Por primera vez en mucho tiempo, Pablo Iglesias está tranquilo: el rápido acuerdo con Pedro Sánchez para un Gobierno de coalición tras tres intentos malogrados desde enero de 2016 le mantienen ocupado estos días posteando en Instagram fotos con su perro o metiéndose -de refilón- en polémicas como la del futbolista Zozulya. Solo queda un escollo nada sencillo para la investidura: la abstención de ERC.

Y ese obstáculo ha echado raíces en un momento vertiginoso del procès: en apenas 24 horas entre el jueves y el viernes trascendieron una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que decreta que el líder republicano catalán Oriol Junqueras gozaba de inmunidad cuando le fue denegada la posibilidad de recoger su acta de diputado; después la inhabilitación al actual president Quim Torra y luego el levantamiento del veto a Carles Puigdemont y a Toni Comín por parte del Parlamento Europeo tras el fallo del TJUE.

Todos los analistas coinciden en que la concatenación de resoluciones judiciales complican la investidura: ERC se ha envalentonado y exige al Gobierno algún gesto, que podría pasar por la Abogacía del Estado. Los de Junqueras y Gabriel Rufián también temen el ascenso del PDeCAT/JxC.

Iglesias ha aprendido a ser prudente con el PSOE, un partido que no le podía ni ver a lo largo de 2016 y que se sumió en la mayor crisis de su historia a finales de ese año por su cerrazón a pactar con Podemos. «La apuesta por la judicialización del conflicto político en Catalunya ha alejado un escenario de resolución y ha deteriorado la imagen de nuestra Justicia», acertó a escribir el líder morado en Twitter, bastante menos osado que el ministrable Garzón, quien simultáneamente afeó el «ultranacionalismo» de las «altas instancias judiciales» en la misma red social.

Pero Iglesias lidera una coalición llamada Unidas Podemos que integra a varios partidos, y uno de ellos es Catalunya En Comú más conocido como los Comuns. Liderados por Ada Colau, este viernes los Comuns pidieron en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona la «libertad inmediata» de Junqueras, la revocación de la inhabilitación a Torra y la condena por la «vulneración de derechos fundamentales» a Puigdemont y Comín.

Con un PSOE tratando de acercarse a ERC para convencerles de que no se echen al monte en su Consell Nacional y permitan sacar adelante la investidura, el sesgo soberanista -que no secesionista- de los Comuns tensa aún más la cuerda, reconocen todas las partes consultadas.

El diputado Jaume Asens, tenido por soberanista dentro de Catalunya En Comú, no sorprendió a nadie con su tuit. Pero aviva las llamas de la polémica: «Necesitamos a los presos en libertad para escapar definitivamente de la excepcionalidad política».

En medio del terremoto desatado entre las justicias comunitaria y española (el varapalo que recibe el Supremo por la sentencia del TJUE es notorio), Iglesias ha pedido a los suyos (26 diputados de los 35 de UP) echar balones fuera. Los altos cargos aseguran a quienes les preguntan que ellos ni pinchan ni cortan en la negociación, que todo queda entre el PSOE y ERC y que esperan que la investidura se despeje cuanto antes.