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Fernández y Fernández a la reconquista de Argentina

El peronismo encarnado en el duo que forman Alberto Fernández y CFK es favorito en las elecciones presidenciales

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Fernández y Fernández a la reconquista de Argentina
Alberto Fernández y Cristina Fernández en Argentina

El opositor Alberto Fernández y la aspirante a vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en el cierre de campaña en Mar del Plata. EFE

Resumen:

Si hay algo que apasiona a los argentinos es el fútbol. Y la política. Les entusiasma ir a votar casi tanto como el deporte rey. Pues la mano de Dios se ha decantado en las elecciones que se celebran este domingo en Argentina por el dúo que forman Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, los candidatos peronistas del Frente de todos, para la Presidencia y la vicepresidencia. Es lo que se conoce como la fórmula FF, que aspira a la reconquista del poder en Argentina.

En su cuenta de Instagram, Diego Maradona ha escrito: «Este domingo vuelve a ganar la verdad de la mano de Alberto Fernández y Cristina Fernández. ¡Por una Argentina y una América Latina unidas!» Salvo sorpresa mayúscula Maradona acierta cuando vaticina que ganarán los Fernández. Discutible es a qué se refiere con «la verdad».

Más de 200 futbolistas en activo y retirados, así como entrenadores, han expresado su apoyo al tándem peronista en una carta con el hashtag #FútbolconTodxs. Entre los más conocidos están el portero de la selección nacional Nahuel Guzmán, el actual director técnico Pedro Troglio, Fernando Signorini, el Profe, y Héctor Enrique, de la selección argentina ganadora del Mundial de 1986. También hay mujeres deportistas como Maca Sánchez, del San Lorenzo, y Mónica Santino, según ha publicado Página 12.

«Creemos que el 27 de octubre se juega un partido fundamental para el destino de nuestra Patria y no lo queremos vivir desde la tribuna… Creemos en la propuesta que encabezan Alberto Fernández y Cristina Fernández… para que en la Argentina vuelva a salir el sol», afirman en su mensaje.

Los sondeos apuntan a que no habrá segunda vuelta, es decir, este curioso tándem formado por quien fuera jefe de gabinete del presidente Néstor Kirchner y su viuda y ex presidenta Cristina Fernández conseguirán más del 45% de los votos, o bien más del 40% con una diferencia de diez puntos sobre su rival más destacado, el actual presidente, Mauricio Macri, candidato de Juntos por el Cambio. Compite con peronista racional como aspirante a vicepresidente, Miguel Ángel Picchetto.

Los argentinos eligen, además de presidente y vicepresidente, 130 diputados y 24 senadores. También votarán para designar al gobernador de la provincia de Buenos Aires.

La intención de voto en octubre era de más del 59% favorable al peronismo frente al 31% de Macri. De los otros candidatos en liza solo destaca Roberto Lavagna con un 9%.

La encuesta más fiable fueron las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), el pasado 11 de agosto, cuando el presidente Macri se quedó con 31,8%, 16 puntos por debajo del aspirante Alberto Fernández, 47,7%, secundado por la Jefa, Cristina Fernández de Kirchner.

Ni los peronistas más positivos imaginaban que en las PASO iban a arrasar de esa forma. Si se repitiera el resultado de las llamadas primarias, no habría necesidad de segunda vuelta, y los Fernández asumirían el poder el 10 de diciembre. «Nunca fuimos locos gobernando», dijo entonces Alberto Fernández (Buenos Aires, 1959), al asumir la victoria. Era un mensaje a los mercados.

«Sí se puede, sí se puede» clamaba el gentío en Córdoba, en el último mitin electoral de Mauricio Macri el pasado jueves. En Argentina la llamada veda electoral (jornada de reflexión) se extiende dos jornadas. Macri ha convertido la batalla por la segunda vuelta en una lucha titánica contra esa victoria anunciada del peronismo.

El presidente quiere convencer a los indecisos, y a los que temen el regreso al pasado, esa reconquista del poder del peronismo, que se merece otra oportunidad, a pesar de que la situación económica es crítica y de que todo el mundo vive pendiente de la evolución del dólar. Macri mira a su derecha y a los conservadores religiosos, léase evangélicos, en demanda de esa ansiada segunda vuelta el 24 de noviembre.

El pastor Norberto Carlin, de la Iglesia Santuario de Santa Fe, le dio su bendición en la campaña. «Señor, si él está en este lugar es porque Tú lo pusiste. No habrá nadie que lo pueda tocar», rezó por el presidente, que necesita realmente un milagro para mantenerse en la Casa Rosada.

