Antoni Bayona (Sabadell, 1954) se convirtió -muy a su pesar- en un de los protagonistas secundarios del procés independentista como letrado mayor del Parlament. Reconoce que han sido «los peores años de mi vida profesional» y así lo expresa en el libro «No todo vale», un repaso de lo sucedido en Cataluña que ha visto la luz coincidiendo con el juicio al procés. Este lunes comparece como testigo ante el Tribunal Supremo.

Pregunta.- En su libro cuestiona la instrucción del juez Llarena y la imputación de los delitos de rebelión y sedición, pese a que fue muy crítico con el procés.

Respuesta.- Una cosa no es incompatible con la otra. Desde Cataluña se orientó el procés por la vía de la unilateralidad, la desconexión, el no considerarse vinculado por los dictámenes del TC, haciendo entrar en crisis el sistema desde el punto de vista jurídico. Creo que enfocaron el proceso a una vía abocada al fracaso. Pero por otro lado, desde el Estado no ha habido respuestas adecuadas, no dando opciones de negociación política y aplicando un legalismo demasiado estricto. A nivel judicial el Estado tiene ahora una prueba de estrés con la imputación de rebelión y sedición; si nos ceñimos a una visión técnica del Código Penal, los hechos no se pueden encajar en estos delitos, y el Código Penal es una norma que se debe aplicar de forma muy estricta, no se pueden hacer analogías ni condenar por elevación.

El Estado afronta una prueba de estrés con la imputación de rebelión y sedición, los hechos no se pueden encajar en esos delitos

P.- ¿Comparte, en este sentido, la negativa del Tribunal de Schleswig-Holstein a conceder la extradición de Carles Puigdemont?

R.- La interlocutoria de Schleswig-Holstein puede ser criticada, porque se excede del marco de una ejecución de euro orden, esto puedo compartirlo. Pero si el tribunal decidió entrar en el tema debía ser porque lo vio necesario. Haciendo una comparación entre el auto de procesamiento del Supremo y la interlocutoria de S-H me siento más identificado con el planteamiento del tribunal alemán.

P.- Afirma en su libro que el 1-O “no fue un acto inocente”.

R.-Lo que pasó el 1-O no entra en situación de violencia en el sentido que requeriría un delito de rebelión pero sí creo que alguien pensó que haciendo el referéndum, si había intervención policial podría ir bien para crear una cierta imagen. Y efectivamente, a partir del 1-O genera el discurso de la represión. Por eso soy muy crítico con el intento de evitar el referéndum -cosa que no se consiguió- por el uso de la fuerza, cuando era un referéndum que se desacreditaba por sí mismo, no tenía ninguna opción de ser reconocido internacionalmente. Fue un error al que contribuyeron unos, calculando mal, y otros, esperando que pasara.

P.- ¿El Gobierno cayó en la trampa?

R.- El Gobierno cayó de bruces en la trampa del 1-O. Rajoy llevaba meses diciendo que ese referéndum no se haría y al final fue prisionero de sus palabras. Puedes intentar frenar algo por la fuerza cuando crees que tienes opciones de conseguirlo, pero si encima sabes que no lo conseguirás te lo tienes que pensar dos veces. En la sociedad actual es difícil argumentar que el uso de la fuerza es legítimo, tiene mala prensa y esto tampoco se calculó.

P.- Advierte en el libro que una sentencia dura enquistará el problema en Cataluña. Parece contradictorio que un jurista piense en las consecuencias sociales y no en el marco jurídico que sustente la sentencia.

R.- En este caso pienso en la repercusión social de la sentencia. Si se da una sentencia dura -que espero que no llegue porque creo que técnicamente es dificultoso que los hechos encajen en delitos que comporten condenas tan fuertes- pero si pasara, me preocupan las declaraciones del president Torra en el sentido de que ése debe ser el momentum para que vuelva a pasar algo en Cataluña. Esto genera preocupación.

