Más de 6.5 millones de andaluces están llamados a las urnas este domingo. Casi 243.000 desde el extranjero. Poco más de 4 millones y medio emitirán finalmente un voto, si hacemos caso a la serie de participación de estos comicios autonómicos, que históricamente han generado un entusiasmo dispar. En seis años, de 1990 a 1996, la participación pasó de un 55 a un 77%. Desde entonces ha decaído hasta rozar el 60% en las últimas citas.

Lo que no ha cambiado nunca es el poder del Partido Socialista Obrero Español. Rafael Escuredo, José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves, José Antonio Griñán y Susana Díaz son cinco caras de una misma moneda: el invencible socialismo andaluz. Nunca destronado y retroalimentado en su propio poder. Desde el final de la dictadura, el PSOE ha tenido más de cuatro décadas para gestionar el destino de la comunidad y sus habitantes. ¿Y qué ha conseguido? Este es el retrato actual, en datos, de la Andalucía llamada a las urnas.

El paro

En el último debate electoral, Teresa Rodríguez pedía a sus rivales dejar de hablar de banderas y empezar a hablar «de las cosas del comer». Es decir, trabajo. O mejor dicho: paro. Según la última Encuesta de Población Activa, correspondiente al tercer trimestre del año 2018, Andalucía mantiene una tasa de paro del 22,85%. La más alta de España, lejos de la media nacional y del destacado norte, que ya consigue bajar de forma homogénea del 10% de desempleados.

En realidad, el paro estructural es un problema global del sur de España que en Andalucía se acrecienta. En la parte baja del ránking siempre la acompañan Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y Murcia, como un virus que aprovecha las fronteras físicas para extenderse de manera previsible. La industria siempre tuvo tendencia al norte, más cerca de Europa, y ese motor nunca ha cambiado de lugar. Ni con gobierno socialistas ni con gobiernos populares en Moncloa.

Una mirada a la curva histórica del paro regional devuelve la montaña rusa que en las últimas décadas ha sido el mercado de trabajo del país. A escala andaluza. Con la UCD, con el PSOE y con el PP mandando en Madrid. Desde el drama disparado por encima del 30% en los finales de legislatura de Felipe González y Zapatero, y en la resaca de la crisis gestionada por Rajoy, hasta el tobogán de la década Aznar en la que el desempleo bajó casi 20 puntos en la comunidad (incluido el cambio metodológico que el INE introdujo en 2002). El pinchazo de la burbuja económica se cebó con el sur: Andalucía retrocedió una década en dos años.

Los datos, sin embargo, tienen poco valor comparativo si no van acompañados del ránking nacional. Y, en ese sentido, no hay ninguna buena noticia para Andalucía pese a la gestión de la que presume Susana Díaz en los debates. Basta ver los datos de paro de 2006, justo antes del estallido de la crisis, y compararlos con los de 2018, para comprobar el estancamiento de la región. Andalucía estaba entonces y sigue estando ahora a la cola del mercado de trabajo.

El estancamiento y las ‘siete Andalucías’

Y no es ningún destino fatal e inevitable: durante este tiempo la inmensa mayoría de comunidades autónomas han modificado su posición en esta clasificación, históricamente dominado por las Islas Baleares. Para bien o para mal. En estos 12 años, Cantabria y País Vasco han subido cinco puestos, Asturias tres y Castilla y León dos. A costa de Navarra, de Aragón y, especialmente, de Madrid. Andalucía nunca consiguió salir del fondo, pese a que la crisis también golpeó fuerte en su entorno: cayeron Murcia, Castilla-La Mancha y Extremadura.

Lo cierto, sin embargo, es que no existe una sola Andalucía. Y que eso se explicita si se atiende al reparto de la ocupación por sectores y provincias. El sector agrario, que representa a cerca del 10% del empleo andaluz, se concentra especialmente en Almería, la provincia más rural e históricamente el feudo más estable del Partido Popular. El mismo que este domingo podría conceder su primera representación institucional a Vox. El peso de Málaga o Cádiz, pese al sector pesquero, es sin embargo muy bajo.

La provincia de Teresa Rodríguez, bastión para Adelante Andalucía, reparte su peso entre los cuatro sectores. Alrededor del 14% tanto en los servicios, impulsados por el turismo, como en el sector industrial, con Navantia como buque insignia y tabla de salvación de municipios como Puerto Real. Supera incluso a Málaga, el pulmón económico de la Andalucía que sobrevive más allá de la fagocitante Sevilla.