«Estamos mejor preparados para empezar a crecer, lo que se viene es eso, el crecimiento el aumento del salario y el alivio para todos los argentinos», prometió el candidato oficialista, como si pudiera multiplicar los panes y los peces. Macri ha recorrido 30 lugares de la geografía argentina en 30 días en una carrera enloquecida para conseguir una segunda oportunidad a finales de noviembre. Desde que Macri perdió las primarias, han salido del país más de 20.000 millones de dólares.

La dependencia del dólar no es novedad, ni la crisis económica, endémica en un país rico en soja y carne pero siempre carente de divisas. Todos conocen las cotizaciones del dólar al dedillo porque cada vez que sube su capacidad adquisitiva baja.

Con una bolsa de la compra un 60% más cara llegar a fin de mes vuelve a ser una pelea dura para gran parte de la clase media. Ocho de cada 100 argentinos son indigentes y el índice de pobreza a final de año rondará el 37%, según el Observatorio de Deuda Social Argentina (ODSA).

En Argentina cada vez que hay cambio de gobierno se impone una nueva política económica y de momento ninguna fórmula funciona. Como consecuencia del así denominado péndulo, los argentinos no se han recuperado de una crisis cuando están en otra aún peor. Es uno de los países del mundo con un riesgo país más alto: este año sobrepasó los 2.000 puntos. Es decir, sus continuadas suspensiones de pagos hacen que no se confíe en su capacidad de pago de la deuda.

La sociedad argentina vive instalada en la polarización, lo que se llama ‘la grieta'», afirma Carlos Malamud

«La sociedad argentina vive instalada en la polarización, lo que se llama la grieta. Esta polarización está impulsada por el kirchnerismo. Cristina Fernández (antecesora de Macri) ni siquiera estuvo en la ceremonia de traspaso de mando. Dicen que Macri está al frente de un gobierno de empresarios y de corruptos. Y Macri y los suyos apostaron por lo mismo. Son unas elecciones muy polarizadas y con grandes posibilidades de que se resuelva en primera vuelta. Más del 80% del voto se distribuye entre los dos primeros aspirantes», explica Carlos Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano.

Atribuyen al periodista Jorge Lanata la primera alusión a la grieta en 1989. Señalaba así Lanata en un editorial en Página 12 la diferencia entre quienes estaban a favor y en contra de la dictadura militar que estuvo al mando del país entre 1976 y 1983. Durante la presidencia de Cristina Kirchner se empleó para referirse a cristinistas y anticristinistas.

El voto anti CFK llevó a Mauricio Macri, empresario reconvertido en político, a la Presidencia en 2015. Ahora marca la diferencia entre peronistas, de nuevo unidos, y los partidarios de Macri.

De Jefa a número dos

De modo que salvo milagro o sorpresa de última hora, la fórmula FF será la nueva fórmula presidencial. La incógnita es si Cristina Fernández, ex presidenta (2007-2015), y viuda de Néstor Kirchner, dejará a Alberto Fernández, que salió del gobierno de CFK por serias discrepancias con la Jefa, asumiría el mando sin cortapisas.

«Alberto Fernández siempre fue muy crítico con la corrupción. Su candidatura parecía una apertura al diálogo por parte del peronismo. Se presenta como un moderado, es profesor de Derecho. Pero no sabemos cómo es. Lo más incierto es ver cómo va a reaccionar económicamente», señala Mariana Llanos, politóloga e investigadora del Instituto de Estudios Globales y de Área (GIGA).

La jugada maestra del peronismo ha sido unirse y acabar con las llamadas internas (divisiones fratricidas tan habituales en Argentina). De esta manera, al ser número dos la ex presidenta contará con la inmunidad que tanto necesita por todos los casos pendientes con la justicia, la mayoría por corrupción, a la vez que aporta a los peronistas el apoyo de La Cámpora, donde su hijo Máximo Kirchner es figura relevante. Pero al mismo tiempo no resta votos porque la Jefa genera tanto rechazo como admiración.

Según la politóloga Laura Tedesco, de St. Louis University, Madrid campus, «los vicepresidentes nunca han sido muy importantes en Argentina. En la campaña electoral CFK no ha tenido mucha influencia. Se ha dedicado a presentar su libro. Alberto no es un títere. No es un político que pueda manipular. Ha podido unificar el peronismo, atraer a quienes no la quieren. Hay que esperar a ver qué papel tendrá CFK en la estrategia política y económica».

Alberto no es un títere. No es un político que CFK pueda manipular. Ha podido unificar el peronismo», dice Laura Tedesco

Y, por el contrario, los presidentes sí tienen un papel muy fuerte en Argentina. Son el poder. Cuando se asume el poder se sabe lo que significa, no antes. Carlos Malamud apunta que Alberto Fernández es más nestorista que cristinista. «No es tan radical en su discurso bolivariano. Es un populista clásico. En condiciones normales es un tipo sensato. Pero no llega en condiciones normales. Las expectativas son que si gobierna puede ser menos terrible que ella».

