Quim Torra ha visto este lunes como un fin de semana de intensa actividad política y presencia mediática se convertía en tres sonoros desmentidos a sus postulados en favor de tensar el enfrentamiento con el Gobierno y la Justicia españoles. No es que sus socios de Esquerra, y por supuesto la CUP, no compartan el rechazo a la estrategia de Pedro Sánchez. Pero el apoyo a los sabotajes que lideran los CDR y el abandono de la bandera del pacifismo que supuso la apelación al ejemplo de Eslovenia han reportado a Torra un serio correctivo de los partidos que le invistieron. Mientras el president ayunaba en Montserrat, sus socios han dejado claro que Cataluña se mira en la vía escocesa, el conseller Miquel Buch se ha disculpado con los mandos de los mossos y los presos en huelga de hambre han recordado que su lema es la «no violencia».

Tres desmentidos que confirman la distancia entre Torra, Carles Puigdemont, la CUP y la ANC, proclives a aumentar la tensión con protestas como los cortes de carreteras vividos este fin de semana. Y los actores institucionales, encabezados por ERC y el PDeCat, que han hecho serios esfuerzos para no dejar en evidencia al president, pero dejando claro que no comulgan con un discurso que, tanto en referentes internacionales como por el apoyo a los CDR, remite a las protestas violentas.

ERC intenta reconducir las protestas del 21-D en una movilización masiva y pacífica para evitar nuevas escenas violentas

En este contexto, fuentes de ERC reconocen que están intentando reconducir las protestas anunciadas por los CDR para el próximo 21 de diciembre, coincidiendo con la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, para evitar que se reproduzcan escenas violentas como las del pasado jueves, que en su opinión juegan en contra de la imagen internacional del movimiento independentista. Por ello, han iniciado contactos con la ANC y miembros de los CDR, además de la CUP y JxCat, para concentrar las protestas en una movilización unitaria.

La protesta ha sido convenientemente jaleada desde el Govern, al negarse a celebrar ningún encuentro que no sea una cumbre bilateral del gobiernos, como si se tratara de dos estados, y sobre todo al tachar de «provocación» ese desembarco gubernamental en Barcelona, que no concluirá con el esperado encuentro de Quim Torra y Pedro Sánchez. Pero la forma que deben tener esas protestas vuelve a dividir a los separatistas. Desde ERC abogan por una protesta «multitudinaria y pacífica» a imagen de las movilizaciones de las Diadas, mientras los CDR anuncian cortes de carreteras y presión en la calle para impedir la celebración del Consejo de Ministros, idea que no parece disgustar a Quim Torra.

Buch desoye el mandato de Torra

Tampoco el conseller de Interior, Miquel Buch, parece estar dispuesto a seguir tensando la cuerda con los Mossos, como le exigía el viernes Torra. El presidente catalán no dudó en mostrar de nuevo su apoyo a los independentistas más radicales al exigir una purga en la cúpula de los Mossos d’Esquadra por las cargas en Girona y Terrassa. Y la pasividad de los mossos este fin de semana ante los cortes de carreteras de los CDR, que los sindicatos policiales han atribuido directamente al Govern, confirma que el president está con los antisistema.

Pero en contra de lo exigido por Torra, Buch no ha confirmado cambios en la estructura de mando de los Mossos, ni siquiera en las unidades de intervención, tras reunirse con los jefes policiales, ante los que ayer se disculpó por las «informaciones» que «podían haber molestado». Antes de eso, los portavoces sindicales de la policía autonómica habían completado una ronda de intervenciones en diversos medios para denunciar el abandono de sus responsables políticos. Y entre los agentes corría la convocatoria de la «gripe azul», para secundar el paro al que mañana están convocados todos los funcionarios de la Generalitat.

Con la perspectiva de una huelga de funcionarios en 24 horas, y la amenaza de nuevos cortes de carreteras e incidentes violentos en Barcelona en diez días, Buch ha optado por no soliviantar a los jefes policiales y dejar en su sitio a la estructura de mando de las unidades de intervención de los Mossos.

Huelga de hambre y «no violencia»

Los correctivos a Torra han llegado también de la prisión de Lledoners. Tras diez días de huelga de hambre Jordi Sánchez, Jordi Turull y Josep Rull y Joaquim Forn -que se sumaron a la protesta tres días después- han perdido cinco kilos y han recuperado protagonismo mediático para la causa independentista. Pero no han conseguido doblegar la resistencia de ERC a una nueva coalición electoral con la Crida de Carles Puigdemont, y sí han tenido que recordar que la suya es la vía de la «no violencia» después de que Torra les eclipsara este fin de semana con su fascinación por Eslovenia.

«Siempre han sido defensores de la no violencia, prueba de ello es que han escogido el acto más emblemático de la no violencia que es la huelga de hambre» para protestar contra el Tribunal Constitucional, ha aseverado la periodista Pilar Calvo, convertida en portavoz de los huelguistas, con los que se ha reunió ayer por espacio de dos horas para hacer un primer balance de la huelga de hambre.

«Están bien y animados, aunque más débiles» explicó Calvo, quien rechazó las informaciones que cuestionan la veracidad de la huelga de hambre. Solo han ingerido agua con sales minerales y «en algún caso puntual, glucosa» por indicación de los médicos que llevan el seguimiento de los cuatro huelguistas, asegura la portavoz. Un ayuno que ha llevado a Sánchez y Turull ha perder cinco kilos, mientras Forn ha pedido siete kilos en los siete días de huelga de hambre que acumula junto a Josep Rull, quien ha perdido tres kilos.

ERC no se siente presionada por la huelga de hambre porque es una decisión personal», argumenta Vilalta

La huelga de hambre no ha conseguido, sin embargo, doblegar la resistencia de Esquerra a formar una nueva coalición electoral con la ex convergencia, agrupada ahora en la Crida de Carles Puigdemont, Quim Torra y Jordi Sánchez. Ese es, según diversos observadores, el objetivo nunca especificado de los huelguistas, todos ellos miembros de JxCat. Y la clave que explica por qué Oriol Junqueras y Raül Romeva se han negado a sumarse a la protesta, en la que tampoco participa el presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, que tuvo que hacer de «mediador» entre los presos independentistas cuando Sánchez anunció la protesta en contra de la opinión de Junqueras.

«No nos sentimos presionados porque es decisión personal» ha insistido hoy la portavoz de ERC, Marta Vilalta, quien ha defendido el «profundo respeto» de su partido por una medida tan drástica. «Sentimos un profundo respeto, pero defendemos que es una decisión personal y nos sumamos a la voluntad de denuncia de los presos».