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Las noticias falsas por Whatsapp son el nuevo arma electoral de los partidos

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Cómo Vox roba votos al Pacma y otros riesgos de las 'fake news'

Política

Cómo Vox roba votos al Pacma y otros riesgos de las 'fake news'

Curro iba a ser sacrificado por orden de un juez tras haber mordido a un jornalero rumano que trataba de robar una casa en Huelva. La noticia corrió rápidamente por Facebook, Twitter y Whatsapp en plena resaca de las elecciones andaluzas. Las redes sociales se movilizaron en defensa del perro y sumaron más de 20.000 firmas contra el sacrificio del animal. Lograron evitarlo, más que nada, porque Curro nunca existió. El bulo partió de una web de caza minoritaria y varias cuentas del entorno de Vox impulsaron su viralización entre grupos en defensa de los animales.

«En la campaña electoral de Andalucía ya se utilizó masivamente la desinformación como estrategia electoral, sobre todo desde Vox», afirma Joan Navarro, sociólogo y consultor político, vicepresidente de Asuntos Públicos en Llorente y Cuenca. Y advierte: «Todos los partidos políticos están preparándose para hacer esto en la próxima campaña electoral de forma organizada y masiva. Hay gabinetes especializados en la construcción de noticias falsas y tergiversadas para atacar al enemigo. Contratan granjas de bots y compran tráfico en redes destinados a construir campañas de desinformación contra la competencia”.

Siempre se han hecho campañas de desinformación en política, pero nunca al nivel que veremos durante la campaña electoral del 28 de abril y las posteriores elecciones europeas de mayo. La estrategia es cada vez más sofisticada. «Más que movilizar a los propios se trata de desmovilizar a los otros», explica Navarro. «Una de las estrategias del entorno de Vox en las andaluzas fue incentivar el voto anti musulmán entre los animalistas, con diversos bulos de inmigrantes maltratando supuestamente animales. Así se consigue colar mensajes de forma indirecta en entornos a los que aparentemente este partido nunca seduciría, como votantes del Pacma».

Mira Milosevich, investigadora principal del Real Instituto Elcano, prefiere hablar de desinformación que de fake news: “¿Cuándo una noticia falsa representa un peligro para un sistema democrático? Cuando corresponde a una estrategia política clara para influir en un proceso electoral. Un bulo aislado no significa nada. Pero si hay una estrategia premeditada, hay una campaña con objetivo político de intervenir en un proceso como unas elecciones”.

Los españoles somos los europeos que más se creen las noticias falsas, según la última encuesta de Ipsos Global Advisor en 27 países del mundo, que recoge que el 57% de los españoles reconoce haberse tragado un bulo alguna vez.

«Los partidos políticos están preparándose para usar fake news en la próxima campaña electoral de forma organizada y masiva», afirma un consultor político.

«Desde este verano en España hemos empezado a percibir un rápido aumento de la desinformación, especialmente con noticias falsas respecto a inmigrantes», afirma Clara Jiménez Cruz, cofundadora de Maldita.es, un medio sin ánimo de lucro centrado en verificar datos en el que trabaja una decena de periodistas. “Vemos que hay bulos organizados que aparecen en España y ese mismo día están saliendo varios bulos similares en varios idiomas en Alemania, en Francia, en Italia… Es obvio que a veces hay una coordinación tanto a nivel de Whatsapp como de webs».

El perfilado de datos en redes sociales permite pagar a plataformas como Facebook e Instagram para que hagan llegar un contenido (falso o no) a un grupo sociodemográfico muy concreto. Por ejemplo, chicas andaluzas animalistas de 20 años que de forma aparentemente casual podrían empezar a ver en sus redes noticias sobre musulmanes que dañan a los animales sin saber que son bulos. «Solo las verían ellas, y como no hay obligación legal de especificar que ese enlace es patrocinado no será consciente de que le inoculan un racismo financiado con una campaña oculta», añade Navarro. «Un partido puede comprar visualizaciones de mensajes para que los vean perfiles próximos al Pacma con bulos con apariencia de noticia sobre un musulmán ha castrado conejitos o sacrificado un cordero. Y una vez que vas generando un estado de opinión esos usuarios son más permeables a esta información».

