Javier Melero ya era un penalista más que conocido antes de convertirse en la estrella del juicio del procés por sus comentarios sardónicos y su defensa técnica de Joaquim Forn y Meritxell Borràs, muy lejos de las encendidas intervenciones de Andreu Van den Eyne, Benet Salellas o Jordi Pina. Había defendido a Artur Mas y sus consellers en el juicio del 9N, y antes de eso fue el penalista de referencia para Convergencia Democrática durante las dos décadas de dominio absoluto del partido de Jordi Pujol en Cataluña. De esos años conserva amistad con el propio Pujol y destacados ex convergentes como Lluís Corominas, pese a hacer bandera de su rechazo al independentismo -«es todo lo democrático que puede ser algo ilegal en una sociedad libre».

De todo ello habla en «El Encargo» el libro escrito -también por encargo- sobre el juicio del procés y sus derivadas. Un relato que le sirve para ofrecer aceradas descripciones de los protagonistas del juicio -los interrogatorios de Ortega Smith eran «menos incisivos que un calippo»- y defender un trabajo del que asegura sentirse absolutamente satisfecho, a pesar de que el resultado haya sido una sentencia que denuncia como injusta.

Pregunta.- Usted defiende -en contraste con el resto de los abogados defensores- que el juicio ha sido justo, pero tacha de injusta la sentencia.

Respuesta.- Dije que el juicio era un juicio justo y todo el mundo se llevó las manos a la cabeza. Acaba de decir exactamente lo mismo Amnistía Internacional. El juicio, en tanto que representación de la práctica de la prueba y las intervenciones de los sujetos presidida por una ley procesal no es susceptible de ninguna crítica. Fue ordenado correctamente por el presidente del tribunal, se practicaron todas las pruebas que propusieron las partes, más o menos, fue un juicio normal, bien articulado. Precisamente porque el juicio fue correcto la sentencia destaca todavía más por su injusticia.

P.- ¿A pesar de que se produce una rebaja respecto a lo que pedía la Fiscalía y el instructor?

R.- Esa no es la cuestión. La cuestión es si realmente se daban los elementos para poder hablar del delito de sedición, yo creo que de ninguna manera. Es más, creo que el tribunal ni siquiera se esfuerza demasiado en justificarlo.

P.- Dice que se echaron las manos a la cabeza cuando dijo que el juicio era justo. ¿Ha sido complicado defender a sus defendidos en un entorno tan crítico con cada paso del proceso judicial?

R.- Yo no he recibido por parte de mis interlocutores políticos del entorno independentista la menor crítica ni la menor presión. En los medios de comunicación y la gente que opina en las redes habrá de todo, pero como no los sigo… Lo que he detectado durante toda la instrucción y la celebración del juicio es una profunda identificación con mi tesis.

P.- ¿Coincide con las voces socialistas que afirman que si hubiera estado vigente el delito de convocatoria de referéndum ilegal les hubiera ido mejor a todos?

R.- No tengo la menor idea. Eso son conjeturas, cuando estaba ese delito todo el mundo suspiraba por sacarlo y ahora parece que se le eche de menos. Ahora parece que lo que hay que hacer es modificar la rebelión y la sedición -desde luego están hechas una birria-. El Código Penal del año 1995 lleva 30 reformas. No hay nadie que pase por el Gobierno o sus proximidades que no sienta la necesidad de reformar el Código Penal y no veo que la justicia penal avance gran cosa.

El Código Penal lleva 30 reformas, no hay nadie que pase por el Gobierno o sus proximidades y no sienta la necesidad de reformarlo, y no veo que la justicia penal avance»

P.- ¿Cree que se ha retorcido el delito de sedición porque había que condenarlos por algo y desobediencia era poco?

R.- Parece que sí, que desobediencia era poco. Pero yo ofrecí otra alternativa al Tribunal. No estoy de acuerdo pero podríamos llegar a discutir si ha habido una incitación a los desórdenes públicos. La sedición es un delito contra el orden público: hay una graduación en esos delitos, resistencia leve a la autoridad, resistencia grave, atentado, cooperación e incitación…. Cada uno tiene un grado diferente, hasta llegar a la sedición que es el máximo. A mi no me han explicado por qué hubo un delito contra el orden público el 1-O más grave que el día que se rodeó el Congreso de los Diputados, el párquing de Burgos, lo que ha pasado en Barcelona tras la publicación de la sentencia… o en tantas manifestaciones. A nadie le ha pasado por la cabeza que eso esté en la cúspide de los delitos por desorden público y a mi no me han convencido de por qué estos hechos sí lo estaban.

