«Tenemos que ser claros. No podemos poner un avión a cada español». Lo dejó claro la ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Arancha González Laya, en su comparecencia en la comisión parlamentaria de la semana pasada. Santiago Viejo Pérez, de 34 años, residente en La Habana, caso número 15 de Covid-19 en Cuba, lo sabe. «No se trata de fletar un avión por persona. Somos muchos. Queremos transmitir a Exteriores un mensaje: no se olviden de nosotros».

Santiago, muchos de sus compañeros del sector de la hostelería, y los turistas que se han quedado varados en Cuba, dicen sentirse abandonados. Comprenden que la gestión de la crisis que plantea el coronavirus es muy compleja. Pero no se encuentran acompañados en esta espera. González Laya explicó en la comisión de Exteriores que es «la mayor crisis consular que ha afrontado nuestra red consular desde que existe».

Añadió que se había creado una célula de crisis y la respuesta sería en fases. Primero se atendería a quienes estaban fuera cuando estalló lo peor de la crisis del coronavirus, pero que residían en España.

Más de 24.000 españoles han podido regresar a nuestro país en la operación que supervisa el Ministerio de Exteriores de España, en contacto con los Estados miembros de la Unión Europea, y las instituciones comunitarias.

Santiago Viejo trabajaba en un hotel en La Habana, el Copacabana, como responsable de alimentos y bebidas. Ahora está junto a una familia de cinco turistas catalanes en el único hotel todavía abierto, el Comodoro de La Habana.

Caso 15 de Covid-19 en Cuba

La empresa de este joven extremeño se está haciendo cargo de la estancia. Pero no le está pagando el sueldo porque el hotel donde trabajaba tuvo que cerrar. No hay fecha de apertura, pero se da la temporada de verano por perdida.

Sin embargo, Santiago Viejo tiene una circunstancia extraordinaria. Ha pasado el coronavirus en La Habana, tras un viaje a Madrid. Recibió el alta médica el 14 de abril. Dos o tres veces al año tiene que viajar a España a someterse a una revisión médica porque padece artritis reumatoide.

Voló a Madrid el 9 de marzo, justo después de la manifestación a la que acudieron varios miembros del gobierno, entre ellos la vicepresidenta Carmen Calvo, que dio positivo en coronavirus, la titular de Igualdad, Irene Montero, y la ministra de Exteriores, Arancha González Laya. Regresó a La Habana el 13 de marzo.

No hicieron controles de temperatura ni se tomaron medidas en ese viaje. Según relata Santiago Viejo, el avión iba lleno. Se temió lo peor y es lo que sucedió. Habló con el presidente de su empresa para empezar una cuarentena como medida de precaución. Tres días más tarde ya tenía fiebre.

Le ingresaron en el Instituto Pedro Kourí (IPK), el hospital especializado en epidemiología de La Habana. Varios de los viajeros de ese vuelo desde Madrid se contagiaron. Estuvo dos semanas en el centro. Ahí supo que era el contagiado número 15 de Cuba.

La atención que recibí en el IPK fue excelente. Tomaban todo tipo de precauciones. Me dieron Interferón pero me pidieron que lo autorizara», dice Santiago Viejo

«La atención que recibí fue excelente. Tomaban todo tipo de precauciones. Llevaban los trajes de protección facilitados por China. Me pidieron autorización para darme Interferón. Lo autoricé y reaccioné bien. Pero cuando me suministraron un medicamento que se ha usado para tratar el VIH los efectos secundarios eran aún peores que el virus. A las dos semanas di negativo y pasé el resto de la convalecencia en un hotel junto al hospital», relata Santiago Viejo. Recibió el alta definitiva el 14 de abril.

Durante su estancia en el hospital se puso en contacto con el consulado en La Habana para pedirles ayuda. Sabían de su caso, pero no habían contactado antes. Pidió que le facilitaran comida y lo hicieron. Después ha recurrido al consulado para demandar información de vuelos, pero hasta ahora no ha tenido éxito.

El cónsul Christian Celdrán Kuhl le ha pedido paciencia y le asegura que están intentando hacer lo posible para que regresen. «Me siento incómodo cuando demando información, pero sé que tenemos derecho a que nos atiendan», señala.

La última vez, el viernes 24 de abril, le ofrecían un vuelo a París, pero pidió tiempo para buscar cómo viajar desde París a Badajoz, donde vive su familia. No le facilitaron información de si era posible hacer ese traslado. Tuvo que rechazarlo por temor a quedarse varado en París, sin alojamiento ni ingresos.

Poco después de su regreso a La Habana, el 13 de marzo, su hotel, el Copacabana, había cerrado, como todos los demás de la capital cubana, salvo el Comodoro. «Los cubanos no me han rechazado en ningún momento, al contrario. Son ellos los que más se preocupan por nuestra situación», comenta el joven extremeño.

