el foco en los políticos, como si fueran omnipotentes. Deberíamos mirar a los cientos de miles de trabajadores públicos que son los que sostienen las instituciones.

P.- Pero muchas veces son los propios políticos los que demandan esa atención y no dejan hablar al funcionario o al técnico. Es lo que ustedes señalan en el libro la administración está politizada. .

R.- La responsabilidad primera recae en los políticos. En España demandan protagonismo, es cierto. Viene de una enfermedad de adolescencia. España es una democracia adolescente. Es cuando te crees poderoso e imparable. Los partidos creen que cuando ganan las elecciones, van a cambiar las cosas… Lo que vemos es que los países que funcionan tienen políticos elegidos democráticamente y funcionarios que no dependen de los políticos y no son elegidos por ellos. En Dinamarca, por ejemplo, solo los ministros son elegidos en las urnas. Ellos no designan al resto de los funcionarios con los que trabajan.

P.- ¿Qué le parece el Gobierno de Pedro Sánchez?

R.- Es un gobierno muy débil pero paradójicamente desde el punto de vista político es uno de los más fuertes porque ha comenzado  muy bajo y la acción de gobierno le puede llevar a ganar credibilidad. Tiene la llave de convocar elecciones cuando le complazca. Maneja los tiempos.

P.- ¿De qué manera habría que seleccionar a los funcionarios para que tuviéramos un buen gobierno, según sus criterios? ¿Es un modelo la Escuela Nacional de Administración (ENA) francesa?

R.- No funciona copiar modelos ajenos. De alguna manera en España se ha intentado recrear pero no ha ido bien. Creo que habría que reclutar a los funcionarios de manera meritocrática y menos costosa. El sistema actual es regresivo porque solo familias de clase media alta pueden abordar unas oposiciones que implican una dedicación de varios años al estudio. El proceso de selección sería más parecido al del sector privado. La ENA es más del siglo XIX. Hoy necesitamos administraciones muy flexibles y hemos de atraer más talento del sector privado a todos los niveles.

En otros sitios se premia la neutralidad en la administración pública, aquí la adhesión política. Es el mundo al revés»

P.- Es lo contrario a lo que sucede ahora. El sistema es inflexible y a partir de cierto nivel en España, después del acceso por oposición, ascender es inviable.

R.- Es cierto. Una mujer en el Reino Unido tiene una carrera de mayor alcance que en España. Aquí hay pocos escalones que subir y a partir de un nivel medio se necesita adscripción política. En otros sitios se premia la neutralidad, aquí la adhesión política. Es el mundo al revés. El principal problema son los incentivos. El problema fuerte se ha dado a nivel autonómico y local, donde se han dado casos de nepotismo espectaculares.

Abono para el populismo

P.- En Brasil, donde acaba de ganar en primera vuelta el ultraderechista Jair Bolsonaro, la falta de credenciales de este candidato no le ha impedido vencer a sus rivales. Es más, los votantes brasileños asocian democracia con corrupción y han castigado a los partidos gobernantes. ¿Se alimenta el populismo del mal gobierno?

R.- Sobre todo, se alimenta por la percepción de mal gobierno. Cuando se extiende esta percepción se deslegitima el sistema político. Durante mucho tiempo los estudiosos decían que lo que legitima el sistema es el input del sistema, cómo se elige a los gobernantes, democráticamente o de forma autoritaria. Ahora se considera que es el output, las políticas públicas si se prestan de forma eficaz, eficiente y sin corrupción, o si se beneficia a determinados grupos por sus conexiones políticas, su etnia… La corrupción lleva a la desestabilización, como vemos en Venezuela o Nicaragua, con el populismo de izquierdas, o ahora en Brasil con el populismo de derechas.

El riesgo frente a los populistas es la inacción frente al miedo a estos partidos. El problema es la esclerosis de Europa, más que el desmoronamiento»

P.- Esos partidos populistas en todo el mundo dan respuestas simples a problemas complejos, pero tienen sus respuestas. Mientras tanto no hay reacción por parte de los partidos tradicionales. Y las elecciones europeas de mayo próximo serán una prueba de fuego.

R.- Personalmente creo que la amenaza es menor de lo que parece porque cuando un partido de ultraderecha quiere llegar a más sectores sociales tiene que moderarse, como los Demócratas Suecos o el Frente Nacional. No pueden mantener un discurso antisemita o racista muy estricto. Pero el riesgo es la inacción frente al miedo a estos partidos nos olvidamos de la incapacidad de Europa de reformarse. Estamos perdiendo poder económico frente a EEUU y en relación con Asia. Hemos de hacer reformas poco populares, tanto liberalizar el mercado laboral, como aumentar la protección social. El problema es la esclerosis en Europa, más que un desmoronamiento del sistema.

P.- Hay quienes comparan la situación con los años 30.

R.- No lo creo. En los años 30 los partidos no se moderaban para alcanzar el poder, sino todo lo contrario. En el Este de Europa hay un problema: en Hungría y Polonia. Pero en Europa Occidental no veo peligro. La idea del soberanismo proletario de Salvini no dista mucho de lo que defiende la izquierda en el sur de Europa. Salvini recoge una preocupación de una parte del proletariado y puede tener una salida que no sea el autoritarismo, si los otros partidos se ponen las pilas. No creo que vaya más allá.

P.- Esa idea del pueblo de la que se apropian algunos políticos, los populistas de todo calado. Tan lejos de los ciudadanos.

R.- .Cuando se habla del pueblo, es para echarse a temblar. El problema es el populismo. Lo hemos visto en España con los nacionalismos. Cuando se deshumaniza al oponente, se crean enemigos colectivos, y se habla de los fascistas, los comunistas…En la guerra civil empezaron a jugar con esos enemigos colectivos. Se enciende la llama de la frivolidad apelando al pueblo.

P.– Está pasando en Cataluña.

R.- A corto plazo creo que las aguas se van a calmar en lo político. Seguiremos así hasta la próxima crisis económica y la nueva crisis económica generará una nueva crisis política, cuando los nacionalistas volverán desde el campamento de invierno a intentar conseguir esa mayoría. A medio y largo plazo, los problemas serán las consecuencias de la fractura social. De momento no ha corrido la sangre, pero ha habido altercados, trifulcas y siempre hay un riesgo.