El feminismo como patrimonio exclusivamente socialista. Esta fue la idea defendida este domingo 14 de julio por la ministra Carmen Calvo. «¿El feminismo es de todas? No, bonita, nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista». Pero, ¿es el feminismo un movimiento exclusivo de la izquierda? Más aún, ¿es exclusivo de los socialistas?

«El feminismo tiene más de tres siglos de historia, no pertenece en exclusiva a ninguna corriente política», asegura Pilar Pardo, especialista en transversalidad de género y autora de El feminismo en cien preguntas. Aunque afirma que la izquierda históricamente ha tenido una «intersección más clara con el movimiento», añade que «el socialismo traicionó al feminismo». «Sindicatos y partidos de izquierda negaron el poder a las mujeres en los aparatos de los partidos hasta hace muy poco tiempo. Además, algunos intentaron parar el sufragio femenino», recuerda Pardo.

Se refiere a la postura que tomó Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, en el Congreso el 1 de octubre de 1931, cuando aseguró que era «necesario que las mujeres que sentimos el fervor democrático, liberal y republicano pidamos que se aplace el voto de la mujer». También, a los «socialistas varones que tenían claro la opresión de la burguesía pero no la que ellos ejercían en los hogares».

El patriarcado no fue superado por la revolución socialista. Los hombres sin propiedades y los hombres negros votaron antes que las mujeres blancas y ricas»

«Un buen ejemplo es que Marx, en su estudio de la revolución socialista, nunca tuvo en cuenta todo el trabajo reproductivo y de cuidado y hasta hace muy poco los economistas socialistas tampoco. Los hombres de izquierdas ven clara la lucha contra los privilegios pero históricamente no han considerado que la misma estructura de poder contra la que luchaban oprimía a las mujeres de cualquier raza o clase», defiende la autora, que explica que «no lo cuestionaban porque hasta el más intocable de los hombres de la India, el hombre más pobre del mundo, puede hoy tener una mujer por debajo», explica.

«El patriarcado no fue superado por la revolución socialista. Los hombres sin propiedades y los hombres negros votaron antes que las mujeres blancas y ricas. Las mujeres, a base de traición por las revoluciones que les pidieron ayuda, decidieron que tenían que luchar por sus propios de derechos», argumenta como origen de la emancipación de la lucha feminista con protagonismo femenino.

Pese a esto, sí que alega que en los últimos años el feminismo se ha convertido en un movimiento que le debe mucho a la izquierda y a su lucha en España por cambiar las leyes y conseguir mayor igualdad. Por eso, para ella, el error más grave de la ministra Calvo ha sido el de realizar esta división en la sociedad: «No se puede excluir del feminismo y menos a través de la bandera de un partido político, porque esto va en contra de la esencia del propio feminismo que es transversal, porque se dedica a defender los derechos de la mitad de la población».

Una idea, la de sumar, que casi comparte Silvia Claveria, doctora en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra y autora de El feminismo lo cambia todo: Un relato sobre la lucha contra el patriarcadoPara ella una cosa son «las ideas» y otra «la estrategia política». «El feminismo, cuando hablamos del movimiento, es una visión mucho más amplia que la igualdad entre el hombre y la mujer. Afecta a razas, nacionalidades, es lo que se llama el feminismo colonialista y es básicamente de izquierdas. Otra cosa es que podría ser mejor involucrar a más gente a través de un movimiento más mainstream, algo que no ha querido hacer la ministra Calvo. De esta manera no provocarías rechazo en muchas personas que podrían ayudarte a materializar alguna de tus ideas y que al politizarlas de esa manera se vuelven antifeministas», asegura.

La derecha ‘feminista’

Algo que lleva pasando muchos años. Desde que los partidos de izquierdas españoles abanderaron la causa feminista esta se percibio por el centro y la derecha como un movimiento radical. «Yo no soy feminista ni machista», aseguró Ana Mato en 2008 y no fue la única. Dolors Montserrrat, en 2018, siendo ministra de Igualdad, alegó que el feminismo era una etiqueta y que a ella no le gustaba que se la pusieran. La última en desvincularse fue Isabel Rábago que, gestionando la comunicación del PP en la Comunidad de Madrid el año pasado, dijo: «No soy feminista, soy femenina y me gusta ser mujer».

Susana Díaz se ha desmarcado de las palabras de Carmen Calvo: ‘El feminismo es de todas las personas que cada día luchan y pelean’

También desde Ciudadanos han tardado en autodenominarse feministas e incluso han añadido el término «liberal» para desvincularse con un movimiento que consideran de izquierdas. Fue la propia Inés Arrimadas la que aseguró que era feminista pero «no comunista», haciendo ver que por si sólo pertenecía a una ideología determinada.

Fue a raíz de la manifestación en Madrid el 8 de marzo de 2018 cuando el centro y la derecha decidieron desvincular el término de la izquierda. Desde ese momento, tanto el PP, como Ciudadanos, han optado por autodenominarse feministas y critican que la izquierda se apropie de una bandera que consideran universal. Tras las palabras de Carmen Calvo, desde Ana Pastor a Cuca Gamarra, incluso la propia Dolors Montserrat, han salido a negar que la defensa del movimiento sea exclusiva del PSOE.

De la misma manera que Patricia Ortega, la primera general de la historia del Ejército, que en declaraciones a Onda Cero ha asegurado que: «El feminismo es de todos, entendido como una parte de los Derechos Humanos de las personas»

A ellas se ha sumado, incluso, la secretaria del PSOE andaluz, Susana Díaz, asegurando que «el feminismo es de todas las personas que cada día luchan, pelean y lo dan todo por la igualdad y, en algunos casos, con dificultad y en situaciones adversas», intentado no ponerse en contra a parte del electorado que no ve con buenos ojos la politización de un movimiento que quieren desideologizar.