Quienes me siguen saben bien que uno de los retos que más me preocupan, de entre cuantos tiene planteados hoy España es el de su siempre controvertida vertebración territorial. Más en concreto el del enconamiento del órdago secesionista catalán que, desde 2012 hasta el momento presente, se ha ido encanallando en una endiablada espiral de odio e incomprensiones además de en un desafío al ordenamiento jurídico vigente presidido por nuestra Carta Magna.

Esta semana hemos vuelto a indignarnos al conocer nuevos y abracadabrantes datos sobre la fortuna que ocultaba en Suiza la familia Pujol, el gran demiurgo de este proceso. Y comprendemos mejor, por si albergábamos dudas, que la historia del secesionismo catalán es, sobre todo, no tanto un relato vertebrado por recíprocas incomprensiones, sino más bien una gigantesca maquinaria de depredar dinero público. Una oscura y sucia trama delineada por algunos políticos sin escrúpulos a costa de esparcir el odio entre unos catalanes y otros y entre estos y el resto de los españoles.

Familias rotas, con heridas supurando que costará décadas cicatrizar, señalamiento y acoso en ámbitos laborales y educativos a quienes no comulgan con el credo separatista y un govern y un parlament que ni gobiernan ni promulgan leyes para resolver los problemas sanitarios, educativos o laborales de quienes viven en esta comunidad porque su única preocupación es continuar engañando a los ciudadanos acerca de una fantasmal república, con minúsculas, que ni existe ni existirá jamás… ni siquiera en su viciado imaginario.

En este contexto, son más necesarias que nunca voces como la de Pilar Castellanos, Presidenta de Sociedad Civil Catalana en Madrid. Nacida en Barcelona, aunque de profundas raíces toledanas y afincada desde hace años en la capital de España por razones familiares y laborales, conoce muy bien de qué estamos hablando. Vibró de emoción durante aquellas dos míticas manifestaciones de octubre de 2017 en las que más de un millón de catalanes salieron a las calles de Barcelona para gritar que ‘Cataluña no es solo de «ellos», de los independentistas, sino de todos los
catalanes’ y que esas mismas calles ya nunca volverían a ser patrimonio exclusivo de los que se arrogan la capacidad de decidir ‘quién es buen catalán y quién no lo es’.

Siento una enorme admiración por Pilar. Desde que un amigo común nos presentó hace algunos meses, mi aprecio y respeto hacia ella han ido creciendo a medida que he podido escucharla en sus intervenciones públicas defendiendo un concepto que a ella le gusta especialmente: el de la unidad. ‘Unidos, somos más fuertes’, repite constantemente… y tiene razón. Solo desde el diálogo y el respeto a la ley se podrá reconstruir una Cataluña unida y en paz. Porque como ella sabe mejor que nadie, Cataluña no podría existir sin España… y España tampoco sin Cataluña porque no podría ser, en forma alguna, esa maravillosa y gran nación; la más antigua de Europa, le pese a quien le pese.

Castellanos une a la responsabilidad de ser presidenta de SCC en Madrid su condición de militante de Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, en cuyo proyecto se integró hace años con la ilusión de participar en una nueva forma de hacer política en nuestro país y de cuyas listas al Congreso, por la circunscripción de Toledo, formó parte el pasado 28-A. Pero Pilar es mucho más; es madre de tres hijos, es una cotizada profesional de la consultoría especializada en el ámbito económico y en el de la protección de datos… y es mujer. Con mayúsculas. Dicen quienes la conocen que es divertida, optimista y positiva en su vida personal, y muy perfeccionista y estricta en su trabajo. Sin el coraje y la pasión que le adornan, no podría con todo. Pilar es una de esas jóvenes mujeres que están llamadas a acometer ya, desde ese nuevo modelo de liderazgo moderno e inclusivo del que tanto les hablo, la difícil tarea de darle la vuelta a nuestra sociedad y a la convulsa España en la que vivimos. Sé que lo tiene claro y sé que pone al servicio de ese objetivo toda su ilusión, su fuerza y su empeño. Por eso la admiro, y por eso la quiero.

Hoy tengo el honor de ofrecerles este café dominical con Pilar Castellanos.

Pregunta.- ¿Cómo llega usted a Sociedad Civil Catalana qué es exactamente esta organización?

