Anda José Manuel García Margallo (Madrid 1944) ajustando cuentas con el pasado en su último libro Memorias heterodoxas. De un político de extremo centro (Edit. Península). Hace un repaso de su larga y dilatadísima experiencia política, pero es imposible no detenerse en la etapa final, la de titular de Asuntos Exteriores en el primer Gobierno de Mariano Rajoy y compañero de Consejo de Ministros de la que fuera todopoderosa Soraya Sáenz de Santamaría. Fiel su estilo, no ahorra en críticas hacia la vicepresidenta, pero, tampoco hacia el que fue su principal valedor, el propio Rajoy, que lejos de ser neutral en la batalla de las primarias, hizo campaña a favor de su pupila en un congreso del PP diseñado para que lo ganara.

Asegura el ex ministro haber sido «muy caritativo» en el trato a Santamaría, a la que acusa, entre muchos males, de no haber sabido gestionar el órdago independentista y estar más preocupada por su futuro político. Por eso nació el G-8, «decidido a que no hubiese una sucesión en manos de Sáenz de Santamaría». Sin desperdicio.

Pregunta. -Hoy le presenta el libro Pablo Casado, ¿va a estar Mariano Rajoy?

Respuesta. -Lo he invitado, por supuesto.

P. -¿Ha hablado con él?

R. -No, es que tenía muy poco tiempo. Tengo jornadas de 17 horas y de vez en cuando doy una cabezada de veinte segundos.

P. -Leyendo su libro veo que el señor Rajoy no tuvo esa declarada neutralidad entre los contendientes de las primarias.

R. -No, no la tuvo.

P. -¿Hizo campaña a favor de Santamaría?

R. -Eso es así.

P. -Le salió bastante mal.

R. -Es bastante insólito porque Soraya Sáenz de Santamaría es la persona que ha tenido más poder en España desde Godoy. Tenía el CNI; la comisión de secretarios y subsecretarios, que es la que daba el pase o no a las disposiciones de los ministerios; el control de Hacienda y de la administración periférica y una privilegiada relación con los medios de comunicación. Que desde esa posición pierda frente a Casado, que entonces no era más que un señor que había sido presidente de Nuevas Generaciones, debe hacer reflexionar; que la gran mayoría de los ministros de Rajoy se agrupen detrás de Casado, también debería hacer hecho reflexionar y que de los seis candidatos, cuatro apoyasen a Casado, es que algo no cuadra.

Rajoy no fue neutral, hizo campaña a favor de la vicepresidenta»

P. -No me puedo creer que el llamado G-8 no se defendiera de los hechos que narra en su libro.

R. -Créame que nos defendimos lo que pudimos. Que nos defendimos, nos defendimos.

P. -¿Hablaron con Rajoy de esto?

R. -Sí, Rajoy nos preguntó alguna vez que era el G-8 y se le dijo con absoluta claridad. Ya comprenderás que no es nada  contra ti, todos los que estamos aquí somos tus amigos de siempre. Reunirse a conspirar contra Rajoy con Wert, con Soria, conmigo y con Ana Pastor resulta una operación altamente imaginativa. Yo creo que lo que sí estábamos era decididos a que no hubiese una sucesión en manos de Sáenz de Santamaría. No era contra Rajoy, pero sí contra Santamaría.

P. -Se le acusó de participar en conspiraciones contra Rajoy.

R. -Eso trae causa de una reunión de empresarios de la que a mí me da trasladado uno de ellos diciendo que Rajoy debía dar un paso atrás y dejar el Gobierno en manos de alguien de su más absoluta confianza. Da el nombre de Ana Pastor y el mío. Rajoy cita en su libro a otros dos que debían ser Soraya Sáenz de Santamaría y Luis de Guindos. Respondí que eso no tenía ningún sentido porque Rajoy no iba a dar ningún paso atrás y todos íbamos a defenderle. Fin de la historia. Me llama, se lo expliqué, pero no debió ser suficiente.

P. -Uno de los asuntos que más centró su interés siendo ministro fue el catalán ¿Qué errores se cometieron en la llamada «operación diálogo»?

R. -Soraya pilota la operación Cataluña desde el minuto número uno. La conozco cuando Maragall anuncia que se va a presentar un nuevo Estatuto catalán y le digo a Rajoy que tenemos que tener un texto alternativo, que redacto. Rajoy me emplaza a hablar con Soraya Sáenz de Santamaría, que no sabía quién era, y se lo di. Aquello no salió. Luego, cuando se presentó el recurso ante el TC, le recordé a Rajoy que el golpe de Estado del 34 en Cataluña se produce como reacción a una sentencia del tribunal de garantías constitucionales contra una ley de la  Generalitat sobre cultivos. En ese recurso, que estoy de acuerdo que hay que hacer en temas esenciales, era necesario ser enormemente cuidadoso porque podía ser interpretado como una agresión y haber un choque de legitimidades. No se hizo así. Ya en 2012, cuando Artur Mas da el salto, alerto que este movimiento es muy fuerte y hay que tomarlo en serio e ir allí, no dejar abandonados a los nuestros.

