“Sí, se puede”, corean en El Valle, al sur de Caracas. Y el grito retumba como un eco por todos los rincones de Venezuela, donde estos días se están convocando los cabildos (asambleas ciudadanas) en los que los diputados de la Asamblea Nacional, encabezados por su presidente Juan Guaidó, hablan con los venezolanos sobre un nuevo comienzo, sobre una transición en ciernes que habría de desembocar en el fin del chavismo.

En esos cabildos se está fraguando esa nueva era. De ahí que Juan Guaidó (La Guaira, 1983), el más joven presidente de Legislativo, esté embarcado en una actividad frenética que le lleva a recorrer el país de punta a punta. Sabe lo que está en juego.

“Los cabildos son una forma de aproximarse al ciudadano, de generar cambio y esperanza. Hay mucho interés y mucha afluencia. Guaidó llega a hacer dos o tres al día. Es un líder joven, nuevo, que representa un cambio. Hemos comenzado una nueva etapa que puede llevar a la transición”, afirma Fernando Gerbasi, diplomático venezolano afincado en Madrid.

Este mes de enero se suceden los acontecimientos en Venezuela a velocidad de vértigo. La culminación tendrá lugar el 23 de enero, cuando se conmemora el aniversario del fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y cuando el pueblo venezolano está convocado a una gran concentración para secundar la transición democrática. El exilio venezolano saldrá a las calles en decenas de países, entre ellos en España.

Desde agosto de 2017 los venezolanos no han salido masivamente a las calles, víctimas de la desesperanza tras las sangrientas protestas que vivieron ese año (más de cien muertos y cientos de heridos y detenidos), y de la angustia por sobrevivir, debido a las carencias de bienes básicos y medicinas.

“La oposición estaba, como el pueblo de Venezuela, totalmente desesperanzada. Habían trancado todos los caminos hacia la democracia, al impedir el revocatorio, con la Constituyente cubana… Los venezolanos quedamos secuestrados, sin motivos para luchar”, explica Thays Peñalver, abogada, periodista y autora de La conspiración de los 12 golpes.

No hay vuelta atrás. El chavismo optó por la ilegalidad. Al chavismo lo mata Maduro», dice Thays Peñalver

“Ahora la oposición tiene un objetivo común y los que no estén de acuerdo van a ser arrastrados por la fuerza de la calles”, añade Peñalver. Y remarca: “No hay vuelta atrás. El chavismo optó por la ilegalidad. Son ellos los que nos han traído hasta aquí. Al chavismo lo mata Maduro”.

El 23 de enero y los militares

David Smilde, asesor principal de WOLA (Oficna en Washington para Asuntos Latinoamericanos), considera crucial lo que suceda el 23-E. “La oposición no ha tenido capacidad de convocar una marcha desde mediados de 2017. Desde entonces se han marchado muchos jóvenes de su base y no está claro qué capacidad de movilización existe todavía. Claramente la dinámica de las últimas dos semanas ha energizado a la oposición tras la figura de Juan Guaidó, el nuevo presidente de la Asamblea Nacional”.

Smilde aclara que en esa jornada se verá si la movilización se consolida y recuerda que el chavismo también apelará a sus partidarios. Es cierto que el apoyo popular a Maduro es cada vez menor, el aislamiento internacional mayor y por ello las miradas se centran en las Fuerzas Armadas.

Según Smilde, “los militares tienen muchos intereses económicos en el gobierno de Maduro y muchos están comprometidos en corrupción y violaciones de derechos humanos y por lo tanto tiene costos de salida significativos que implica que van a defender a Maduro”.

Sin embargo, aclara el investigador que “si ven que la situación no es sostenible y hay garantías de amnistía, podrían dar la espalda a Maduro. No todos los militares están involucrados en actividades ilícitas y puede haber una división”.  Y concluye: «La movilización en sí no sería suficiente para que caiga Maduro, pero podría ser una señal importante que desmoralice a partes de la coalición del gobierno.

Guaidó sabe que la transición ha de apoyarse en el pueblo, las Fuerzas Armadas y la comunidad internacional. La Asamblea Nacional ha aprobado una amnistía aplicable a todos los funcionarios civiles y militares que colaboren en el proceso de transición.

En sus primeras palabras como presidente de la Asamblea Nacional, Guaidó aludió a los soldados, que “también llegan a sus casas y tienen la nevera vacía”. Y remarcó; “Sabemos que ustedes son parte de la Venezuela que aspira libertad, progreso, justicia, seguridad y oportunidades”.