Respuesta.- Sociedad Civil Catalana nació en 2014 en Cataluña. ¿Qué pasó entonces? Fue el año en que Artur Mas puso en marcha aquel esperpento de referéndum, por el que ahora tiene que pagar, afortunadamente. No era nuevo el clima que se vivía en Cataluña, pero sí que era la primera vez que radicalmente y de forma pública se rompía en dos la sociedad catalana. Era la primera vez en la que se obligaba a los catalanes a posicionarse: o eras de los suyos o eras de los otros. Se impuso un lenguaje rupturista y una cosmovisión en la que, si no te posicionas, no cabes, y si no cabes, te excluyen y pasas a ser un apestado porque dejas de ser un individuo y te conviertes en masa. En Cataluña, durante muchos años, se ha practicado esa ‘ingeniería social’ donde las personas han dejado de ser objetos de derecho en favor de los territorios.

P.- ¿Puede profundizar un poco más en qué consiste esta ‘ingeniería social’ que a mí me suele gustar calificar también como ‘cirugía social’?

R.- Es un concepto muy antiguo y que viene desde los tiempos de Jordi Pujol y aquel ‘Programa 2000’ para ‘catalanizar Cataluña’. ¿Qué es ‘catalanizar Cataluña? Absurdo, ya ve. Pero en él se explicaba cómo se iba a desarrollar el proceso. Y lo cierto es que ha ido cumpliendo paso a paso. Consistía en infiltrar el tejido social, a través de entidades privadas subvencionadas, con el concurso también de las propias administraciones públicas. Una suerte de lluvia fina que ha ido calando además utilizando los medos de comunicación, las escuelas, la sanidad… ¡todo! Una lluvia fina que te empapaba hasta que al final su idea (la idea del nacionalismo y del separatismo) llegaba a parecer normal. Era como poner un ‘chip’ en cada ciudadano, inoculando esos mensajes que no eran contrarrestados por la otra parte. Ellos (los secesionistas) hicieron bien su trabajo, y tal vez nosotros… no hicimos nada. Cuando digo esto debo aclarar que no me refiero tanto a la sociedad, donde no tenemos que ser héroes, sino al Estado cuya obligación es la de defendernos. Lamentablemente, por cortoplacismo, por la necesidad de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado, por la necesidad de conformar mayorías en el Congreso de los Diputados, aunque se sabía lo que estaba produciendo en Cataluña, se miró hacia otro lado. Nunca se pensó que las cosas pudieran llegar a este punto, pero este era el juego entre los nacionalistas y los distintos gobiernos centrales. Pedían, pedían, pedían… e iban consiguiendo.

Los secesionistas hicieron su trabajo… el problema es que nosotros no hicimos nada. No la sociedad, sino el Estado, que es quien debía defendernos»

P.- Tal vez porque soy italiano y en esto tengo una mayor objetividad, perdóneme, siempre repito que los gobiernos centrales en España, como usted bien dice, han tenido mucha culpa en todo lo que ha ido ocurriendo. O se daban cuenta y no les importaba… o eran muy tontos, y por tanto no deberían haber estado en política. Se han cedido competencias que nunca deberían haber sido cedidas, ni en Estados Federales ni en otros de corte más centralista… y España es uno de los Estados más descentralizadas del mundo.

R.- Creo que nunca pensaron que el gobierno autonómico catalán se atreviera a enfrentarse de tal manera, unilateral y abierta, al Estado. Primó su visión cortoplacista, con objetivos únicamente a cuatro años vista. Respecto a las competencias, no es lógico que tengamos 17 comunidades y 17 programas educativos distintos. Yo soy madre de tres hijos y si me trasladan a otra comunidad prácticamente les toca repetir el curso porque los libros se parecen, en algunos casos, poquísimo, sobre todo en las materias comunes como Historia o Literatura. ¿Utilizan la formación de nuestros hijos para programarles? Sí, la han utilizado. Me vale el ejemplo para todo el resto de España y para otros aspectos, como todo lo relativo a lo que para unos es ‘moral’, para otros ‘valores’. No es justo.

P.- Dígame, porque aún no hemos entrado en ello ¿Por qué se une usted a este valiente proyecto de Sociedad Civil Catalana?