P.- La instrucción argumenta que se trataba de un proceso orquestado desde el gobierno, eso lo distingue de los ejemplos que ha puesto.

R.- Incluso entrando en la lógica de la sentencia, que era un proceso orquestado desde el gobierno y las entidades. Vamos a suponer que estamos de acuerdo y vamos a un delito contra el orden público que es la sedición, en la que hay un elemento que es el alzamiento tumultuario. El tumultuario hay que interpretarlo en el sentido de violento: vamos a graduar la violencia necesaria para la sedición, para diferenciarla del resto de delitos contra el orden público, y ahí se produce un salto al vacío que no se culmina por parte del tribunal.  

P.- En su libro retrata a los cargos nacionalistas como “creyentes” de la causa. ¿Cómo ha sido enfrentar a esos creyentes con un análisis frío y legal de lo que ha sucedido?

R.- Los creyentes son creyentes porque siguen creyendo. Le puedo plantear muchísimas pruebas aquí de que la existencia del Espíritu Santo es muy discutible, pero si es creyente saldrá con el Espíritu Santo encima del hombro.

P.- Usted reniega de la contraposición entre defensa técnica y defensa política con las que se ha descrito su trabajo y el del resto de las defensas durante el juicio del procés, pero su defensa fue muy diferente de la ejercida por Benet Salellas en defensa de Jordi Cuixart, por ejemplo.

R.- Pero se complementaban. Si yo no hubiera hecho la defensa que hice la tendría que haber hecho él y a la inversa. Alguien tenía que hacerlo.

P.- ¿Se hubiera sentido cómodo haciendo ese discurso más político?

R.- No creo que el discurso de los derechos fundamentales sea un discurso político, ya es un discurso de legalidad.

P.- Ha sido un juicio de enorme exposición para todos los participantes por su retransmisión en directo, ¿cómo lo ha vivido?

R.- No había vivido un juicio tan expuesto. Mientras trabajaba, mientras estábamos en el Supremo todos nos olvidábamos de las cámaras. Espero que la notoriedad pública pase pronto y volver a la discreción más absoluta.

P.- Aunque usted ya era un abogado conocido…

R.- Era famosísimo antes.

P.- Durante este proceso tan expuesto ha habido voces que desde ámbitos jurídicos han cuestionado las cualidades democráticas de este juicio, voces en teoría muy autorizadas. ¿Se ha hecho demasiada política con este juicio?

El debate penal no llega a la sociedad, y cuando llega la doctrina no interviene, intervienen los cantantes, los obispos…»

R.- Siempre he creído que el debate penal no llega a la sociedad. Lo que se transmite penalmente no es muy correcto: incrementar las penas, ir contra los violadores, contra los delincuentes fiscales, contra los políticos corruptos…. Y normalmente la doctrina penal no interviene en este debate, intervienen los cantantes, los obispos y gente de todo tipo. Los penalistas, como todo el mundo, tienen sus posiciones políticas, pero no creo que en este tema haya habido una hipertrofia de opiniones técnicas, más bien ha habido un déficit.

P.- ¿Ha habido falta de rigor en las voces autorizadas a la hora de analizar el proceso judicial?

R.- No sabría decirle. Los delitos de rebelión y sedición en la doctrina científica española apenas están tratados, no se explican en las facultades, hay cuatro artículos y un par de monografías. Lo cual ha permitido que todo el mundo dijera lo que mejor le pareciera sin necesidad de adaptarse a ningún canon previo.

P.- ¿El nacionalismo catalán creía que se les iba a permitir llegar más lejos de lo que permite la ley por motivos políticos?

R.- El nacionalismo catalán contaba con una negociación o una sanción del tipo de la del 9N. Lo que no esperaba era una reacción como la actuación policial del 1-O. Incluso podía gestionar anímicamente bien un 155, pero no la violencia.

