Quim Torra ha hecho pública hoy su oposición a que el independentismo apoye la investidura de Pedro Sánchez con una carta abierta al presidente en funciones publicada en La Vanguardia. Un texto que ratifica lo que todo el mundo en el entorno independentista sabía: que Torra está en contra de la política de tender puentes con el PSOE. La carta abierta solo tiene, por tanto, un objetivo: hacer de ese rechazo una posición de fuerza expresada en público para presionar a los sectores de JxCat y ERC que sí están dispuestos a apoyar la investidura de Sánchez para evitar unas nuevas elecciones generales.

Esquerra ha dejado claro desde el inicio de las negociaciones que, pese a los desplantes del PSOE, harán lo que esté en su mano para evitar la repetición electoral. Pero también importantes sectores de JxCat, liderados por Artur Mas, defienden esa postura para devolver a la ex convergencia a una posición relevante en el tablero español. Unos sectores que hasta ahora habían sido minoritarios, arrollados siempre por el rodillo impuesto por Carles Puigdemont y sus fieles para mantener la política de confrontación con «los partidos del 155». Pero esa dinámica se rompió la semana pasada con el pacto en la Diputación de Barcelona, avalado por el propio Puigdemont, que esta vez sí escuchó a los cuadros del PDeCat en detrimento de su grupo de independientes, liderado por el propio Torra, Elsa Artadi o Laura Borràs.

Torra recuerda a Sánchez que ‘accedió a mantener la presidencia gracias al apoyo de la mayoría de los diputados catalanes de los grupos independentistas’

Torra, eso sí, disfraza su rechazo con la exigencia de diálogo con la que el independentismo presenta siempre sus reclamaciones. «Vuelva a la mesa del diálogo de donde no nos hemos levantado ni nos levantaremos nunca. Es con quien tienes diferencias con quien hace falta dialogar» argumenta el presidente catalán en la carta, en la que también le ha pedido que anteponga el sentido de Estado a los intereses de partido y que no convoque unas nuevas elecciones.

«Le propongo un entendimiento basado en el respeto escrupuloso de los derechos humanos, civiles y sociales, incluido el derecho a la autodeterminación. Por que este es uno de los consensos de la sociedad catalana y se debe respetar», añade Torra, acusando la ruptura de relaciones en el pasado mandato. Una ruptura que el independentismo liga al rechazo del PSOE a la figura de un «relator» para gestionar la «negociación» entre Gobierno y Generalitat, mientras los socialistas señalan claramente dos momentos en la ruptura de confianza: el rechazo a los presupuestos y el veto a la candidatura de Miquel Iceta como presidente del Senado.

En este contexto, Torra acusa a Sánchez de haber mantenido la «represión» con la que el independentismo identifica las causas judiciales abiertas contra los responsables del proceso independentista. «Nuevas causas abiertas en los juzgados a instancias de los abogados del Estado, persecución ideológica a las acciones de Gobierno en el extranjero, un control extraordinario de las cuentas de la Generalitat», enumera Torra como muestras de la falta de voluntad de entendimiento del Gobierno socialista, al que recrimina además no haber cumplido con inversiones en infraestructuras ni haber destinado suficiente gasto social.

El presidente catalán recuerda que «accedió a la presidencia gracias al apoyo de la mayoría de los diputados catalanes, de los grupos independentistas», en lo que ha etiquetado como un gesto de generosidad y como un voto de confianza que a su parecer no se ha visto compensado. «Le invito a mirar lejos. Que es la mejor manera de mirar de cerca a la gente que nos ha dado su confianza», concluye Torra. Eso sí, dejando claro que no ve opciones de darle apoyo en la investidura si continúa transitando un espacio que «encalla, enfanga y criminaliza la voluntad política y democrática de los catalanes», así como le ha dicho, literalmente, que no se puede gobernar contra Cataluña.