R.- Este proyecto era transversal. Cualquiera podía unirse, sea cual fuere su ideología, viniera de donde viniera, fuera catalán, del resto de España o extranjero… aquí hay una unidad: la defensa de la unidad. Cada uno de los que estamos en Sociedad Civil Catalana lo estamos a título individual. Es cierto que muchos de los que se unen, de los que nos unimos, tienen, tenemos, ese ‘pellizco’ político. Algunos estamos afiliados a partidos políticos, en mi caso a Ciudadanos, de cuyas listas he formado parte en las últimas elecciones generales del 28 de abril de 2016. Otros miembros no tienen filiación política. Pero todos somos un reflejo de la sociedad y por tanto hay gente de muchas sensibilidades, pero no representando a su partido político en el ámbito concreto de la asociación. De lo que se trataba era de dar voz a todas esas personas que hasta el momento no habían sido escuchadas. Personas que, no es que estuvieran calladas; es que no habían sido escuchadas. Gentes que querían defender la Constitución, el Estado de Derecho, la libertad… esa libertad que según los separatistas solo lo era en la forma en la defendían ellos. Desde Sociedad Civil Catalana adoptamos desde un principio un discurso en positivo por la unidad, por la convivencia y por restañar tantas heridas abiertas. Para mí era un movimiento muy necesario. Las manifestaciones de octubre de 2017 demostraron cuán necesario era este movimiento; más de un millón de personas en las calles de Barcelona y cada uno con su bandera, o sin bandera, pero unidos por un grito común: ‘¡Basta ya de tanto despropósito y de tanto odio! ¡Que nos oiga España entera y todo el mundo!’ Cataluña no era lo que nos habían ‘vendido’. Cataluña éramos también nosotros, que somos la mayoría. Fue muy bonito y emocionante. Yo estuve allí, ayudando a la organización y a raíz de aquellos inolvidables días me llené tanto que me dije a mí misma que quería estar en este proyecto. Y como ya vivía desde hacía años por razones familiares y laborales a caballo entre Toledo y Madrid pensé que era fundamental que este discurso llegara también a todos los madrileños, y desde la capital, al resto de España.

El separatismo no desaparecerá y continuará habiendo un porcentaje que yo creo que no llegará a ser nunca más superior al 20 por ciento»

P.- ¿Está llegando?

R.- No es fácil. Yo entiendo que a raíz del llamado ‘procés’, muchos españoles hayan dicho: ‘¡Ya está bien!’ A mí a veces por la calle me dicen que somos unos ‘cansinos’ y que muchos están hartos de poner la televisión cada día y seguir viendo como todo parece girar en torno a la situación en Cataluña. Pero es que eso es lo que quiere el separatismo, que la gente se harte y diga: ‘¡Que se vayan’! Pero no podemos ceder. Tenemos que seguir en esta lucha, y los medios nos tienen que dar la voz a la Cataluña real y a la España real, que es la que trabaja por la unidad.

P.- ¿Cree que las heridas de esa sociedad catalana fracturada en dos, rota, podrán recuperarse algún día? ¿Habrá algún día un proyecto de país común, de una Cataluña unida?

R.- No va a ser fácil. Sería una ingenuidad. Pero es posible. Los españoles hemos demostrado que somos una sociedad muy madura capaz de los mayores logros porque hemos demostrado que somos capaces de aceptar cambios y adaptarnos a ellos. Antes incluso que otras sociedades con democracias, en teoría, más consolidadas que la nuestra. Pero no será fácil; el separatismo no desaparecerá y continuará habiendo un porcentaje que yo creo que no llegará a ser nunca más superior al 20 por ciento. El resto de los que hoy son separatistas, hasta llegar a ese 45 por ciento en el que hoy se sitúan, se convencerá de que las cosas funcionan mejor de otra manera. Trabajando con unidad e ilusión por esa realidad que tenemos, que se llama España y que construimos entre todos, día a día. Una España, una realidad, que es de todos y de la que todos formamos parte, que no solo está en peligro porque lo que está ocurriendo en Cataluña… mire al País Vasco, o a Valencia. No olvide el reciente y fallido Debate de Investidura y las negociaciones que se desarrollan para llegar a algún tipo de pactos… fíjese en qué partidos ofrecen sus apoyos (a Pedro Sánchez) y a qué precio.