Desinformar es previo pago es perfectamente legal y difícilmente controlable. Además, se ha convertido en un negocio en sí mismo ya que estas empresas tecnológicas cobran por esparcir contenidos, sean bulos o no.

Del cartel electoral al whatsapp

Esta campaña electoral de las Elecciones Generales del 28 de abril será la primera en la que los partidos políticos puedan utilizar propaganda genérica a través de Whatsapp y utilizar los contenidos compartidos en redes sociales para trazar perfiles ideológicos de sus potenciales votantes.

El estratega político busca ahora que «ardan las redes», así lo llaman. «Los partidos dirigen estas campañas de desinformación difundiendo bulos sobre todo para ganar visibilidad», explica Yolanda Quintana, experta en tecnología y coordinadora y secretaria general de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI). «Cuando tus mensajes se dirigen a la comunidad opuesta eso genera más ruido en redes sociales y en una economía de la atención conseguir muchas críticas logra más visibilidad de este tipo de mensajes porque llegas a gente fuera de tu red. Se comparten más contenidos que generan indignación, por lo que muchos trending topic se logran no por la comunidad afín sino por el espectro ideológico opuesto».

Quintana no esconde su indignación. «Se suponía que la ley española de protección de datos sería en defensa de los derechos digitales y, sin embargo, legaliza de manera implícita el spam electoral y la realización de perfiles ideológicos», explica la experta. «No solo se permite perfilar a los usuarios por sus afinidades políticas, también por cómo interactúa ante determinados mensajes y los comentarios que realiza en redes sociales».

Igual que un rato después de buscar hoteles en Alicante en algún buscador uno no para de recibir anuncios de destinos similares, los partidos políticos ya pueden utilizar las preferencias de navegación de los ciudadanos para hacerles llegar mensajes en campaña electoral. Y eso incluye Facebook, Instagram y Whatsapp.

De este modo, gracias al uso agregado de big data, es posible predecir cómo va a reaccionar un usuario ante la inmigración, los derechos de la mujer o la custodia de los hijos. Y si los partidos políticos tienen un informe detallado de qué resortes emocionales pueden activar para influir en cada grupo de ciudadanos, puede hacer una campaña prácticamente individualizada:  «Los partidos saben que su mensaje no es eficaz cuando es generalista, entonces hacen mensajes a medida individualizándolos en función de cada usuario», explica Quintana.

Los partidos políticos tienen acceso a un informe detallado de qué resortes emocionales pueden activar para influir en cada grupo de ciudadanos

“Con la nueva ley de protección de datos nadie te puede ni enviar un email para invitarte a un seminario si no has dado visto bueno explícito, y, sin embargo, las plataformas pueden vender a partidos políticos nuestros datos. Es hipócrita”, sentencia Milosevich.

En un contexto en que cada segundo de publicidad electoral en medios tradicionales como la radio y la televisión está hiperregulado, la propaganda en redes sociales campa a sus anchas. «Las campañas negativas han existido siempre en comunicación política y han fomentado espirales de descrédito que desaniman a la participación», recuerda el politólogo Lluis Orriols, vicedecano de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III de Madrid. «Ahora es más fácil que nunca detectar un target preciso para generar descrédito a medida con campañas muy personalizadas. Estamos ante la antesala en un cambio de paradigma en la mercadotecnia, en la fase incipiente del cambio».

Hasta diciembre, el uso de los datos de navegación por parte de los partidos no estaba regulado y algunos grupos políticos lo hacían aprovechando un vacío legal. «Ahora la nueva normativa lo autoriza abiertamente», reconoce Navarro. «Y hay cada vez más empresas de marketing político dedicadas a ello».

La modificación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General ha generado muchas dudas entre los expertos. A Quintana no le cabe duda de que el Reglamento Europeo de Protección de Datos impide estas prácticas y la nueva ley española tiene una redacción ambigua que se lo salta, por lo que esto puede acabar en los tribunales europeos.

“El consentimiento que se exige tener para poder hacer perfilados de cualquier tipo, también perfilados comerciales, debería ser explícito”, coincide Ana Azurmendi, profesora de Derecho de la Información en UNAV. “Tendrían que preguntarnos claramente si quieres que tus datos sean utilizados para este fin, porque el reglamento europeo dice que hay una obligación de las empresas y los partidos políticos de tener el consentimiento informado. No se entiende que los partidos puedan hacer uso de nuestros perfiles con tanta libertad sin tener la certeza de que los ciudadanos estamos informados de que nuestros datos se usan para estos fines”.

