Pablo Iglesias permitió episodios de ‘espionaje’ dentro de Podemos y los acalló para evitar que el posible escándalo le afectara en las generales de 2015. El secretario general del partido, que centra ahora su campaña electoral en denunciar las cloacas del Estado por el presunto espionaje sufrido tras el robo del móvil a su asistente en 2014, recibió hace tres años y medio la denuncia de una trabajadora de Podemos Granada que en un ordenador del trabajo había detectado el acceso remoto desde otro dispositivo y el reenvío masivo de mensajes desde su cuenta de mensajería Telegram a un usuario desconocido. La dirección de Podemos Andalucía resta importancia a lo sucedido y a día de hoy lo achaca a «un error de Telegram». Sin embargo, el asunto llegó al mismísimo líder del partido, que optó por darle carpetazo ante la inminencia de las elecciones generales.

Iglesias, que ahora ha presentado dos escritos ante el juez para investigar sobre el espionaje sufrido, eludió entonces exigir responsabilidades a los suyos y trató de acallar el asunto. «Me pidieron de tu parte que no denunciara hasta que pasaran las elecciones», escribió entonces la denunciante al secretario general de Podemos. «No es el momento de ponérselo fácil al adversario. Después del 20 [de diciembre de 2015] habrá muchas cosas que aclarar», respondió el dirigente, según unas conversaciones a las que ha tenido acceso este medio.

Después del 20 [de diciembre] habrá muchas cosas que aclarar», defendió Iglesias en 2015

Los hechos se remontan al 29 de octubre de 2015, en una de las oficinas de Podemos en Andalucía. La formación había entrado en el Parlamento andaluz en marzo con 15 diputados, y habían decidido destinar las subvenciones del grupo a expandir la vida institucional del partido con delegaciones en todas las provincias, en lo que llamaron «oficinas parlamentarias». Las distintas facciones que por entonces ya habitaban en Podemos Andalucía llevaron a hacer un reparto de espacios; por ejemplo, Cádiz y Huelva estaban controlados por personal más afín al sector anticapitalista, mientras en Sevilla o Granada había errejonistas al cargo. Los ordenadores de todas las oficinas, además del resto de infraestructuras, fueron proporcionados por Podemos.

El problema llegó cuando en Granada una persona contratada trabajaba en uno de los ordenadores de la oficina; entre las ventanas abiertas en el explorador estaba Telegram, la aplicación de mensajería empleada en Podemos que se caracteriza por un alto nivel de cifrado que refuerza la seguridad de las conversaciones. El dispositivo se apagó por falta de batería y fue reiniciado, dejando de nuevo todas las sesiones abiertas. Después de unos minutos, la empleada accedió a su cuenta de Telegram y pudo comprobar que muchos de sus mensajes habían sido reenviados a un contacto desconocido, y que se correspondía con un diputado autonómico y miembro de la dirección muy próximo a la coordinadora de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez.

Los mensajes muestran la incipiente ruptura entre ‘pablistas’ y ‘errejonistas’

Los mensajes reenviados provenían de conversaciones privadas con distintas personas y fueron difundidos entre las 12:15 y las 12:43 horas. Media hora en la que C.Q., el presunto infiltrado en el ordenador, anticapi de la oficina de Huelva y actual miembro de la dirección andaluza de Podemos, había inspeccionado los chats de la empleada de Granada; el contenido, al que ha tenido acceso a este medio, revela las primeras diferencias entre lo que un año y medio después serían dos facciones enfrentadas y diferenciadas: la de Iglesias y la de Iñigo Errejón. «Se ve una división clara: quien siempre ha votado a IU prefiere a Pablo; quien siempre ha votado al PSOE prefiere normalmente a Errejón», señala uno de los mensajes reenviados desde la cuenta de la trabajadora al diputado autonómico. Entre las decenas de mensajes reenviados desde distintas conversaciones, había un mensaje escrito por el hacker que estaba remitiendo la información al diputado autonómico: «Sigo…es que hay infiita ifo [infinita info]».

A las 12.43 horas del 29 de octubre la afectada, tras ver la cantidad de mensajes enviados a un número desconocido, escribe: «¿Qué es esto?». La implicada se puso en contacto con el técnico informático de Podemos Andalucía. «Alguien ha entrado en mi Telegram de manera remota, ha cogido conversaciones no sé de dónde y se las ha enviado a un tal «xxxx» como si hubiera sido yo, usurpando mi perfil», le envía la afectada al informático, después de intentar contactar con él por llamada telefónica. «Esto es muy serio, ha debido de ser eso porque yo esta mañana he entrado al Telegram del portátil que nos ha llegado».