P.- ¿Qué puede ocurrir este otoño, Pilar? Tenemos como primer hito, y muy importante, la sentencia contra los inculpados por el ‘procés’

R.- Sea cual sea el fallo estoy segura de que tendrá un gran impacto.

P.- ¿Cree que será contundente?

R.- Yo creo que sí. Saben que han vulnerado la ley y saben que tendrán un castigo importante. Pero aún en el supuesto caso de que esto no fuera así, también habría una ‘revolución’ en Cataluña. Muchos dirían: ‘¡Veis… el Estado «opresor» que ha tenido presos a nuestros «héroes» y mirad!’. Mientras tanto ya están abonando el terreno y preparando sus ‘performance’. Vamos a ver qué ocurre. Tenemos que ser capaces de contrarrestarlo desde nuestro gobierno, sea el que sea de aquí a unas semanas. Debemos ser firmes y demostrar que somos un Estado maduro y fuerte. Solo así conseguiremos avanzar en esto.

P.- Usted es afiliada a Ciudadanos y concurrió en sus listas el pasado 28 de abril como número dos por Toledo, inmediatamente detrás de Juan Carlos Girauta. Hago referencia a esto porque tal vez, en mi opinión, es el partido que más énfasis está poniendo en todos estos aspectos sobre los que usted está poniendo el foco. Tan es así que en las elecciones autonómicas catalanas de 2017 tuvo unos resultados extraordinarios, siendo el partido más votado y con unos históricos 36 escaños. Si hubiera unos nuevos comicios en aquella comunidad, ¿podría repetirse este éxito electoral?

R.- Ciudadanos repetirá unos excelentes resultados. Tenemos tiempo para seguir demostrando que somos el partido que mejor defiende este discurso de unidad y firmeza frente al separatismo. Y nunca hemos variado ni nos hemos movido de esta posición. Sin desmerecer a otros; cada uno defiende lo que mejor le conviene como mejor le parece. Lo cierto es que los partidos tradicionales nos han demostrado que han tenido la oportunidad de hacerlo desde hace años y no lo han hecho. Nosotros tenemos la oportunidad de hacerlo y queremos hacerlo.

P.- ¿Qué opina de Lorena Roldán? Hay quien ha querido ver en ella un ‘clon’ de Inés Arrimadas.

R.- En absoluto. Cada una tiene su propia personalidad y su carisma y así se va a demostrar. Lo que no se puede pedir es que cada una diga una cosa distinta o defiendan discursos diferentes, parece bastante obvio. Pero como siempre decimos en Ciudadanos, esto no va de personas, va de proyectos. Lorena Roldán tiene el mismo proyecto que Inés Arrimadas y que todos los que formamos parte de este gran partido; ese proyecto que ha ilusionado a millones de catalanes que estaban huérfanos y a millones de personas en el resto de España… y a muchos más que seguro que se van a seguir sumando a esta gran ilusión y a este gran proyecto que es el de Ciudadanos.

P.- ¿Ha habido un cierto sentimiento de abandono por el hecho de que Inés Arrimadas haya dejado Cataluña para venir a Madrid a hacer política?

R.- Sería, con todos los respetos, un sentimiento equivocado. No hay tal abandono. Inés Arrimadas es un gran valor para Ciudadanos y una demostración palpable de que, desde Madrid, desde el ámbito de la política nacional, se puede luchar por Cataluña y hacerlo de forma contundente. Su voz, la que se ha escuchado durante todos estos años en el parlament, se escucha ahora aquí, en el Congreso de los Diputados. Ciudadanos tiene en Cataluña un gran equipo que seguirá luchando por el proyecto que lidera Albert Rivera. También de nuestro presidente se dijeron en su día cosas parecidas cuando dio el salto a la política nacional. Sin estar en Madrid, es imposible luchar por nuestros objetivos.

P.- Hablemos un poco de usted, de la Pilar Castellanos mujer, de la Pilar Castellanos madre además de la política y presidenta de Sociedad Civil Catalana en Madrid. ¿Cómo concilia usted? Supongo que será complicado que cada uno de los ámbitos tenga el papel correspondiente en su vida.

