Política

La manifestación del virus: las 'vips' que acudieron al 8-M y han caído enfermas

Begoña Gómez, junto a Carmen Calvo, en la manifestación del 8-M. EFE

A sabiendas de las recomendaciones de la Unión Europea, que ya entonces instaban al Gobierno español a impedir la celebración de actos multitudinarios y mantener «medidas de distanciamiento social individual» a tener en cuenta por todos los estados miembro, Pedro Sánchez autorizó la manifestación del 8 de marzo con motivo del Día de la Mujer. Al acto principal, el convocado en la capital española, acudieron unas 120.000 personas, según datos de la Delegación del Gobierno, y ese mismo día se celebraron otras 76 manifestaciones en toda la Comunidad de Madrid, la región más golpeada por el avance del virus, que deja ya más de 10.000 infectados sólo en este territorio y más de 1.200 fallecidos.

Cinco días después de la concentración, el número de casos se multiplicó no sólo en Madrid, sino en toda España. El enemigo invisible al que entonces el Gobierno no parecía temer se extendió no sólo entre la gente de a pie, si no también entre los miembros del Ejecutivo que estuvieron, codo con codo y entre besos, abrazos y apretones de manos, en la cabecera de la manifestación.

Varios ministros, en la manifestación del 8-M. EFE

Con la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, ingresada por una infección respiratoria y a la espera de conocerse los resultados del test de coronavirus, son ya cinco las ‘vips’ que estuvieron en la cabecera del 8-M las que han caído enfermas.

Los primeros casos confirmados fueron los de la ministra de Igualdad, Irene Montero; y la titular de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias. Ambas dieron positivo tan sólo cuatro días después de la convocatoria. Y, de confirmarse, Carmen Calvo podría ser el tercer miembro del Gobierno infectado de los que participaron en la cabecera feminista, en la que también participaron el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; la vicepresidenta económica, Nadia Calviño; la ministra de Educación, Isabel Celaá; y la ex ministra de Trabajo, Magdalena Valerio.

Todos ellos, incluida Calvo, se hicieron ya un primer test cuando trascendió el positivo de Montero, pero entonces Moncloa informó del resultado negativo de todos ellos. La vicepresidenta primera ha participado desde entonces en reuniones presenciales y telemáticas, si bien llevaba unos días desaparecida, posiblemente debido a las complicaciones respiratorias en un principio achacadas a una alergia estacional y que han requerido su hospitalización en la clínica privada Ruber, a la que puede optar a través de Muface por su condición de funcionaria.

La mujer y la madre del presidente del Gobierno

Las tres ministras acudieron a la manifestación feminista, en la que compartieron cabecera con la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, quien también dio positivo en Covid-19 unos días después. Tanto Sánchez como Iglesias obviaron las recomendaciones sanitarias y rompieron las medidas de aislamiento para asistir presencialmente a reuniones y ruedas de prensa, que fueron justificadas por el Ministerio de Sanidad como «excepciones» dentro de la obligatoriedad de la cuarentena.

A la lista de contagios cuyo nexo común fue la participación en la manifestación feminista del 8-M hay que sumar el caso de la madre del jefe del Ejecutivo, Magdalena Pérez-Castejón, ingresada en el hospital Puerta del Hierro en Majadahonda (Madrid), según adelantaba OkDiario.

El 9 de marzo supuso un punto de inflexión que cambiaría por completo la concepción del impacto que tendría el Covid-19 en España. De hecho, de los datos de contagios registrados del 6 de marzo a primera hora del lunes 9 hay un salto del 174%, si bien no fue posible cuantificar el número concreto respecto al 8-M porque ese fin de semana el ministerio no actualizó las cifras de contagiados. Cuando se decretó la paralización de la actividad educativa, el número de contagiados en España era de 1.204 y las muertes ascendían a 28. Hoy, dos semanas después, el número de infectados supera los 33.000 y los decesos rozan ya la escalofriante cifra de 2.200.

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