P.- ¿Hubiera sido más sensato por parte del Gobierno aplicar el 155 tras el pleno del 6 y 7 de octubre, con la aprobación de las leyes de desconexión?

R.- Absolutamente, es más, le diré que algunos de los políticos nacionalistas lo esperaban.

P.- Ha sido especialmente crítico con la declaración en el juicio de Pérez de los Cobos, le acusa directamente de mentir.

R.- Lo hice en sala, le acusé de mentir ante el Tribunal y el presidente ni se inmutó. O miente Pérez de los Cobos o mienten los comisarios de los Mossos, y a la que bajas en la cadena de mando de la Guardia Civil y la Policía, muchos policías de buena fe no tenían ni idea de los propósitos y lo manifestado por Pérez de los Cobos.

P.- ¿Quién cree que dio la orden de cargar el 1-O?

R.- No lo sé. El ministro del Interior estaba muy preocupado por lo que pudiera ocurrirle al Betis, el presidente del Gobierno no se ocupó de este asunto, la vicepresidenta manifestó que de esto se ocupaban los operativos… yo creo que en realidad fue el cabo López de Manresa quien dio todas las órdenes.

No sé quien ordenó cargar a la Policía el 1-O, el ministro de Interior estaba muy preocupado por el Betis y el presidente del Gobierno no se ocupó de eso»

P.- ¿Coincide con AI en que la sentencia hace un uso excesivo del delito de sedición?

R.- Con ese informe coincido plenamente. Mi cliente está condenado por promoción de la sedición, es decir, que el sedicioso de a pie es el ciudadano que va a la manifestación, concentración o votación. A pesar de que el Supremo se esfuerza mucho en decir que a éste, al sedicioso de a pie, no le ha hecho nada. Es bastante desalentador para la gente que quiere manifestarse saber que la lectura que se puede hacer de eso es de un delito de sedición.

P.- Se le ha criticado por su buena sintonía tanto con el presidente del tribunal como con los fiscales durante el juicio del procés ¿le incomoda?

R.- Lo único que me incomoda en un juicio es que me cuestione mi cliente y eso no ha ocurrido en ningún momento.

P.- ¿Le preocupa el proceso que se abre ahora ante el Tribunal de Cuentas?

R.- Me preocupa porque el Tribunal de Cuentas es una máquina de picar carne, es una pura cuestión objetiva de aplicación de partidas contables. Pero en el caso de Joaquim Forn no me preocupa lo más mínimo porque tiene un acuerdo de Consejo de Ministros de abril de 2018 ratificando todos los gastos de la Conselleria de Interior. Puede estar muy tranquilo.

P.- ¿El resto de los procesados tienen motivos de preocupación vista la experiencia de Artur Mas?

R.- Yo solo cobro por preocuparme por las consecuencias para Forn y Meritxell Borràs, que está en las mismas condiciones que Forn. Y el Tribunal Supremo ha dicho que no existe la solidaridad entre ellos en esta sentencia. Cada cual responde por lo que sucedió en su consejería. Si el Tribunal de Cuentas quiere construir la solidaridad habrá que ver con qué mimbres lo hace.

P.- ¿Los partidos políticos fueron injustos cuando pidieron a los procesados que fueran candidatos en las elecciones autonómicas y municipales?

R.- No sé si los partidos tienen que ser justos o rentabilizar sus activos emocionales para que la gente les vote más. El mundo de los partidos no me interesa mucho.

Los partidos rentabilizaron sus activos emocionales para que la gente les votara más» con las candidaturas de los presos

P.- Pero defiende abiertamente que ser candidatos ponía en riesgo a sus defendidos.

R.- No es algo que diga yo. Me lo dicen los sujetos que tienen responsabilidades que pueden afectar a la libertad de mis defendidos o a su futuro procesal.

P.- Es decir, el instructor y los fiscales.

R.- Sí, el instructor y los fiscales. Me lo dicen y yo lo reflejo en el libro. Les preguntaba, por qué no lo dejas en libertad, y me daban estas razones.

P.- ¿Esa fue la diferencia entre Dolors Bassa y Meritxell Borràs?

R.- Creo que sí, no soy capaz de ver otra.

P.- ¿La sentencia es especialmente injusta con los jordis y Bassa?