Sánchez no puede reunirse con un señor que tiene una condena firme por desobediencia»

P. -¿De todo eso, qué es lo que hace Santamaría?

R. -Nada.

P. -¿Y qué es lo que hace en lugar de eso?

R. -Nada.

P. -¿Cree que debe reunirse Sánchez con Torra?

R. -Yo creo que no. Ante un señor que tiene una condena firme por desobediencia, que está en un desacato permanente y sin contricción ni propósito de enmienda, hay que ser muy firme en las posiciones, sin gestos de apaciguamiento.

P. -¿Y Sánchez está siendo firme?

R. -En absoluto. Estamos en el abandono del consenso constitucional.

P. -¿Con qué momento se queda de su dilatada vida política?

R. -El momento que personalmente más me emocionó fue cuando recién celebrado el primer pleno después de las primeras eleccciones democráticas del 15 de junio de 1977, Adolfo Suárez, que ya se había quitado la camisa azul, se levanta para saludar, en mitad del hemiciclo, a Dolores Ibarruri, la Pasionaria. Vi que había voluntad de lograr la reconciliación nacional, de enterrar la imagen de las dos Españass y que con ese espíritu éramos capaces de cualquier cosa.

P. -¿Están enterradas las dos Españas?

R. -Me temo que están resucitando. Zapatero dijo que convenía tensar y la ley de Memoria Histórica no tenía más objetivo que ese. UCD había logrado la reconciliación con dos amnistías, una incluso  para los delitos de sangre cuando ETA seguía matando y teníamos a medio Ejército sublevado, y él resucita eso y Sánchez le sigue. Todo lo que pueda polarizar la vida nacional le conviene, todo lo que pueda ser evitar que haya un partido de centro que le dispute el Gobierno y que la oposición la protagonice un partido como Vox, es la operación que a él le conviene.

Los proletarios se aburguesan y lo que quieren es discutir el vestido de Cristina Pedroche y no tomar el Palacio de Invierno»

P. -¿Entonces ha conseguido en parte su objetivo?

R. -Están en eso. En la polarización son siempre los extremos los que ganan. En la medida en que él se radicalice a la izquierda, la oposición se radicalizará a la derecha. A partir de Zapatero el PSOE deja de ser un partido socialista en el sentido clásico. Siempre ha tenido una base obrera pero en el momento en que los proletarios se aburguesan y lo que quieren es comprarse un apartamento en Benidorm o discutir sobre el vestido de Cristina Pedroche en Nochevieja, no van a tomar el Palacio de Invierno. Entonces lo que hace Zapatero es agrupar a esos colectivos cuyas identidades han sido discutidas, esto es, el mundo gay, feministas, verdes extremos, nacionalistas periféricos… y Vox apadrina a los colectivos cuyas identidades han sido desconocidas por el PSOE. Niega la violencia de género, es negacionista en el tema del cambio climático, restablece el nacionalcatolicismo y resucita un nacionalismo español que niega la diversidad.

P. -¿Se ha derechizado el PP?

R. -El PP tiene que ser extraordinariamente radical en los principios básicos de un partido de centro: la soberanía pertenece a todo el pueblo español; España es una nación indivisible y una comunidad de hombres libres e iguales en derechos y obligaciones y un Estado solidario y todo eso puede ser perfectamente compartido con Vox. ¿Qué es lo que nos diferencia? El centro es compromiso con derechos y libertades, incluida la igualdad de género y la no discriminación, la separación de poderes, la economía social de mercado, el respeto a la ley y a las instituciones internacionales y el europeísmo.

P. -¿Pero hay un giro a la derecha de Casado representado en su discurso sobre el ‘pin parental’?

R. -Parece mentira que, con lo que está pasando en España, a punto de cargarnos la Constitución, estemos hablando de ‘pin parental’. Aquí lo más preocupante es lo de la ministra cuando dijo que los hijos no pertenecen a los padres. Por supuesto, no hay ningún título sobre ellos pero sí un deber natural y eso está reconocido en la declaración de los Derechos del Niño y en la Constitución. El deber de los padres es elegir para sus hijos el proyecto moral, filosófico y religioso que más encaje con sus convicciones y toda la legislación debe respetarlo. Y si no se respeta hay una alta inspección. Se está discutiendo un “no problema”.

P. -¿Cree que hay algo que no nos han contado en la polémica entrevista de Ábalos con la vicepresidenta del Gobierno de Maduro?

R. -Hay un gobierno con Podemos y eso es una hipoteca que hay que ir pagando poco a poco. Basta leer los libros de Iglesias para saber que ellos se alinean con lo que llaman ‘democracias iliberales’, en contraposición al concepto de ‘democracias liberales’, y eso tiene un coste. Esta operación circense va a crearnos problemas en la Unión Europea y en Estados Unidos que podemos pagar relativamente pronto.

He sido muy caritativo en mi libro»

P. -¿Se ha dejado algo en el tintero para un próximo libro?

R. -Sí.

P. -¿El qué?

R. -Desde luego no hay nada de las deliberaciones del consejo de Ministros, pero eso no estará en ningún otro libro ni siquiera en mi testamento y me he centrado en aquellas discrepancias sobre las cuestiones abiertas en ese momento que son tres; Cataluña, Gibraltar y la Constitución.

P. -¿Le gustaría narrar en su próximo libro su reconciliación con Rajoy?

R. -Me encantaría. Yo soy del mundo cristiano y en este libro he aplicado la lectura sobre la Caridad de Corintios 13 y he sido muy caritativo.