Sin embargo, un perfil de la agencia Bloomberg le presentaba como «el hombre que aterroriza a los mercados».  El ascenso al poder de Alberto Fernández empezó a pergeñarse en febrero de 2018 en el seno del think tank Grupo Callao, por la avenida capitalina donde se enclava el Congreso y la oficina del ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner.

En ese momento Macri estaba de subida y parecía ilusorio que el peronismo volviera a tocar poder en tiempo. El objetivo de Alberto Fernández y sus aliados era unir el peronismo, lo que ha logrado en la oposición. Que vaya Cristina Fernández como número dos parecía impensable en aquel momento. Ella es la Jefa. O era.

Además de los problemas judiciales, Cristina Fernández de Kirchner afronta una complicada situación personal. Su hija Florencia, que también tiene pendientes causas judiciales, está enferma y recibe tratamiento en Cuba, adonde viaja con frecuencia.

En Sinceramente, el bestseller de CFK, cuenta cómo Florencia padece estrés postraumático debido «a la persecución judicial y mediática» a la que habría sido sometida por ser hija de Néstor y Cristina Kirchner.

Preparados para la conmoción

A pesar de que Alberto Fernández es un pragmático moderado, su ascenso hace que «inversores y acreedores de Argentina, además del FMI, estén preparándose para una conmoción. Cuestionan la influencia de Kirchner: durante sus ocho años de mandato aplicó controles de divisas, mantuvo el país en quiebra y falsificó datos económicos, aislando a Argentina de los mercados mundiales», puede leerse en el artículo de Bloomberg. Tras conocerse los resultados de las PASO en agosto, el peso cayó un 26%.

La agenda económica de Alberto Fernández señala que aumentará los salarios, bajará los tipos de interés, reducirá la inflación y buscará el superávit fiscal y comercial, a la vez que hará crecer la economía. Asegura que renegociará con acreedores privados y con el FMI el préstamo de 56.000 dólares que obtuvo Mauricio Macri. Tendrá que hacer malabarismos.

La política exterior también oscilará como un péndulo. La relación con Estados Unidos, con el Grupo de Lima y con Europa se prevé que gire 180 grados. Nicolás Maduro será de los más beneficiados por el cambio. Macri ha apoyado al presidente encargado Juan Guaidó, mientras los Fernández son aliados de Maduro.

También habrá que estar muy pendiente de la calle en un momento en el que se multiplican los estallidos sociales por toda América Latina: desde Chile hasta Ecuador o Bolivia.

En Argentina se entrará en un escenario muy incierto. Con demandas muy exigentes. Más allá del resultado electoral habrán de satisfacerse expectativas muy altas», afirma Francisco Sánchez

«Lo complicado vendrá en ese periodo entre las elecciones y el cambio de gobierno, el 10 de diciembre. En toda América Latina hay un ciclo de acción colectiva de protesta. En Argentina se entraría en un escenario muy incierto. Con demandas muy exigentes. Más allá del resultado será que hay que satisfacer una serie de expectativas altas», afirma Francisco Sánchez, director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. 

«Macri estará gobernando unos meses en los que no tendrá el control. Sin capacidad de maniobra. Sin interés en facilitar las cosas a los que entren», añade Sánchez.

El tándem peronista, si finalmente reconquista la Casa Rosada, cuenta a su favor con el apoyo casi unánime de los sindicatos, liderados por los llamados gordos, que cuentan con tanto poder como un senador. Argentina es el país de América Latina con mayor representación sindical después de Uruguay.

Las próximas seis semanas serán cruciales para Argentina y para toda América Latina. Hay quienes creen, como la politóloga argentina Mariana Llanos, que precisamente la convocatoria electoral ha contenido la situación en Argentina. Y si hubiera una segunda vuelta, se pospondría más porque siempre quedaría la opción de ir a votar.

«Es un milagro que en Argentina no haya estallido social hasta ahora. Los gobiernos argentinos saben que la gente va a ir a la calle. Tienen mucha cintura. No como Piñera en Chile que se sorprendió con la noticia. Tienen más instrumentos mentales y prácticos para enfrentar las protestas. Depende de si terminan muy enfrentados después del escenario electoral. El riesgo de protesta social está ahí», explica Mariana Llanos, desde Hamburgo, donde está la sede del Instituto Alemán de Estudios Globales y de Área (GIGA).

Todas las miradas estarán puestas en Alberto Fernández en la noche del domingo, cuando se conozcan los resultados. Su mensaje se interpretará en clave económica. Será como el final de un partido de fútbol entre el Boca Juniors (equipo que presidió Macri durante 12 años) y el River Plate. En las semifinales ganó el River Plate.