El ex secretario general de Izquierda Unida y ex alcalde de Córdoba Julio Anguita ha fallecido a los 78 años de edad, en la ciudad que gobernó durante siete años. Desde hace más de dos décadas padecía del corazón. No ha podido recuperarse de las complicaciones derivadas de la parada cardiorespiratoria que sufrió hace justo una semana.

Lograron recuperarlo ese mismo sábado, pero su corazón ya estaba muy vapuleado. Todo Córdoba, la ciudad que quería con pasión, estaba pendiente de su evolución. Había esperanza porque Julio es, era, mucho Julio. Pero no pudo ser.

La ciudad de Córdoba guardará tres días de luto por su califa, el Califa Rojo. La capilla ardiente estará en el Ayuntamiento, aunque no podrá visitarse. Hay un libro virtual habilitado para expresar el apoyo a la familia y amigos.

Los mensajes de condolencia han sido numerosos y conmovedores. Pablo Iglesias, el vicepresidente segundo, con quien mantenía buena relación, le ha rendido homenaje en su cuenta de Twitter. «No solo se nos va un referente ético, se nos va nuestro mejor referente político», escribe Iglesias.

También le han recordado en sus redes sociales, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz; la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que le ha llamado «maestro, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, quien señala: «Aún no me lo puedo creer. Sigo llorando y no sé cuándo dejaré de hacerlo. Hemos perdido al más grande».

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha enviado sus condolencias a la familia. Sánchez le describe como «un hombre coherente, honesto, siempre crítico, que defendió de manera incansable la igualdad y la justicia social».

También han hecho público su pésame el líder del Partido Popular, Pablo Casado, quien ha dicho de Julio Anguita que era «un político que ha defendido sus ideales con pasión en la España democrática, plural y abierta que todos queremos». Y la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, que le ha descrito como «una figura de indudable relevancia en la vida política española».

La familia de Julio Anguita ha agradecido todas las muestras de apoyo y de cariño.

Referente de la izquierda española en la democracia española, el Califa Rojo sufrió un infarto este sábado en su casa y entró en parada cardiorespiratoria. Fue ingresado en el hospital Reina Sofía, según informa la web local Cordópolis.

Desde hace años tenía problemas cardiacos. Cuando participaba en la campaña electoral de 1993, tuvo su primer infarto en Barcelona, y después un segundo susto en 1998, en Córdoba. Había sido operado del corazón en 1999 y 2009.

Nacido en Fuengirola (Málaga) el 21 de noviembre de 1941, Julio Anguita creció en una familia de militares. Su padre fue suboficial, y alcanzó el grado de brigada. Llegó a combatir en los Pirineos a la guerrilla comunista. Hasta los cinco años vivió en Galicia, con sus abuelos maternos.

Después su familia se trasladó a Córdoba, la ciudad de la que fue el primer alcalde comunista, el más querido y también el más criticado. Allí se casó con Antonia Parrado, también maestra, con quien tuvo a sus tres hijos mayores: Julio, fallecido en Irak en 2003; Ana y Juan Antonio. Su única nieta, Sara, que acaba de cumplir 13 años, es hija de Ana.

Estudió Magisterio y después se licenció en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Barcelona. Se afilió al Partido Comunista de España en 1972. En 1988 fue elegido secretario general del PCE -estuvo diez años en el cargo- y en las elecciones de 1989 fue elegido diputado por Izquierda Unida (IU).

Fue portavoz del grupo parlamentario de IU entre 1993 y 1996, año en el que logró el mayor éxito de la formación en las elecciones generales al conseguir el 10% de los votos. Su «programa, programa, programa» simboliza su defensa de principios firmes. «Es lo concreto», decía para explicar ese lema que tan bien le representa.

Debido a sus problemas cardiovasculares, tuvo que dejar a Francisco Frutos la candidatura a la presidencia del Gobierno en las elecciones de 2000. Y al frente de IU fue sustituido por Gaspar Llamazares.

Maestro y ciudadano comprometido

Profesor en el instituto Blas Infante de Córdoba, era padre de cuatro hijos: Julio, Ana, Juan Antonio, y Carmen, hija de su relación con Juana Molina, una compañera del partido. Volvió a contraer matrimonio en 2007 con María Agustina Martín Caño, profesora de inglés, a quien conoció en el instituto Blas de Infante. Allí impartió clases Julio Anguita al dejar la primera fila de la política.

Desde su jubilación Julio Anguita vivía en Córdoba, donde era habitual verle en la Plaza de la Corredera jugando al dominó o al mus con sus amigos, o bien de paseo a buen trote. Su corazón le había dado algún susto y era riguroso con las caminatas.