«No creo que el perfilado con big data sea comparable a lo que antes se hacía con el censo electoral y las llamadas de teléfono», afirma Azurmendi. «Esto es dirigir información personalizada, no es utilizar datos anonimizados porque si me pones en mi Facebook un contenido generado por robots para que yo lo lea está hecho para mí».

Cuidado con los rusos y con tu suegro

El director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, compareció esta semana en el Congreso de los Diputados para explicarle a sus señorías que «estamos preparados para proteger las elecciones de cualquier ciberataque, aunque no estamos exentos de las fake news o cualquier otro tipo de influencia externa». Alertaba Sanz Roldán que la manipulación de la opinión pública usando datos falsos podrían sucederse en España en las próximas citas en las urnas igual que ya se han dado en otros países, en referencia a campañas de desinformación orquestadas desde el extranjero.

La victoria de Donald Trump en 2016 y el referéndum del Brexit fueron las primeras citas en las urnas que vivieron campañas de desinformación organizada a gran escala. La mirada está puesta en Rusia. «Los medios controlados por el Kremlin, disponibles en varios idiomas incluido en español, ofrecen por sistema información contra el establishment de las democracias europeas», explica Milosevich. «Cuando Bélgica rechazó extraditar a Puigdemont, Sputnik publicó noticia de que las cárceles de España no respetan ni garantizan los derechos humanos. En el texto no justificaba eso, pero el titular que es lo que se viraliza». 

Los bulos por Whatsapp se sofistican y ahora llegan en forma de testimonios  con voces en primera persona que te cuentan que tienen un familiar que es policía

La desinformación como arma geopolítica se ha convertido en un fenómeno mundial, de México a Alemania, de Brasil a la India. Facebook ya ha activado mecanismos de control para detectar campañas de fake news, especialmente en períodos electorales. En enero eliminó más de 700 páginas, cuentas y grupos controlados desde Irán que actuaban en más de 20 países, incluido España. Las cuentas desactivadas, con millones de seguidores tanto en Facebook como en Instagram, estaban diseñadas para parecer locales y sin estar dirigidas aparentemente a ninguna comunidad en particular.

Maldita.es tiene localizadas más de un centenar de webs dedicadas a la desinformación. «El problema de la desinformación en España, a diferencia del resto de Europa, no son las páginas web, es el Whatsapp», afirma Jiménez Cruz. «Y eso es mucho más difícil de detectar».

Últimamente están detectando bulos más sofisticados en forma de audios de Whatsapp : «Son testimonios truculentos sobre personas migrantes, voces en primera persona que te cuentan que tienen un familiar que es policía y que le cuentan que grupos de musulmanes están violando mujeres o audios sobre una supuesta ayuda de inserción catalana que solo se la dan a inmigrantes y mujeres denunciantes violencia», explica Jiménez Cruz. «Al venir en primera persona y con sentimiento de la voz tienen más credibilidad, pero cuando lo investigamos no hay tal caso, ni denuncias ni prueba de que haya ocurrido».

Según datos del Reuters Institute de 2018, en Europa la media de gente que dice informarse por lo que le llega por Whatsapp es de entre el 6% y el 11%, mientras que en España ronda el 36%,  España al nivel de Brasil y Argentina.

Los mayores de 65 años los que más noticias falsas comparten y el 36% de españoles dice informarse por Whatsapp

No son los más jóvenes, sino los mayores de 65 años los que más noticias falsas comparten, según una reciente investigación de la Universidad de Princeton y la Universidad de Nueva York, que concluye también que la difusión de bulos aumenta especialmente en periodos de alto interés informativo como las campañas electorales y pueden influir en la opinión pública.

«El riesgo añadido para la desinformación que circula por Whatsapp es que al ser un comunidad cerrada, es difícil detectar muchos bulos y si no tienes un familiar que te avisa de que es un bulo no te enteras», afirma Jiménez Cruz. «Insistimos mucho a nuestra comunidad de usuarios que una vez que desmentimos algo tiene que transmitirlo a sus grupos, porque está comprobado que si quien te lo desmiente es un familiar te cala mucho más que si lo dice un medio de comunicación. La cercanía crea empatía y credibilidad».