Los cubanos no me han rechazado en ningún momento, al contrario. Son ellos los que más se preocupan por nuestra situación», dice el joven extremeño

De lo que se quejan Santiago y otros españoles en la isla es de falta de información. Los españoles que se encuentra a la espera de vuelo en el Comodoro de la capital cubana demandan más atención por parte de los representantes del gobierno español. Santiago Viejo comenta que está apuntado a una lista de personas que querían salir, y que solo le ofrecieron ese vuelo vía París sin garantías de llegar a Badajoz desde allí.

Han sabido que la semana pasada llegó un vuelo de colaboración al aeropuerto de La Habana que regresó vacío a Madrid. Lo saben por una aplicación, FlyRadar, y comprobaciones posteriores. No entienden cómo ha regresado un avión vacío cuando hay españoles con intención de regresar a nuestro país.

En Cuba hay unos 900 españoles empleados en diversas empresas, pero no todos quieren volver. Muchos ya están arraigados allí, y otros deben quedarse por responsabilidades laborales, como los directores de hotel.

Más españoles en Cayo Santamaría

En Cayo Santamaría, una isla pequeña al norte de Cuba, hay una veintena de españoles que han solicitado volver a nuestro país. Entre ellos están Rosa Alba Gallego García, de 25 años, y su marido, Juan Carlos, que llegaron el 18 de enero para trabajar en un hotel de la compañía Be Live. Ella es animadora y su marido, chef pastelero.

«Cuando empezó Cuba a tener positivos actuaron rápido: cerraron el espacio aéreo, y había que llevar mascarillas y desinfectante en los comercios. Más tarde nos aislaron a los residentes temporales en varios hoteles repartidos por Cuba. Los turistas están en un hotel en La Habana», señala Rosa Alba, que procede de Murcia.

Explica Rosa Alba Gallego que el gobierno cubano les ha proporcionado alojamiento y comida. Su idea inicial era quedarse en la isla caribeña, debido a que sabían que en España la situación de contagios estaba en su peor momento. Confiaban que en Cuba todo se reabriera en un par de meses, pero ahora se dan cuenta de que «va para largo».

Cayo Santamaría, una isla paradisíaca al norte de Cuba.

«Mi padre y mi suegro trabajan en el sector primario y ahora tienen mucho trabajo, así que nos gustaría volver a casa y echar una mano hasta que todo esto acabe. Haríamos cuarentena por prevención», relata Rosa Alba.

Nos enviaron un correo diciéndonos que salía un vuelo el 24 a París y luego otro a Madrid. Pero teníamos que gestionarlo nosotros, la prioridad eran los franceses y no había conexión a Madrid», cuenta Rosa Alba

En la embajada española les remiten a su cuenta en Twitter para que sepan si hay noticias sobre nuevos vuelos. «Nos enviaron un correo diciéndonos que salía un vuelo el viernes 24 de La Habana a París y de ahí había otro vuelo hacia Madrid. Nos dieron los teléfonos de la compañía, Air France, pero teníamos que gestionarlo nosotros. Air France nos dijo que tenían prioridad los franceses y solo si había plaza podrían ir españoles. Y no había vuelo a Madrid», añade la joven.

En la red social a la que han remitido a los españoles en Cuba hay que llegar hasta el 25 de abril para ver un tuit sobre la actividad diplomática relacionada con quienes demandan atención en la isla.

El miércoles tuitean sobre el Día de la Danza, a una información del ICEX en Cuba sobre la recuperación del turismo, lecturas para el confinamiento, así como una portada de la revista Diplomacia del siglo XXI, órgano de comunicación de la Academia de la Diplomacia, dedicada a La ingente labor del cónsul en tiempos de crisis.

Surinam puede, España no

Santiago Viejo, que se ha curado del coronavirus en Cuba, está muy agradecido a los médicos que le han tratado y a quienes se preocupan por su estado en el hotel Comodoro. «Aquí hay unos 1.300 casos. Cada día confirman unos 50 o 60. No hay confinamiento. No podría cumplirse. Cuando hay alimentos, se forman colas de cientos de personas para proveerse de lo más básico», dice Santiago Viejo.

Santiago reconoce que pasar el coronavirus solo en un país que no es el tuyo es duro. «Aunque te traten muy bien, como ha sido mi caso, te ves aislado, y eso psicológicamente te deja fundido. Mi familia ha estado muy preocupada», añade el joven de Badajoz.

Lo que le extraña a Santiago Viejo es que hasta Surinam está organizando la vuelta de sus nacionales, mientras que España se limita a informarles de vuelos que organizan otros países a los que ellos pueden sumarse, sin garantías de llegar a su meta final. O que Canadá esté dando 200 dólares a sus ciudadanos varados en Cuba, o Rusia, 30 dólares por día.

No tienen mucha esperanza de que haya vuelos antes de julio. Saben que la crisis demanda grandes esfuerzos y es muy complicado gestionarla. Lo que echan más de menos es una atención más cercana, más empática y más transparente, un trato como ciudadanos con derechos por parte de sus representantes.