En una conversación telefónica posterior, el trabajador, contratado en el Parlamento andaluz, lo justificó en un error informático. Después de varias horas, el técnico -hoy candidato municipal- envió un mensaje a todos los miembros de las oficinas parlamentarias, en el que definía el episodio como «un malentendido que espero se resuelva sin llegar a mayores». En el texto achacaba lo sucedido a que todos los ordenadores remitidos a las delegaciones de Podemos en Andalucía habían sido previamente «clonados bit a bit», un procedimiento por el que se replica una configuración informática en varios dispositivos para evitar tener que instalar los sistemas operativos en todos los ordenadores. En esta circunstancia argumentó el informático que se hubieran «cruzado algunos grupos y demás». «No ha habido ninguna intencionalidad en absoluto», defendía. «Vuestras conversaciones nadie ha podido verlas y están 100% a salvo», aseguró el técnico, sólo unas horas después del reenvío masivo de mensajes.

A los días, el informático envió un nuevo mensaje en el que volvía a culpar a «un error importante en los Telegram instalados en vuestros equipos». En conversación con este periódico, el citado insiste en esta teoría y asegura que se puso en contacto con el soporte oficial de Telegram para advertir del error.

La trabajadora pide la intervención de Iglesias

Ante la sospecha de que los miembros del grupo parlamentario de Podemos Andalucía pudieran estar involucrados en el ataque informático, se remitieron los ordenadores correspondientes a Sevilla y Granada a la sede principal de Podemos en Madrid, para que fueran inspeccionados por el equipo informático estatal.

Me pidieron de tu parte que no denunciara hasta que pasaran las elecciones», le dice la afectada a Iglesias

El 12 de noviembre de 2015, poco más de un mes antes de las primeras elecciones generales a las que se presentaba Podemos, la afectada decidió escribir directamente al secretario general de su formación, Pablo Iglesias, para advertirle de los sucedido. En esa conversación, la trabajadora exponía brevemente el asunto -«sé que te han informado»-, y explicaba las presiones que había recibido desde la cúpula estatal de Podemos para acallar lo sucedido. «Me dijeron/aconsejaron/pidieron de tu parte», señala el escrito, «que no denunciara el hecho delictivo aún hasta que pasaran las elecciones». «Denunciar era lo que me pedían todas las células de mi cuerpo, después de ver con mis propios ojos que alguien había usurpado mi cuenta de Telegram», señalaba la afectada, que llega a tildar de «delincuente» a la persona responsable del hackeo. 

En el extenso mensaje, la afectada cargaba duramente contra la inacción de Podemos Andalucía a la hora de abordar el asunto: «¿Los mismos que usurparon mi cuenta y que no dimiten y que se han atrevido a cometer un delito y que por ahora se están yendo ‘de rositas’ son los que están en los tejemanejes de estas elecciones?, ¿están tomando decisiones?, ¿están influyendo en la configuración de las listas?, ¿les estamos poniendo condiciones, cuando deberían estar callados como… ya que tienen la poca vergüenza de no irse?, ¿están representando a los andaluces?».

Mensajes intercambiados entre la trabajadora afectada y Pablo Iglesias el 12 de noviembre de 2015.

En su respuesta, Pablo Iglesias trata de tranquilizarla. «El control lo tenemos nosotros. No es el momento de ponérselo fácil a los adversarios. Después del 20 habrá muchas cosas que aclarar. Gracias por tu compresión y tu paciencia, compañera», responde escueto el secretario general.

La conversación no acaba ahí: la afectada dice entender «que tenga que haber una estrategia política», pero advierte: «por aquí no parece que ‘el control’ lo tengamos nosotros». En este sentido, critica que «estamos dejando pasar por alto un delito a cuenta de unos resultados electorales».

A día de hoy, ninguno de los implicados en este episodio han asumido responsabilidades sobre el asunto. La afectada valoró denunciar los hechos ante la Guardia Civil, pero desistió por temor a ser despedida, señalan fuentes próximas. Desde la federación andaluza de Podemos se pidió un primer informe pericial en febrero de 2016 en el que se acreditaba el control remoto de los ordenadores mediante la aplicación «Teamviewer», pero el informe no era concluyente respecto al acceso a una cuenta privada de mensajería desde otro dispositivo.

Pero el asunto no quedó ahí. El pasado julio, casi tres años después de lo sucedido, la dirección de Podemos Andalucía ha tratado de cerrar el asunto pidiendo un informe pericial en el que participó la afectada. El informe firmado el 13 de julio de 2018 por el técnico informático Luis Ángel Sevillano Donaire, al que ha tenido acceso este medio, tampoco es concluyente pero considera que el motivo esgrimido por la dirección oficial como el más plausible. «La opción de un mal funcionamiento de Telegram Desktop en la versión 0.9.2 con ordenadores clonados, aunque parece poco probable a priori, conociendo el modo de autenticación de Telegram, se considera la que mayor posibilidad  tiene de haber sucedido, al descartarse las otras posibilidades».