“El uso del big data no es un riesgo en sí mismo, pero es un peligro para la democracia cuando se acompaña de la desinformación y  propaganda para explotar el miedo de los ciudadanos”, advierte Quintana. “Estas estrategias de propaganda política no son nuevas, pero el big data permite elegir a medida qué miedos activar en cada ciudadano, si lo que te da más miedo es quedarte sin empleo o te preocupa la situación de la sanidad pública”.

Soluciones de urgencia para votantes desinformados

A principios de 2018 se creó un grupo de alto nivel a nivel europeo en el que Maldito Bulo era el único representante español. Este grupo de expertos creado por la Comisión Europea para analizar el riesgo de las fake news tuvo 40 personas trabajando durante tres meses. «Normalmente estos grupos de expertos se suelen formar con 3 o 4 personas y durante 6 meses», explica Jiménez Cruz, que asistía a las reuniones en Bruselas. «Éramos tantos que al final el informe quedó diluido», reconoce.

Todos los expertos coinciden en que la solución pasa por varios ejes de actuación. “Las grandes plataformas están poniéndose las pilas para trabajar conjuntamente para ver cómo frenar el fenómeno de la desinformación», afirma Pepe Cerezo, director de Evoca Media y autor de Los medios líquidos.»La desinformación está en la agenda política y debería estar también la prevención y la formación entre los ciudadanos. No vale con que se autorregulen las plataformas ni con que los gobiernos legislen. No hay una sola vía de actuación para un problema tan complejo”.

También está aumentando la importancia de los medios de comunicación tradicionales como verificadores de datos. Entre tanta desinformación son precisamente los medios tradicionales los que pueden recuperar su valor como medios de referencia.

Es mejor que se abra paso la información de calidad que ningún tipo de censura. “¿Qué verificas y quién lo verifica?», advierte Jiménez Cruz. «Los factcheckers profesionalizados tenemos ciertas medidas para que el procedimiento sea lo más honesto posible, pero es complejo garantizar objetividad. Tener un juez cerrando páginas web de noticias falsas tampoco tendría utilidad, porque si cierras una surgen 20. Además, en España lo que más se viraliza son imágenes, audios y mensajes de Whatsapp que llegan sin links». Por eso la periodista recomienda que los desmentidos de bulos virales se tomen más en serio en grandes medios y que la verificación se convierta en asignatura en el curriculum escolar.

Verificar un bulo es tan fácil como reenviar por Whatsapp cualquier contenido dudoso a Maldito bulo (655198538) y Newtral (682589664)

También hay mucho que hacer a nivel individual. Entre las herramientas más sofisticadas para desenmascarar bulos virales están las plataformas que permiten conocer el origen de una fotografía como Google Imágenes o Tineye, que son buscadores como el Google de toda la vida pero para detectar el origen de una imagen para ver de dónde viene y si su origen, por ejemplo, está en un banco de imágenes o en una noticia de hace cinco años (muy útil, por ejemplo, para casos de fotos de manifestaciones fuera de contexto). Para detectar modificaciones en fotografías trucadas está ImgOps.

En el caso de los vídeos, existen herramientas similares para detectar vídeos falsos como Youtube Data Viewer y Anilyzer. Incluso hay extensiones para añadir al navegador como esta de Maldito Bulo para que salte una alerta cuando visitamos una web donde abundan las fake news.

Ante la epidemia de desinformación interesada, cada vez hay más iniciativas periodísticas destinadas a la verificación que están al alcance del usuario. Es tan fácil como reenviar por Whatsapp cualquier contenido dudoso a Maldito bulo (655198538) y Newtral (682589664) para que verifiquen al usuario si lo que te está llegando es información falsa o veraz. Ambas plataformas también están accesibles en Facebook y Twitter, desde donde informan y desmienten mentiras viralizadas.