R.- No es fácil. Dar a cada uno su espacio es muy difícil y hace que puedas llegar a sentirte culpable porque, en mi caso, confieso que soy muy perfeccionista y siempre quiero más. Tengo tres hijos y a veces tengo la sensación de que podría darles más, dedicarles más tiempo. Intento ser madre las 24 horas al día, aunque no esté con ellos, pero son mi motor de vida. Compaginar todo es difícil y más cuando parte de tus responsabilidades tienen un perfil público, que a veces hace que algunos pretendan encasillarte y hacerte pagar un coste personal. Yo lo acepto y nunca dejo de mirar hacia adelante.

No ofende el que quiere sino el que puede, como se dice siempre. A mí es muy difícil ofenderme»

P.- Habla usted de etiquetas, ese vicio tan español. ¿Usted lo ha sufrido, como muchas otras personas con un perfil público?

R.- Últimamente esto de ‘trifachito’, por ponerle un ejemplo, ha calado mucho, sí… en Cataluña ya estábamos acostumbrados. El simple hecho de hablar a tus hijos en castellano ya era considerado por algunos como ‘ser facha’. Aunque haya muchas cosas en las que no solo un votante de Ciudadanos o del PP sino uno del PSOE o de Podemos puedan estar completamente de acuerdo. Si me pregunta por lo que más me ha ofendido, le diré que casi nada porque yo estoy muy segura de lo que pienso, de todo en lo que creo y de todo aquello por lo que lucho. No ofende el que quiere sino el que puede, como se dice siempre. A mí es muy difícil ofenderme.

P.- Volviendo a aquellos días mágicos e inspiradores de octubre de 2017, ¿cómo recuerda aquellos discursos de Josep Borrell, y aquella masiva movilización? Supongo que seguirá sintiendo un pellizco en su corazón al evocarlos.

R.- Siguen muy presentes, sí. En mi vida hubo un antes y un después. Antes y después de notar toda aquella marea de solidaridad, de sentir a todo un país volcado con Cataluña. Es cierto que no puedes mantener el clima social permanentemente en un nivel tan alto porque en algún momento llega el cansancio y porque no sería justo pedir con carácter permanente un esfuerzo tan grande. Pero si en algún momento volvemos a necesitar mostrar esa unidad y esa fortaleza, volver a pedirle a la gente una nueva demostración, espero que volvamos todos a responder como respondimos aquel día 7 porque dentro de nosotros ese espíritu permanece vivo.

P.- ¿Este clima de crispación política que tenemos ahora mismo, con ese ‘No es no’ de Ciudadanos al señor Sánchez puede redundar en un endurecimiento aún mayor de la situación en Cataluña? Quim Torra ya ha amenazado con un nuevo golpe.

R.- Espero y deseo que, sea cual sea el nuevo gobierno de España, en todo lo referido a Cataluña se mantenga firme. Espero también que todos los partidos constitucionalistas estén de acuerdo en abordar este asunto desde la unidad y desde la firmeza. Déjeme decirle también que el responsable de que no tengamos aún gobierno es el señor Pedro Sánchez, que fue quien aceptó el encargo del Rey. Ha tenido más de tres meses y los únicos apoyos que fue capaz de recabar fueron los del representante del partido del señor Revilla y de un enjambre de partidos que lo que llevan en su ADN es la ruptura de España tal y como la conocemos. En algunos casos incluso la pretensión de llevarse por delante la Constitución y abolir la Monarquía. Quién es el responsable de formar gobierno, repito, es quien aceptó el encargo de Su Majestad. No podemos arrojar la carga a quien no tenía el encargo.

P.- Se acaba de nombrar la nueva Ejecutiva de Ciudadanos. En ella han entrado 22 personas más con una marcada implicación en la total alineación con las tesis del líder del partido Albert Rivera y una fuerte implicación en la tesis del ‘No es no’ al candidato a la presidencia por el PSOE, Pedro Sánchez. ¿Cómo ve esta nueva Ejecutiva y en general este proyecto a medio plazo?