Presidente de derecho

El proceso, tras una larga gestación, se desencadena la víspera de Reyes. El 5 de enero asumió como presidente de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, el diputado de Voluntad Popular Juan Guaidó. La Asamblea Nacional, declarada en desacato por el chavismo, es el único poder legítimo que queda en pie en Venezuela. Elegida en diciembre de 2015, su presidencia es rotatoria entre las diferentes fuerzas opositoras.

Ha querido el destino que Juan Guaidó, ingeniero industrial de 35 años, la encabece justo cuando Nicolás Maduro tenía que jurar su segundo mandato como presidente, amparado en unas elecciones consideradas ilegítimas por gran parte de la comunidad internacional. La mayor parte de la oposición rechazó esos comicios, celebrados el 20 de mayo de 2018, y no participó por estar convocadas sin atender a la Constitución por una Asamblea Constituyente hecha a medida del chavismo. La abstención se impuso con una cota histórica, un 54%.

Durante 2018 se fraguó el consenso entre la oposición y chavistas disidentes para dar los pasos necesarios para recuperar la democracia. Guaidó se ha empeñado en trabar eses consenso con las fuerzas opositoras que hiciera posible que la Asamblea Nacional asuma de hecho el poder ejecutivo.

El primer paso que dio Juan Guaidó, nada más jurar el cargo, fue negarse a que Maduro tomara posesión ante la Asamblea Nacional, ya que este órgano legislativo considera fraudulenta su elección. Un par de días antes el Grupo de Lima, con la excepción de México, ya había anunciado que no reconocería a Maduro como presidente de Venezuela.

Forman parte del Grupo de Lima Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía. México tiene una posición más cercana a Maduro.

“Nuestro objetivo es construir y unificar la fuerza necesaria para conformar un Gobierno Provisional. Buscamos el cese de la usurpación para conformar el Gobierno Provisional. Desde hoy asumimos la responsabilidad de proponer, sumar y consultar con todos los sectores organizaciones y liderazgos esta ruta”, dijo Guaidó ante los embajadores de la comunidad internacional destinados en Caracas. Esa consulta ciudadana se está haciendo en los cabildos y culminará en las manifestaciones del 23E.

Finalmente, Maduro compareció el 10 de enero en el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por el chavismo, ante una deslucida presencia internacional. Tan solo cuatro jefes de Estado o de gobierno le acompañaron: los presidentes de Cuba, Bolivia, Nicaragua y El Salvador. China y Rusia enviaron representantes.

No lo hicieron ni Estados Unidos, ni la Unión Europea, ni Canadá, ni la mayoría de los vecinos latinoamericanos. El Parlamento Europeo ha sido claro en su apoyo a la Asamblea Nacional y su rechazo al líder bolivariano por considerarlo ilegítimo.

Una vez que Maduro dio el paso el 10 de enero, la Asamblea Nacional declaró formalmente en sesión ordinaria el 15 de enero que había «usurpado» el cargo de presidente de la República e invocó los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución para restituir el orden constitucional.

Juan sin miedo

Guaidó está librando un pulso con Maduro, que ya le ha llevado a recibir un aviso con el arresto por fuerzas del Sebin (inteligencia militar) el domingo 13 de enero. Fue liberado a la media hora. Quienes participaron en su detención ahora están arrestados. El régimen acusa a la oposición de montar un show, pero el hecho denota que la cadena de mando no existe y reina el caos.

Ese día en un cabildo en Vargas, su tierra natal, poco después de ese suceso dijo: “Nicolás Maduro tiene que entender que el juego cambió, el pueblo está en la calle y va a seguir en la calle”. Lejos de asustarle, el intento de arresto ha dado más fuerzas a Guaidó, y le ha hecho conocido en el exterior.

Yo no me voy a esconder, ni me voy a escochar, porque no estoy cometiendo ningún delito», clama Guaidó

“Yo no me voy a esconder, ni me voy a escochar, porque no estoy cometiendo ningún delito. No voy a dejar de venir a mi casa y a mi cuna porque sé que la gente de La Guaira tampoco tiene miedo”.

La trayectoria de Guaidó, discreta pero firme, respalda sus palabras. Es un superviviente, primero del Desastre de Vargas, las inundaciones que sufrió su tierra en 1999, que Chávez gestionó con soberbia. Murieron miles de venezolanos. Su carácter luchador se forjó en las protestas de 2007, cuando los jóvenes defendieron a Radio Caracas Televisión.

Fundador de Voluntad Popular en 2009 junto a Leopoldo López, fue encargado de organización en este partido político, que ha sufrido la persecución de sus principales dirigentes. López, que sigue en prisión domiciliaria, ha anticipado que la concentración del 23-E va a ser histórica. Comparte gestos con Leopoldo López y ese aura de buena persona que genera empatía al instante.