En todas partes, no obstante, la campaña ha girado alrededor de los mismos pilares. Unidad nacional, empleo, regeneración…y otros clásicos. Uno de ellos, «el campo» como ente casi etéreo, volvió a emerger en uno de los debates electorales cuando el candidato popular, Juanma Moreno, aseguró que pondría al frente de la Consejería de Agricultura a «alguien que sepa del campo». Le respondió el marido de Teresa Rodríguez por Twitter, alertando de que no fuera ninguno de sus «cuatro amigotes» que controlan el 80% del campo andaluz.

Es un debate recurrente, que insiste en la idea de los grandes terratenientes y el ejército de jornaleros. ¿Tiene razón el Kichi? Más allá de fórmulas románticas, en parte sí: las más de cuatro décadas de gobierno socialista en Andalucía no han hecho demasiado por evitar que la tierra siga estando en manos, mayoritariamente, de grandes propietarios.

Renta y estudios, por debajo de la media

En cualquier caso, la altísima tasa de paro en Andalucía arrastra como un tsunami a todos los demás indicadores económicos. El diseño del mercado de trabajo, los niveles de actividad, los indicadores del consumo…todo condicionado por la renta media de los hogares, que en la última década ha seguido en Andalucía una trayectoria muy parecida a la de la media nacional, aunque siempre varios escalones por debajo.

Ni España ni Andalucía han recuperado la renta media familiar anterior a la crisis económica. Las unidades familiares españolas ingresan ahora de media 27.558 euros al año, en comparación con los 28.787 de 2008. En Andalucía, el dato ha pasado de 25.248 euros a 23.699. Y aunque la curva parezca semejante, no es igual del todo: actualmente la media española está un 4,26% por debajo del nivel pre-crisis, aunque en Andalucía ese bajón es del 6,13%. Eso pese a la importante aceleración del año 2017, que permitió que la comunidad presidida por Susana Díaz pasase a ser la 13ª de España en renta media por hogar, escalando desde el penúltimo puesto del año anterior. Como en el resto de ránkings, la competición se desarrolla entre vecinas: Extremadura, Murcia, Castilla-La Mancha y, en otro nivel, las Islas Canarias.

La renta en Andalucía, como en todas partes, guarda una estrecha relación con el nivel de formación y la cualificación de los puestos de trabajo. Y las estadísticas también muestran una brecha en este sentido: pese a que Andalucía es, cada vez más, uno de los principales focos de atracción de estudiantes universitarios, su nivel de población con Estudios Superiores permanece en el 24,6%, cinco puntos por debajo de la media nacional. No sucede lo mismo con la formación profesional, donde la región supera por apenas una décima al resto de España.

En PISA, sólo mejor que las Canarias

En el extremo contrario, Andalucía prácticamente dobla el porcentaje de analfabetos y supera en más de un 50% el porcentaje de ciudadanos que no acabaron la Educación Primaria. En cuanto a los alumnos en activo, la situación no es mucho más brillante. En la última edición del Informe Pisa, publicada en 2016 con datos de 2015, Andalucía era la segunda peor región de España con 1.418 puntos (sumando las tres especialidades), sólo por delante de las Islas Canarias.

Quedaba lejos de la media del resto de comunidades y de la media de la OCDE, prácticamente coincidentes. Y muy lejos de Castilla y León (1.547 puntos), Navarra (1.544) y Madrid (1.539). Con estos datos en la mano agitó la política andaluza la exministra Tejerina cuando, hace unos meses, dijo la frase de la discordia: «En Andalucía, lo que sabe un niño de 10 años es lo que sabe uno de ocho en Castilla y León». La respuesta, como no podía ser de otra manera, llegó rápido desde la propia Susana Díaz: «Ya no les pido que hablen bien de los andaluces; lo único que les exijo es que no nos sigan insultando».

Pero hay otro dato más preocupante para los niños andaluces. Lo da el INE, y también sitúa a la comunidad a la cola del país, con datos de 2017. Los niños que nacen a día de hoy en Andalucía son los únicos de toda España -excluyendo a Ceuta y Melilla- que lo hacen con una esperanza de vida menor de 82 años. Concretamente 81.84, entre dos y tres años menos que los recién nacidos que vengan al mundo en Madrid, Navarra, La Rioja o Castilla y León.