Nada más conocerse su muerte se ha iniciado una campaña de recogida de firmas para que su querida Plaza de la Corredera se llame Plaza de Julio Anguita. Conocía la ciudad como la palma de su mano y los cordobeses le respetaban como si fuera un auténtico califa. Uno de sus rincones favoritos era la Mezquita.

Vivía modestamente, como reconoció en una entrevista en El Mundo. «Tengo una pensión de 1.848 euros, un Seat León y un ordenador. ¿Para qué más?», decía el Califa Rojo en 2013. Había renunciado a su pensión como ex diputado.

Contaba en esta entrevista sus rutinas: el gimnasio a primera hora, natación y charlas alrededor de una mesa y una partida. Y sin parar de reflexionar sobre todo lo que le rodea. Desde su retirada de la política en primera fila, dio conferencias y siguió escribiendo. Mantenía su carné como militante del PCE y de Izquierda Unida.

Es autor de publicaciones como La desamortización de Mendizábal en la ciudad de Córdoba, Otra Andalucía (con Rafael Alberti); Corazón rojo, en 2005, y El tiempo y la memoria (con Rafael Martínez Simancas), en 2006, Contra la cegueraCuarenta años luchando por la utopía (2013), 

También escribió Combates de este tiempo (2011) y, más recientemente, Conversaciones sobre la III República (con la periodista Carmen Reina) y A la izquierda de lo posible (conversación con Juan Carlos Monedero), las dos obras de 2013.

De cómo salgamos del hoy será el mañana… En el mañana están nuestros hijos, nuestros nietos, que tienen derecho a que no les dejemos en la miseria y con problemas a veces irresolubles»

En los últimos años seguía siendo un ciudadano comprometido en política y un referente para la izquierda. Formaba parte del colectivo Prometeo, una plataforma fundada en 2000 que tiene como objetivo la implicación ciudadana en economía y política.

Este 4 de mayo Anguita presentaba un manifiesto a propósito de la crisis del coronavirus. «En estos momentos de crispación, aprovechados por algunas fuerzas políticas, necesitamos serenidad, reflexión y sopesar razones», dice Julio Anguita, que anima a que la población lea el manifiesto y lo debata.

«De cómo salgamos del hoy va a ser el mañana… En el mañana están nuestros hijos, nuestros nietos, que tienen derecho a que no les dejemos miseria y grandes problemas, a veces irresolubles», añade. «En este momento en España hay demasiada visceralidad, demasiados bulos…Piensen en ustedes y en todos los españoles».

En una entrevista publicada en El Independiente el verano de 2019, Anguita decía que «los valores del neoliberalismo se han impuesto: la gente ve el trabajo como un privilegio y no como un derecho. ¿Qué hubiesen dicho los sindicatos hace 20 años sobre los contratos actuales? Tenemos que asumir que vamos a una travesía en el desierto. Que no nos dé miedo».

Y añadía: «La travesía es inexorable y solo se puede hacer de dos formas: una, organizar esa travesía con organización, estrategia y un colectivo dirigente cual Moisés; dos: a través de la desunión, el enfrentamiento, el narcisismo político y el cainismo. Así que optemos: o enfrentados y teniendo miedo u organizados».

Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen», dijo un Julio padre, dolido, cuando murió su hijo Julio Anguita Parrado

En su vida personal, sufrió un durísimo golpe cuando su hijo mayor, el reportero Julio Anguita, moría en Irak, cerca de Bagdad, el 7 de abril de 2003 cuando el régimen de Sadam Husein ya había sido derrotado. Julio Anguita Parrado estaba empotrado con las tropas estadounidenses como enviado especial de El Mundo. Fue entonces cuando Julio Anguita dijo: «Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen».

El experimentado político hablaba como padre: «Mi hijo mayor, de 32 años, acaba de morir, cumpliendo sus obligaciones de corresponsal de guerra. Hace 20 días estuvo conmigo y me dijo que quería ir a la primera línea… Los que han podido leer sus crónicas saben que era un hombre muy abierto y buen periodista. Ha cumplido con su deber».

A Julio no le gustaba hablar de sí mismo, aunque tenía una personalidad arrolladora. Sobre su legado se confesó con estas palabras: «He sido muy temperamental para unas cosas y muy frío para otras. Tengo las dos cosas. (…) Simplemente me gustaría que viesen mi vida política y si hay algo que merece la pena seguir, pues que lo hagan. Y aquello que no merezca la pena, que no lo hagan. Ya está».

Si hay una palabra que define a Julio Anguita es la coherencia. Coincidirán en el juicio sus admiradores, que son muchos, y sus detractores, que también son unos cuantos. Pero decir en España que un político es coherente es colocarlo en lo más alto. Sit tibi terra levis.