Como diputado en la Asamblea Nacional, ha realizado una tarea titánica en la Comisión Permanente de Contraloría. Realizó una investigación minuciosa en la que se demuestra cómo Maduro está  implicado en la trama de corrupción de la constructora brasileña Odebrecht.

Entonces decía a El Independiente: “El desfalco a la nación ha sido impresionante. Estamos viendo los casos de corrupción más importantes de la Historia del país. Por ejemplo, con la contratación de Odebrecht hay unos 30.000 millones de coste en unas obras que en un 76% están por hacer… Toda esta ganancia súbita impide que lleguen alimentos y medicinas. La corrupción mata”.

Ingeniero industrial formado en la Universidad Católica Andrés Bello, con un master en políticas públicas, su papel ha sido hasta ahora de retaguardia en un partido al que la persecución del chavismo ha castigado con dureza. Leopoldo López sigue en prisión domiciliaria, Freddy Guevara asilado en la embajada chilena desde hace seis meses… y decenas de dirigentes locales arrestados hasta por llevar octavillas.

“Guaidó es el relevo político generacional de Venezuela. Viene de las juventudes que le plantaron cara a Chávez en 2007. Defendieron a Radio Caracas Televisión. Se ha forjado en una dictadura. No ha podido disfrutar en una democracia. No ha tenido libertades para ejercer la democracia y eso le ha fortalecido”, nos cuenta Thays Peñalver, que elogia, sobre todo, “su capacidad de consenso”.

Su Hoja de Ruta está clara: denuncia de la usurpación, encauzar la transición y celebrar elecciones libres. Convoca al pueblo el 23 de enero para que muestre si su voluntad es seguir esa vía. Peñalver considera que ha de ser prudente y  no dar pasos en falso, por ello no cree que deba juramentar aunque la concentración tenga éxito. “Ha de buscar cómo hacerlo con legitimidad”, remarca. “No hay guiones escritos en la Constitución para una transición”.

La comunidad internacional ha de hablar de forma clara. Algunos países como EEUU se han planteado reconocer explícitamente a Juan Guaidó. Maduro, en un giro significativo, ha tendido la mano al presidente Trump en una entrevista en Univisión. “Le declaro mi respeto y le emplazo a negociar”, señala un Maduro que se ve aislado como nunca antes.

A su vez, ha convocado a un encuentro el viernes a embajadores y encargados de negocios de la UE, entre ellos el español Jesús Silva. Más de 60 países se han negado a reconocer al líder chavista.

Sería una señal que los países que no han reconocido a Maduro emplazaran a sus embajadores a que volvieran a Caracas, al no ser representantes de un gobierno legítimo. Tanto la Organización de Estados Americanos como el Grupo de Lima están respaldando los pasos dados por el presidente de la Asamblea Nacional.

El Gobierno español no está tomando en cuenta las posiciones de los países iberoamericanos sobre Venezuela», dice Gerbasi

Fernando Gerbasi lamenta que el Gobierno de España no tenga un papel más activo en este proceso. “Es un proceso, en el que la comunidad internacional juega un papel importante. Lamento que España se esté separando. El PSOE al menos lo declaró ilegítimo. El Gobierno español no está tomando en cuenta las posiciones de los países iberoamericanos sobre Venezuela. España está dejando de lado el componente regional, no está conversando con el Grupo de Lima”, señala el diplomático.

Destaca de Juan Guaidó cómo está actuando “de acuerdo a principios constitucionales, no ideológicos” y también subraya cómo en estos momentos es fundamental ser prudente y no acelerar un proceso, que llevará meses.

Lucho por mi hija Miranda. Quiero que mi hija viva en Venezuela y crezca en Venezuela», afirma Guaidó

El destino ha llevado a Juan Guaidó a asumir un protagonismo que no esperaba. Es un símbolo de una generación luchadora, que quiere trabajar por una Venezuela en democracia. Padre de una niña, Miranda, nacida en 2017, fruto de su relación con Fabiana Rosales, piensa en ella cuando habla del futuro. “Lucho por Miranda y por la familia venezolana. Quiero que mi hija viva en Venezuela y crezca en Venezuela”. Es su lema.

“La suerte de Venezuela es la suerte de Juan Guaidó”, según su mentora, Thays Peñalver. “En 2019 quien se mantenga en pie, política, económica, socialmente, habrá ganado. Es el momento del caos renovador”.

Audentes fortuna iuvat (A los que se atreven ayuda la fortuna). Lo escribió Virgilio en La Eneida hace más de 2000 años y en Venezuela esas palabras suenan premonitorias.