Hubo un tiempo en el que no fue así, en el que lejos de derrocar gobiernos se recurría a ellos para ganar apoyos con los que alcanzarlos. Hubo un tiempo, sí, en el que el derecho de autodeterminación no era cosa exclusiva de independentistas y soberanistas vascos o catalanes. Hoy el derecho de autodeterminación será el telón de fondo que probablemente haga caer al Gobierno de Pedro Sánchez. El inesperado y breve ciclo de poder del ‘ave fénix’ del PSOE verá cómo su negativa a negociar la autodeterminación será la puntilla a su débil Ejecutivo. La ilusión de lograrlo lo aupó hace apenas ocho meses, la certificación de los independentistas de que jamás lo negociará lo puede derrotar.

Entonces no alzaban la voz ni Torra, ni Puigdemont. Era el socialismo español el que salía a la calle con una pancarta para reivindicar el derecho de autodeterminación. Un tiempo en el que se consideró en las filas socialistas como “la solución definitiva del problema de las nacionalidades que integran el Estado español”. Años en los que se llegó a considerar que la salida a las reivindicaciones identitarias de vascos y catalanes partía “indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación” de las diferentes “nacionalidades” que convivían en el Estado y para las que se reconocía su derecho a “determinar libremente las relaciones que van a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español”.

Sucedió en octubre de 1974, en Suresnes, cuando el PSOE aupaba a los líderes que marcarían los primeros años de democracia socialista, Alfonso Guerra y Felipe González. En aquella resolución del Congreso de Suresnes (Francia) nadie imaginó que años después un secretario general del PSOE afirmaría a modo de advertencia y sentencia al independentismo catalán que “la autodeterminación no sólo no es constitucional sino que no la vamos a aceptar nunca”. Aquella no fue la única ocasión en la que dirigentes socialistas la reivindicaron.

El presidente del PSOE, Ramón Rubial, se manifestó por la autodeterminación en 1978

El 26 de marzo de 1978 en el País Vasco y Navarra se celebró el primer “Aberri Eguna” (Día de la patria) vasca. Aún quedaban ocho meses para que la Constitución fuera aprobada en referéndum. El lema de la pancarta no dejaba lugar a dudas de que el espíritu de Suresnes seguía vivo: “Estatuto Nacional de Autonomía. Autogobierno. Autodeterminación”. Tras ella, nada menos que el entonces presidente del PSOE, Ramón Rubial, y el histórico dirigente de la UGT, Nicolás Redondo. La manifestación que recorrió el centro de Bilbao contó con el respaldo de otros insignes cargos socialistas que compartieron pancarta con quienes llegarían a ser pesos pesados de la izquierda abertzale, como Santiago Brouard.

Autogobierno para la autodeterminación

A aquella marcha le precedió un manifiesto en el que entonces el PSE no cuestionó que se reivindicara el derecho de autodeterminación. En el mismo se llamaba a salir a la calle para reclamarlo, incluso a hacerlo en “las cuatro capitales de Euskadi sur –Bilbao, Vitoria, San Sebastián y Pamplona- para expresar “nuestras aspiraciones nacionales”. El mismo, suscrito por todas las formaciones excepto la derecha postfranquista, reclamaban un estatuto de autonomía y recordaban que “la democracia no será plena para nuestro pueblo en tanto, constitucionalmente, no se reconozca su soberanía y el derecho de autogobierno que posibilite su autodeterminación”.

Después llegó la Constitución, se aprobó el Estatuto de Gernika (1979) y se fracturaría el frente en favor de la democracia. La violencia de ETA y la radicalización del nacionalismo vasco, en especial de Herri Batasuna (HB), terminó por contaminar aquella reivindicación que el socialismo vasco defendió durante años y que aún hoy, una de sus ‘almas’ mira con buenos ojos.

En Suresnes el PSOE defendió la autodeterminación como la «solución definitiva» al problema de las nacionalidades

No hay que remontarse tanto para ver cómo algunos de los que incluso aspiraron a liderar el PSOE y disputárselo a Pedro Sánchez lo defendieron. El ya ex cargo del socialismo, Eduardo Madina ocupaba la secretaria de política institucional de las juventudes vascas del PSE cuando en 2000 aprobaron una declaración de apoyo al derecho de autodeterminación. En aquel IV Congreso de las juventudes socialistas, la ponencia política que recibió el respaldo del 80% de sus 120 delegados reclamó un referéndum de autodeterminación “para conocer si los vascos están de acuerdo con el encaje de la Comunidad Autónoma Vasca en España”. El propio Madina declararía después que si Euskadi dice que quiere la autodeterminación “negársela es imposible, en democracia los políticos están para hacer lo que el pueblo diga”.

«No existe»

Para entonces, los apoyos a las tesis de los jóvenes ya se habían enfriado en los mayores. El PSE que encabezó Nicolás Redondo Terreros, (1997-2001), en un periodo de acoso y amenaza violenta de ETA y su entorno hacia el PSE sin precedentes, abrió un abismo en el otrora binomio de complicidad entre el nacionalismo más moderado de los años de recuperación de la democracia y el socialismo más vasquista.

Y la frialdad hacia el reconocimiento del derecho a decidir continuó. El PSE lo manifestó en reiteradas ocasiones en las no pocas iniciativas en las que era reclamado y defendido en el Parlamento Vasco. Lo hizo en 2006, cuando el PSE antepuso “la legalidad y la Constitución” al respaldo a una proclamación por la autodeterminación. Más recientemente, en 2014, su portavoz en la Cámara de Vitoria, José Antonio Pastor llegó a asegurar que el derecho de autodeterminación “no existe”. Hace sólo dos años, su hoy secretaria general, Idoia Mendia, pidió sacar del debate abierto por un nuevo estatuto vasco el derecho de autodeterminación”: “En realidad se pide el derecho a decidir la secesión”, aseguró.

Hasta que cuatro décadas y media después de Suresnes, el presidente del Gobierno, el líder socialista que a punto estuvo de sentar a un relator en sus encuentros con el Govern para dar “encaje” a Cataluña y tonteó con un documento de 21 puntos que permaneció meses oculto y en el que se incluía el derecho a decidir. El pasado sábado Pedro Sánchez dictó sentencia, “el derecho de autodeterminación no es constitucional y no lo vamos a reconocer nunca”. Quizá hoy, el independentismo dicte la suya.