R.- Y con Carme Forcadell. Todo me parece un escándalo, pero lo de los Jordis, Carme Forcadell y Dolors Bassa me parece surrealista.

P.- ¿Por qué?

R.- Los primeros, porque no son funcionarios públicos ni están requeridos al cumplimiento de ninguna resolución judicial. De Forcadell, a parte de su papel simbólico como anterior líder de la ANC, a ver si alguien consigue ver la diferencia entre ella y el resto de la Mesa del Parlament, que se han ido por desobediencia. Y respecto a Bassa, para mi hacía pareja con Borràs, lo único que diferencia a una y otra es que una se presentó alas elecciones del 21D y otra no. Soy incapaz de ver otra diferencia.

P.- ¿Cómo compatibiliza este proceso que en lo personal debe ser duro con el hecho de estar en las antípodas ideológicas de sus defendidos?

R.- Eso de en las antípodas es mucho decir, en las antípodas está Vox. No soy independentista pero ni los considero unos fanáticos ni me dan asco. Me llevo bien con ellos, no me condiciona lo más mínimo. Pero esto no es mérito mío, es mérito del cliente, al que nunca le ha importado mi posición política.

P.- Otros han hecho una defensa más militante.

R.- Lo siento por ellos, habrán sufrido más, a mi nadie me ha reprochado nada en ese sentido.

P.- ¿Cómo ve la batalla en el Parlament por aprobar mociones sobre la autodeterminación que vuelven a poner en riesgo de desobediencia a la Mesa? ¿Exceso de celo del Constitucional o de provocación del Parlament?

R.- El Tribunal Constitucional hace lo que tiene que hacer. Todo el mundo está atrapado en un discurso público incendiario y de escasa utilidad. Todo el mundo parece estar embebido de la razón absoluta y ser de una virtud modélica y la verdad es que todos componen una expresión bastante estúpida.

Todo el mundo está atrapado en un discurso incendiario y de escasa utilidad»

P.- ¿Ve la formación de un Gobierno como una posibilidad de salir de la crisis catalana?

R.- No lo sé. Desde 2012 nada ha mejorado. Todos los salvadores de la unidad de España y del constitucionalismo han acabado haciendo un muy flaco favor. Si la pretensión que tenían era arreglar las cosas más vale que vayan a Master Chef.

P.- ¿Decepcionado por la progresión de Cs tras haber asistido a su nacimiento en Barcelona?

R.- Lo de Ciudadanos se parece a haberle dejado un Ferrari a una gente con escasa competencia para la conducción, mire lo que ha pasado.

Lo de Cs se parece a haberle dejado un Ferrari a una gente con escasa competencia para la conducción»

P.- Está pendiente del juicio a la Mesa del Parlament, que se ha pospuesto porque Joan Josep Nuet es aforado. ¿Cómo ve ese juicio y su eventual traslado al Supremo?

R.- Es divertidísimo. Del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) se fue al Supremo, volvió aquí en fase de artículos de previo pronunciamiento, ahora vuelve al Supremo. Me alegra ver que nadie tiene la menor prisa en resolver este asunto, y me gustará ver la cara que pondrán en el Supremo cuando lo vuelvan a ver allí. Lo siento por las personas acusadas pero a mi ya me da risa.

P.- ¿Se siente más cómodo ante el Supremo o ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña?

R.- Me es igual, en el Supremo estoy muy cómodo… y en el TSJC funciona mejor el aire acondicionado.

P.- En su libro exhibe fascinación por los boxeadores y sus citas, un interés que al parecer compartía con el juez Marchena. ¿Por qué?

R.- A diferencia de los futbolistas o los ciclistas, los boxeadores siempre dicen cosas interesantes. Hay todo un repertorio de frases excepcionales y participan de todo ese mundo cinematográfico y literario de la vida, de enfrentamientos, de perdedores y ganadores, es un deporte que se juega solo, tiene muchas connotaciones. Los futbolistas solo dicen que el vestuario está cohesionado y el mister tiene la razón.

P.- ¿El derecho penal es un derecho de ganadores y perdedores?

R.- Como todos. No sé qué puede preferir un ciudadano, que le pongan una pena de 6 meses de prisión o que le quiten el piso en un procedimiento hipotecario. Siempre se gana o se pierde.