Pablo Iglesias no será ministro en el próximo gobierno de España si PSOE y Podemos alcanzan finalmente un acuerdo antes de la segunda votación de investidura, el próximo jueves. Pedro Sánchez ha vetado al líder morado, con argumentos diversos, pero uno de especial peso: su insistencia en llamar «presos políticos» a los líderes catalanes juzgados por el desafío independentista de octubre de 2017.

«Necesito un vicepresidente que defienda la democracia en España», afirmó tajante Sánchez el jueves en su entrevista en La Sexta con Antonio García Ferreras. Explicitando que Iglesias no lo hacía, al poner en duda la independencia del Poder Judicial en España y deslizando que los líderes independentistas en prisión preventiva lo estaban por sus ideas y no por sus actos contra la Constitución Española.

Iglesias aceptó esa línea roja el viernes y anunció su paso a un lado. Renuncia a ser ministro pero advierte al PSOE de que no aceptará «más vetos» a ninguna persona de su equipo. ¿Qué cambia eso en el argumentario de Sánchez? En la práctica, nada.

En todas las quinielas de ministrables aparecen dos nombres: la portavoz parlamentaria Irene Montero y el ex secretario de Organización, Pablo Echenique. Cuyo discurso público sobre Cataluña es exactamente el mismo que el de Pablo Iglesias: ambos han hablado en repetidas ocasiones de la existencia de «presos políticos» y apoyaron recurrir la legalidad de la aplicación del artículo 155 en octubre de 2017, refrendada recientemente por el Tribunal Constitucional.

«Son presos políticos», dijo Irene Montero en Televisión Española el pasado 4 de marzo tras la polémica por que Iglesias los había definido así tras visitar a Oriol Junqueras en prisión. «No es sensato que en España tenga que haber presos políticos», había dicho Iglesias horas antes, a las puertas de prisión. Enfrentada a ese vídeo, y mientras asentía, Montero respaldó una por una las palabras de su secretario general.

La número dos de Podemos empleó la expresión habitualmente en el otoño de 2017, en pleno desafío independentista

La número dos de Podemos insistió en su argumentación y repitió que «son presos políticos porque los hechos por los que se les acusa son políticos». Añadió que esta era una percepción que compartían «todos los catedráticos importantes de este país». Una afirmación, esta última, que sólo pudo respaldar citando a Javier Pérez-Royo, catedrático de Derecho Constitucional y en la órbita de Podemos desde el año 2015.

Pero Irene Montero ha usado otras veces esta expresión. Lo hizo el 20 de septiembre de 2017, cuando la Guardia Civil desplegó en Barcelona la operación para desmantelar la estructura logística del referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional, y que implicó la detención de altos cargos de ERC y el PDeCat, así como el registro de varias consejerías de la Generalitat. Toda la documentación incautada ese día se utiliza actualmente en la causa que se sigue en el juzgado 13 de Instrucción de Barcelona, y los escraches a la Guardia Civil de esa jornada son parte de la acusación por rebelión y sedición contra los líderes del procés.

«No quiero presos políticos en mi país. Toca defender nuestros derechos y libertades fundamentales frente a la ofensiva antidemocrática del PP», escribió Montero en Twitter ese día, en el que Podemos respaldó una convocatoria en Madrid «por el derecho a decidir».

El 2 de noviembre, ya tras la Declaración Unilateral de Independencia, la huida a Bélgica de Carles Puigdemont y la prisión preventiva para Oriol Junqueras y el resto de líderes independentistas, Montero volvió a referirse al asunto en su cuenta personal: «Todos sabemos que la cárcel no arreglará nada. Quiero ganar a los independentistas en las urnas, no convertirles en presos políticos».

Echenique, más duro todavía

Montero siguió exactamente el mismo patrón en redes que el ex secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, que también usó la expresión por primera vez el 20 de septiembre de 2017. «Hay que ser pirómano y pre-democrático para pensar que la solución a la cuestión catalana es hacer presos políticos», escribió.

Días más tarde, afeó a los asistentes a la manifestación constitucionalista de Barcelona del 8 de octubre que gritaran «Puigdemont a prisión» durante el recorrido de la misma. «Pedir presos políticos es todo lo contrario al seny catalán», regañó el político.

Echenique iba más lejos el 2 de noviembre y, en un hilo de Twitter, aseguraba que «todos los neonazis y franquistas de España están aplaudiendo unos encarcelamientos que llevan semanas pidiendo». En el siguiente tweet, analizaba que «todas las democracias desarrolladas están sorprendidas de que en España haya presos políticos». Echenique no cargaba las tintas sólo contra el PP, entonces en el Gobierno: «El PSOE que prometió echar a Rajoy ha apoyado esta estrategia pirómana y predemocrática y eso quedará en la hemeroteca».

La andanada de Echenique no fue fruto del calentón del día. Un año después, en noviembre de 2018, se mostraba igual de contundente en una entrevista en Catalunya Ràdio: «En España existen presos políticos, es evidente que no ha habido un alzamiento violento en Cataluña».