R.- Esta reestructuración servirá para reforzar las estrategias, como usted bien dice, a medio y largo plazo. Un proyecto tiene que ser, sobre todo, unidad, cohesión y la voluntad de remar todos en la misma dirección. Es evidente que no se puede pretender, como en ningún ámbito de la vida, que todos estemos de acuerdo al cien por cien. Pero el objetivo debe ser común. Nuestra aspiración, la de Ciudadanos, con nuestro líder Albert Rivera al frente, debe ser cada día más grandes con la mira puesta en alcanzar la Presidencia del Gobierno para llevar a cabo las grandes reformas que España necesita.

P.- Algunos sin embargo les prefieren como partido bisagra.

R.- Nuestra labor va a ser la de conducir a España, como le digo, en esa senda de modernización. Tenemos ambición de liderazgo. España puede permitirse el lujo de seguir perdiendo más trenes. Uno de nuestros mayores retos es ahora el de la revolución tecnológica, que es muy superior a lo que en su día fue la revolución industrial. El reto es que España esté preparada.

P.- ¿Es feminista? ¿Qué es para usted ser feminista?

R.- Soy feminista, ¡cómo no! El feminismo es innato a toda mujer. Todas queremos que se nos trate igual que a los hombres. Lo que no soy es ‘frentista’, permítame la expresión. Ni los hombres son mis enemigos ni me considero una víctima. En este camino estanos juntos y solo juntos podremos conseguir que todas las batallas que hay seguir librando, todo aquello en lo que aún tenemos que avanzar, todas las situaciones que tenemos que mejorar, puedan llegar a buen fin. Solo juntos, unidos, podremos conseguirlo.

Soy feminista, ¡cómo no! El feminismo es innato a toda mujer. Todas queremos que se nos trate igual que a los hombres. Lo que no soy es ‘frentista'»

P.- ¿Cómo se siente cuando desde la izquierda se presenta como propio y casi como excluyente la defensa de los derechos del colectivo LGTBi o el propio feminismo?

R.- Nadie es moralmente superior; ni la izquierda ni la derecha. Se puede defender el feminismo y los derechos y las conquistas de colectivos como el colectivo LGTBi, haciendo normal lo que es normal. Pero todos tienen que aceptar que todos, la izquierda y la derecha, tenemos el derecho y la obligación de luchar por ellos. Los derechos no son patrimonio de ninguna ideología sino de los individuos.

P.- ¿Cómo ha vivido la irrupción de Vox en el panorama político español?

R.- Tengo notables alejamientos ideológicos con esa formación, porque son ultraconservadores, porque mezclan el plano religioso con el político y porque abren debates que en España están cerrados y superados ya que vivimos dentro de una normalidad que ellos quieren hacer anormal. Yo no estoy dispuesta a nada de eso. Me costaría llegar a acuerdos con Vox en esos terrenos. Está claro también que, desde el respeto a nuestro programa, al programa de Ciudadanos, cuanta más gente quiera asumirlo, mejor. Porque el nuestro es el mejor proyecto. Siempre y cuando nadie lo condicione. Nosotros defendemos nuestras ideas, las de los demás, que las defiendan otros.

P.- Destáqueme una virtud de cada uno de nuestros líderes.

R.- Rivera es, sobre todo, su capacidad de liderazgo. Sabe escuchar a quienes tiene a su lado, no pretende imponer, pero luego decide qué es lo mejor para todos. Desde el consenso, no desde la imposición. Albert Rivera es el líder que necesita este país. Sánchez es un político con presencia. Es muy importante en la vida. Iglesias, a quien no conozco, me da la impresión de ser una persona combativa. Casado me parece un hombre que sabe escuchar. Y en cuando a Abascal, me parece un idealista, y me explico: cuando le escucho hablar de su proyecto, me da la impresión de que no habla desde la realidad sino desde sus ideales. Tal vez con los pies no muy pegados a la realidad.

P.- ¿Cómo ve a la clase política?

R.- Escuchando a algunos parece que los responsables de que no tengamos gobierno son los ciudadanos. Me niego a aceptar eso. ¡Oiga a mí no me haga responsable de que sigamos ‘en funciones’… hemos votado lo que hemos votado, pero no me obligue usted a volver a votar a ver si sale lo que usted quiere! Es normal que mucha gente sienta ese cierto desapego. Pero no creo que tengamos una clase política mala, ni mucho menos. Tenemos que bajar el nivel de crispación pero insisto, la responsabilidad de que no haya gobierno es de quien recibió el encargo del Rey. De nadie más.