Política

Los peones de Junqueras y Puigdemont en la mesa de diálogo de Pedro Sánchez

ERC y PSOE, reunidos en el Congreso de los Diputados.

El Consell Executiu aprobó ayer, en su capítulo de nombramientos, el acuerdo de Govern sobre los miembros que formarán parte de la delegación de la Generalitat en la mesa de negociación con el Gobierno. Una fórmula extraordinaria con la que el ejecutivo de Quim Torra ha querido elevar el rango oficial de su delegación y darle barniz gubernamental, tras haber escogido a un equipo negociador con solo dos consellers y excluir de los trabajos tanto a Torra como al vicepresidente Pere Aragonés.

Se trata de los consellers de Acción Exterior y Relaciones Institucionales, Alfred Bosch, en representación de ERC, y el titular de Políticas Digitales, Jordi Puigneró, en representación de JxCat. Junto a ellos se sentarán la ex consellera Elsa Artadi y el ex jefe de gabinete de Puigdemont y Torra, Josep Rius en representación de JxCat. Y la secretaria general adjunta y portavoz de ERC, Marta Vilalta, junto al diputado Josep Maria Jové.

Torra y Aragonés acudirán hoy a la Moncloa junto a ellos, pero se retirarán después del día a día de la negociación de modo que serán estas seis personas, con llamativa minoría gubernamental, los responsables de encargar el diálogo por la parte independentista. «Serán la delegación permanente y rendirán cuentas al presidente y vicepresidente» reza el decreto aprobado por el Govern.

Puigdemont impone su ley

En el bando de la ex convergencia es especialmente llamativo el modo en que Puigdmeont ha impuesto su criterio, por encima tanto de Torra como de su partido. El PDeCat ha sido literalmente barrido de la mesa de negociación. Puigneró es oficialmente militante, pero no tiene apoyos de peso en el partido como Damià Calvet o Àngels Chacon. Más sangrante es el caso de Artadi, que rompió el carné del partido para escenificar su ruptura con la dirección que encabezaba Marta Pascal.

Rius tampoco tiene filiación partidista, pese a haber hecho carrera a la sombra de Convergencia. Fue jefe de gabinete de Puigdemont y Torra, al que abandonó para dirigir la campaña de Elsa Artadi al Ayuntamiento de Barcelona. Está claro, por tanto, que el equipo negociador de JxCat es de estricta obediencia de Waterloo. Artadi y Rius forman parte de la Crida, el nuevo proyecto de Puigdemont, y siguen integrando el núcleo duro de confianza del ex president, aunque Artadi ha sido relevada en las preferencias de Puigdemont por figuras como Laura Borràs o el propio Puigneró.

De hecho, Torra hubiera preferido contar en la comisión con la portavoz del Govern y consellera de Presidencia, Meritxell Budó. Pero Puigdemont impuso a Puigneró, que se ha distinguido en los últimos dos años por sus repetidas visitas a Waterloo y su trabajo centrado en habilitar la «república digital» con la que sueña el ex presidente fugado para dar verosimilitud a su Consell de la República. Por lo menos hasta que consiguió inesperadamente el acta de eurodiputado.

Junqueras y Rovira, en la mesa

Igualmente controvertida es la composición propuesta por Esquerra, aunque en este caso el objetivo claro era el de ver representado en la mesa al aparato del partido. Por contra, el conseller escogido, Alfred Bosch, es probablemente de los que menos peso político tiene en el partido, pese a ostentar la tercera Conselleria en rango del Govern, por detrás de la Presidencia y Vicepresidencia. Bosch es el responsable además de presidir la Comisión Bilateral Estado-Generalitat, a la que Torra quiere desviar las cuestiones «prosaicas» de gestión y competencias, lo que explica su participación en esta mesa.

Especialmente controvertida ha sido la presencia de Jové, quien como Vilalta ya formó parte del equipo negociador de Esquerra con el PSOE. El «hombre de la moleskine» es, ante todo, una persona de la máxima confianza de Oriol Junqueras, al que representará simbólicamente en la mesa. Desde ERC apuntan además que Jové «representa a las víctimas de la represión» en su condición de investigado por el Juzgado 13 de Barcelona como cerebro del referéndum del 1-O, lo que supuestamente le acercaría a las entidades Ómnium y ANC. Y apuntan a su buena sintonía con la CUP para explicar que su presencia en la mesa ejemplifica la voluntad inclusiva de esta selección de personas.

Vilalta, por su parte representa el «aparato de Esquerra» que sigue controlando desde Suiza Marta Rovira. El pasado verano, durante el proceso previo a las primarias para revalidar la cúpula republicana, algunos sectores expresaron dudas sobre la continuidad de Rovira al frente de la secretaria general, puesto que se encuentra huida en Suiza, pero se impuso su continuidad haciendo tándem con Junqueras en una candidatura inapelable para las bases de ERC. Desde entonces, su peso en el partido se ha afianzado pese a la distancia, y la proyección de Vilalta es una de las mejores pruebas.

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