JxCat, la marca electoral que representa a 32 diputados en el Parlament, 8 en el congreso y 3.000 electos locales no tiene dirección ni estructura política. Es una marca cuya propiedad en el registro ostenta PDeCat, pero cuya imagen se asocia, para lo bueno y lo malo, con el ex presidente Carles Puigdemont. Y las diferentes familias herederas de Convergencia que conviven en este espacio han abierto ya la batalla por el control de ese espacio. La semana ha sido especialmente intensa en Waterloo, donde Puigdemont se reunión el lunes con un grupo de alcaldes y regidores acompañados por Miquel Buch para analizar el futuro del partido, y el miércoles con su antecesor, Artur Mas, señalado por muchos como el posible relevo para intentar reunificar el partido.

El propio Mas lo confirmó ayer, aunque con matices. Se deja querer como eventual candidato a la presidencia de la Generalitat, pero su auténtica preocupación es volver a tomar el control sobre ese espacio político para darle estructura y solidez, tras el caos orgánico en el que se ha sumido desde el otoño de 2017. Sobre la mesa de negociación dos cuestiones básicas: el futuro del PDeCat y su integración con los independientes de Puigdemont que han tomado el poder de la marca JxCat, y si eso debe pasar por un congreso extraordinario del partido este verano. Y la futura confección de listas de JxCat de cara a las próximas elecciones autonómicas, hasta ahora controlada por el propio Puigdemont.

En el primer caso, lo que está en cuestión es la dirección del PDeCat, muy debilitada desde que Puigdemont forzó la dimisión de Marta Pascal como secretaria general, papel asumido por David Bonvehí con el tutelaje de Miriam Nogueras. Oficialmente los estatutos del partido fijan la celebración de una asamblea cada dos años, por lo que este verano debería ser de tranquilidad y consolidación. Pero los sectores más próximos a Puigdemont presionan para celebrar un cónclave extraordinario en el que completar el asalto al poder en el partido, mientras los moderados que fueron expulsados de la dirección miden sus fuerzas para intentar dar la batalla.

Batalla por el poder

Entre los primeros, destacan las aspiraciones del conseller de Interior, Miquel Buch, o la nueva -y polémica- portavoz, Meritxell Budó. Entre los segundos, la propia Pascal, el ex diputado Carles Campuzano o alcaldes como Marc Solsona. El control del aparato del PDeCat es el primer paso para dilucidar cómo se completa la integración del partido y los independientes integrados por Puigdemont en los ámbitos de poder dilucidados en el reciente ciclo electoral, desde las elecciones autonómicas del 21D de 2017 hasta las europeas del pasado 26M.

Y esa integración lleva aparejada la segunda batalla: quién tendrá el poder de confeccionar las listas en la futura JxCat. Hasta ahora, Puigdemont le ha ganado todos los pulsos que ha planteado al partido, imponiendo sus candidatos en las autonómicas, las generales, las municipales en el caso de Barcelona y las europeas. La integración de nombres como Laura Borràs como cabeza de lista en el Congreso, su amigo Jami Matamala en el Senado, o su abogado, Jaume Alonso Cuevillas como cabeza de lista por Girona son solo los últimos ejemplos de hasta qué punto ha utilizado las candidaturas electorales como agencia de colocación para sus fieles.

Romper esa dinámica es una de las prioridades del sector «moderado» del partido, que ha confiado en Artur Mas sus expectativas de recuperar un cierto control sobre el partido. Esta cuestión fue una de las claves del encuentro que durante más de cuatro horas mantuvieron los dos ex presidentes en Waterloo. Una reunión en la que también se debatió sobre los resultados en las municipales, en las que JxCat ha perdido alcaldías y gobiernos locales tanto en las urnas como en los pactos electorales posteriores, más de una vez con alianzas de PSC y ERC en su contra.

En las redes del partido ha corrido en los últimos días un explícito mensaje sobre los resultados del partido en el cinturón rojo de Barcelona: Hospitalet, 0; Cornellà, 0; Santa Coloma de Gramanet, 0; Sant Vicenç dels Horts, 0; Sant Andreu de la Barca,0; Badia, 0; Ripollet, 0; Sant Boi, 0; Badalona, 1. Un retrato del área metropolitana en la que viven cinco de los siete millones de catalanes que muestra el retroceso de la ex convergencia, pese a la victoria de Carles Puigdemont en las elecciones europeas que se celebraron el mismo día de forma paralela.

PDECup o posconvergencia

«Si Puigdemont arrasa con JxCat, por qué nosotros no», es el lamento que ha recorrido las reuniones de las organizaciones territoriales del PDECat que analizan los resultados de los comicios, en los que la ex convergencia ha perdido una setentena de alcaldías, entre ellas Sant Cugat del Vallès y Figueras. Ante el desconcierto entre las bases locales ex convergentes, tras un año de progresiva marginación del partido en favor del club de los leales a Puigdemont, se imponen dos líneas de pensamiento: el problema es la marca, que tiene a Puigdemont como único aglutinador; o las candidaturas que han retrocedido lo han hecho porque no han sabido combatir el embate de republicanos y socialistas.

Entre los primeros cunde el convencimiento de que la radicalización de la ex convergencia les ha alejado de sus bases, mientras los segundos están convencidos de que es esa imagen de ex convergentes lo que lastra sus expectativas. «¿PDECup o posconvergencia?» se preguntan algunos dentro del partido con ironía. Tras el largo periodo electoral, la reflexión sobre el futuro del partido y su relación con JxCat se impone para encarar el siguiente envite, el de las elecciones autonómicas que muchos prevén para el próximo periodo de sesiones, en primavera como tarde, después de que se conozca la sentencia del Tribunal Supremo sobre los líderes del 1-O.

Ese es el debate ideológico que aflora tras la batalla por el poder en el espacio post convergentes, convencidos unos y otros de que necesitan unir fuerzas y acabar con el caos organizativo si quieren que JxCat pueda plantar cara una vez más a ERC.