Se puede pensar que lo que ha pasado en Cataluña no puede quedar en una simple desobediencia, que debería tener un castigo mayor. Pero el problema está en el Código Penal»

P.- ¿Confía en que no serán condenados por rebelión o sedición?

R.- La rebelión y la sedición son delitos de la época analógica. Están pensados para otro momento, para las rebeliones clásicas de finales del siglo XIX y principios del XX con unos supuestos que han quedado superados por situaciones más ambiguas, para las que el Código Penal no tiene respuesta. Se puede pensar que lo que ha pasado en Cataluña no puede quedar en una simple desobediencia sino que debería tener un castigo mayor. Pero el problema está en el Código Penal; este supuesto no está contemplado y lo que no puedes hacer es tirar por elevación.

P.- ¿Ve a Torra y los actuales líderes independentistas dispuestos a volver a la vía unilateral?

R.- Esas declaraciones de Torra me llevan a pensar que no han descartado esta opción. Podrían justificarlo como la respuesta a una injusticia. Tengo este temor, se ha dicho y varias veces.

P.- ¿El Gobierno de Pedro Sánchez se ha equivocado tendiendo puentes con un Govern que sigue contemplando la vía unilateral?

R.- Valoro su decisión, abrió un espacio de diálogo que era estrictamente necesario. El problema es que se encontró con unas exigencias insostenibles. Cuando ofreces diálogo y te responden con la exigencia de un referéndum de autodeterminación, mediación internacional y liberación de los presos hasta provocar la caída del Gobierno, alguien debería pensar en el independentismo que hay que empezar a rebajar posiciones, asumir una vía más moderada para encarrilar el diálogo sobre posibles soluciones.

P.- Ve a los líderes catalanes capaces de rebajar la tensión?

R.- Creo que no, todo depende demasiado de lo que pase en el Tribunal Supremo. Hay una parte del independentismo muy radical y la otra que ha dado signos de moderación -básicamente ERC- pero tampoco es claro. Ahora estamos en un callejón sin salida.

Aplicar el derecho de autodeterminación a Cataluña, que tiene autonomía, autogobierno e instituciones propias va más allá de la ingeniería jurídica para llegar a la ignorancia jurídica»

P.- Critica en su libro que se ha hecho ingeniería jurídica.

R.- La ingeniería jurídica no es mala en sí misma. El derecho puede ser creativo; para lo bueno y para lo malo. En este caso lo utilizo en sentido peyorativo, cuando se habla del principio democrático por encima del principio de legalidad cuando son lo mismo, no se pueden disociar. O apelar al derecho de autodeterminación, cuando sabemos que es un derecho muy limitado a situaciones coloniales. Intentar aplicarlo a Cataluña, que tiene autonomía, autogobierno, instituciones propias y participamos en la configuración de las Cortes va más allá de la ingeniería jurídica para llegar a la ignorancia jurídica.

P.- ¿Tiene la impresión de que la presidenta Forcadell actuó por frivolidad o por desconocimiento cuando se saltaba la ley pese a sus advertencias?

R.- Hay personas, en el libro la pongo a ella como ejemplo, que se creían de buena fe que lo que estaban haciendo era correcto y posible. Ella creía en ese mandato democrático surgido de unas elecciones y que eso permitía una actuación determinada. No sé si fue asesorada correctamente en este sentido. Ha habido muchos juristas que se han apuntado a esta manera de ver el derecho, quizá fue víctima de un entorno que no le facilitó las cosas a la hora de ver más claramente lo que estaba haciendo.

Ahora se dice que el 27-O no se hizo nada, pero una gran parte de la sociedad se ha creído la proclamación de la república

P.- ¿Los líderes independentistas han actuado con frivolidad?

R.- Han actuado con bases extremadamente débiles, que no podían sustentar este proceso. Quien pretenda plantear la independencia en el marco de un Estado normalizado en el que no hay conflictos sociales ni étnicos debe calibrar la dificultad enorme del proceso. Debes ser consciente de esto y de que el estado defenderá su integridad. Debes de buscar una estrategia a largo plazo y mucho más compleja; este proces se ha hecho demasiado deprisa y con un solo interlocutor en Madrid. Ahora encima se dice, por líneas de defensa, que el día 27 no se hizo nada. Pero el problema es que una gran parte de la sociedad se ha creído todo esto.