Por su parte, la PDLI ha lanzado un formulario, redactado por juristas especializados, para impedir que los partidos puedan crear perfiles con las opiniones políticas de los ciudadanos. Solo hay que rellenar el documento y enviárselo por email a los partidos para exigirles que concreten qué información tienen de uno y exigirles la supresión de cualquier dato personal. «Tenemos derecho a oponernos a que haga un tratamiento automatizado de estos datos», dice Quintana, que asegura que hasta ahora los partidos a los que se lo han hecho llegar niegan estar haciendo ningún uso de ello. «La clave será ahora, a partir de que empiece la campaña electoral». El consejo en el que más insiste desde la PDLI para frenar las fake news es hacer hincapié en la formación y la concienciación de los ciudadanos.

Para impedir que los partidos puedan crear perfiles con las opiniones políticas de los ciudadanos la PDLI tiene un formulario

Pero el debate legislativo sigue abierto. ¿Se puede proteger al ciudadano de la desinformación organizada? ¿Cómo sancionar la información falsa sin poner en peligro la libertad de expresión? Países como Canadá, Alemania y Francia han puesto en marcha mecanismos de control en época electoral para detectar campañas de desinformación, sobre todo para las noticias falsas financiadas desde terceros países. En todavía España no hay nada parecido.

La autorregulación de las grandes empresas es otra de las vías.  Facebook y Google han prometido desplegar equipos específicamente para combatir la desinformación durante periodos electorales, aunque expertos del sector aseguran que están lejos de emplear los recursos suficientes para detectar cuentas y noticias falsas.

Falta consciencia en el ciudadano, pero también transparencia en las redes sociales: «Si una plataforma cobra por una campaña debería informar qué partido la promociona», sostiene Navarro. «Es perfectamente legal perfilar por votantes o consumidores. Que Facebook tenga identificado al colectivo animalista y venda esos datos no puede ser ilegal. Pero que Facebook haga una campaña contratada por Vox o algún grupo afín sin informar al usuario de quién lo paga es lo que todavía está sin regular. Facebook tendría que ser más transparente e identificar quién promociona una noticia».

¿Quién decide que es verdadero o no? «No podemos esperar del Estado que nos proteja de que seamos tontos», plantea Milosevich. «Debe insistirse en la responsabilidad individual y hacer campañas de concienciación para que la gente no comparta noticias falsas”.

Hay compañías de supermercados preocupadas por los bulos sobre ellas que circulan en la web promovidos por la competencia

«Obligar a la gente a verificar contenidos por su cuenta es complejo», explica Miquel Pellicer, director de comunicación de grupo de Comunicación Lavinia y profesor de la UOC. “Incluso está sobrepasando a muchos periodistas, que no se preocupan por verificar ciertas informaciones porque están más preocupados por la rapidez y el clic”.

Pellicer apuesta por convertir el desmentido de bulos en un negocio en sí mismo: «Las empresas están buscando especialistas en verificar información, no solo para medios de comunicación y partidos, también para las empresas. La desinformación no solo afecta al ámbito político. Ya hay empresas que se ven perjudicadas porque les afectan bulos que sospechan que los puede esparcir la competencia. Antes era algo más rudimentario, escribir reseñas negativas en Tripadvisor». Y advierte el experto en comunicación:  «Ahora hay compañías de supermercados preocupadas por los bulos sobre ellas que circulan en la web promovidos por la competencia. La estrategia de desinformación siempre ha existido, pero nunca han sido tan fácil hacerlo a gran escala.

No hay manera de medir hasta qué punto las noticias falsas influyen en la campaña electoral. Empíricamente no podemos saber qué votó alguien y por qué a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que los ciudadanos seamos demasiado crédulos es tan peligroso como que pasemos a no creernos nada. Los votantes desinformados, igual que los políticos irresponsables, ponen en riesgo la democracia.



Ni son tantas, ni todas las propagan robots. Sin embargo, la cantidad de ruido en la información digital hace crecer las noticias falsas casi personalizadas. Es difícil distinguirlas. E incluso así, está demostrado que nos gusta compartir lo llamativo, aun sabiendo que es mentira. La analítica y la inteligencia artificial son las bazas para quienes inyectan contenidos con ciertos intereses dentro la conversación cibernética. Pero son también las herramientas que, junto al periodismo, permitirán desenmascarar a las fake news, la desinformación o las medias verdades.Varias voces expertas nos dan algunas pinceladas en este vídeo para retratar un fenómeno que se ha colado en las campañas electorales, pero tamnbién en el discurso cotidiano. Vídeo: M. Viciosa y G.M. Piantadosi