P.- ¿Se puede sostener que un texto aprobado en un parlamento no tiene consecuencias legales, como se afirma ahora de la DUI del 27 de octubre?

R.- Entiendo el argumento en términos de defensa. Pero el Tribunal Constitucional ya dictó una interlocutoria anulando las resoluciones soberanistas, para que el TC anule un acto significa que tiene trascendencia jurídica.

P.- Junqueras y Romeva parecen querer inmolarse apelando a derechos universales en un discurso político que parece extrajudicial

R.- A diferencia de otros encausados, han adoptado en la lógica de la defensa política. Se sitúan en un contexto de presos políticos ante un estado que no es democrático. El tema, de nuevo, es la diferencia entre lo real y lo imaginario.

P.- ¿Están en un mundo paralelo?

R.- Coexistimos en dos universos paralelos.

P.- ¿Cómo se reconduce esto?

R.- Es muy difícil, porque estamos en un contexto de radicalización. Los espacios moderados están cohibidos, la gente tiene miedo de hablar, porque te etiquetan en un sentido u en otro. Yo he asumido un riesgo con el libro en este sentido, pero también es un motivo para haberlo publicado.

P.- ¿Tuvo costes personales su postura durante el procés?

R.- Llega un momento en que debes tomar una decisión. Tuve un momento de grave conflicto; yo nunca he ocultado que creía en el proyecto por la independencia, pero cuando ves de la manera que se quiere hacer no tiene salida, y encima contradice todo lo que es mi propia condición profesional. Hice mi propia desconexión personal y decidí priorizar lo que creo sólido y real. Tomar una decisión de este tipo tiene costes, sobre todo cuando además lo haces con una exposición pública, porque los letrados hemos estado a la vista de todo el mundo y se ha hecho referencia de forma diría que excesiva e incluso con mala intención en el Pleno. Hubo un ambiente de presión por todos lados y esto tiene costes.

P.- ¿Usted ha tenido una honestidad profesional que otros juristas no han tenido?

R.- Yo he intentado ser honesto. Hay una parte de esos juristas que por las razones que sean se lo han creído y probablemente hay algunos que han visto la ocasión para sacar provecho. Estoy seguro de que hay juristas que han llegado a la convicción, en mi opinión errónea, de que el derecho de autodeterminación de alguna manera es aplicable a Cataluña y otros se han apuntado al carro.

P.- Pero todos ellos han servido para dar credibilidad al procés

R.-Ese es el problema. Aquí se ha dado la apariencia de que la independencia solo dependía de nosotros y que era fácil conseguirla. Esto visto desde el punto de vista de la realpolitik es un punto de partida que solo puede llevar a un callejón sin salida.

P.- De haber sido Llarena, ¿habría permitido la investidura de Jordi Sánchez?

R.- Al margen de que la candidatura se presenta para ponerlo en una situación comprometida, él estaba ante el dilema de que si lo permitía y se producía la investidura -y Jordi Sánchez no tenía ningún impedimento para ser investido- prácticamente era imposible tener a un presidente de la Generalitat en prisión preventiva, y esto debía pesar mucho. Estas iniciativas, -la investidura de Sánchez o la de Puigdemont desde Bélgica- obedecen a los mundos paralelos. Entienden que la legislatura actual nace con un pecado original: el 155. Es toda la teoría del legitimismo y la restitución; es un mundo paralelo desde mi punto de vista.

Cataluña vive una legislatura fallida, en estado vegetativo

P.- El Parlament está cerrado a discrecionalidad del independentismo?

R.- Quizá no es tan exagerado, pero es una legislatura irregular. Un Parlament que no puede investir ya actúa con anormalidad. Después vino la suspensión de diputados que tuvo bloqueado el Parlament hasta octubre. Y después ha venido el juicio. Es una legislatura en estado vegetativo, o fallida.