Las piruetas exhibidas por el PSOE con su política de pactos esta semana no solo han descolocado a buena parte del Ejecutivo, a los socialistas y al conjunto de los agentes sociales. Esquerra, que fue socio de referencia en la investidura de Pedro Sánchez, vive su particular via crucis por el fiasco de sus relaciones con el Gobierno desde el estallido de la crisis del coronavirus.

ERC no ha obtenido ningún rédito en las negociaciones del estado de alarma, aunque lo cierto es que en las últimas semanas se han atendido parte de sus exigencias, convertidas en victorias del PNV, Cs y ahora Bildu. Tampoco ha evitado que sus socios-rivales de JxCat les acusen de entregarse al PSOE, con Carles Puigdemont a la cabeza. Mientras a nivel interno crece la distancia entre quienes defienden seguir tendiendo puentes al Gobierno -«porque no hay alternativa»- y los que reclaman cortar ya todas las amarras, con la vista puesta en las próximas elecciones catalanas.

La herencia de Tardà

En este contexto, los críticos no entienden la insistencia en mantener la puerta abierta a la negociación que tras la votación en el Congreso explicitaron tanto la portavoz, Marta Vilalta, como el líder en Madrid, Gabriel Rufián. «Sospecho que ERC no cambia de rumbo porque no tiene un plan alternativo» a la máxima impuesta por Joan Tardà desde 2007 de «ampliar la base» del independentismo incorporando a votantes socialistas y ecosocialistas que ha llevado a pactar con PSOE y Podemos.

El Colectiu 1-O ya ha dejado claro que la Mesa de Negociación entre Gobierno y Generalitat «está finiquitada» tras el pacto del Gobierno con Cs y apuntan a la necesidad de «pasar a la segunda fase» que marca la ponencia política aprobada en diciembre: Olvidar las alianzas con partidos de ámbito nacional y «fortalecerse» en Cataluña, buscando la unidad de acción independentista, para forzar un nuevo referéndum.

La crisis política y la posibilidad de un abrupto final de la legislatura no justifica para este sector que se mantenga la relación con el PSOE. «La batalla interna entre PSOE y Podemos nos pilla muy lejos, pero no es ninguna sorpresa que Sánchez no cumpla», asegura Xavier Martínez, portavoz de este colectivo. Y advierte que «tragar porque lo otro es peor no es ningún argumento» en respuesta a Rufián.

Si el Gobierno no cumpe con la messa de negociacion, que no cuenten con ERC», ha advertido Junqueras

La Mesa de Negociación sigue siendo, sin embargo, objetivo prioritario de la dirección republicana, como ha dejado claro Oriol Junqueras. Si el Gobierno no cumple con ella «no hace falta que cuenten con ERC», advertía el viernes en declaraciones a Telecinco endureciendo el tono de sus portavoces el día anterior. Vilalta había apuntado un día antes que la mesa, que se tenía que reunir una vez al mes, «no es un compromiso del PSOE con ERC sino del Gobierno de España con la ciudadanía de Cataluña».

«No nos consta que se haya roto», insiste la portavoz republicana, que confía en que esa mesa vuelva a reunirse cuando concluya el desconfinamiento. Hoy por hoy, sin embargo, la dirección de Esquerra parece la única que sigue agarrándose a es foro para argumentar su voluntad de dar otra oportunidad al Gobierno del PSOE y Unidas Podemos.

«Nunca he confiado en la mesa de diálogo, es otra operación de maquillaje» insiste paralelamente la portavoz de JxCat, Laura Borràs. «Alguien que necesita la mesa para conseguir votos no cree en el diálogo, el Estado español no aceptará hablar de referéndum y desjudicialización, este diálogo es fake, la mesa es fake» dice Borràs, quien asegura que Quim Torra tiene casi tanta prisa por convocar la mesa como Pedro Sánchez, aunque por supuesto «nosotros somos los que siempre nos sentamos en la mesa del diálogo».

La fractura de ERC con Junts es total, como ha demostrado la negociación de ambos grupos en paralelo con el Gobierno, pese a compartir el Govern de la Generalitat. Pero todos los actores coinciden en que la sombra de JxCat y de su líder, Carles Puigdemont, sigue pesando demasiado en la toma de decisiones de Esquerra.

El factor PSC

Más allá de la Mesa de Negociación, la relación de ERC con el PSOE nace ya con una esquizofrenia de partida que definen muy bien los socialistas catalanes: «Ellos quieren entenderse con el PSOE y pelearse con el PSC». Les pesa la acusación de estar buscando un nuevo tripartito que traicionaría el bloque independentista «y el espíritu del 1-O». Por eso a Esquerra le cuesta decidirse por cerrar cualquier pacto; «hasta que se le adelantan», como ha sucedido esta semana con Cs. «Se sienten muy ligados a Junts», apuntan desde el PSC en este sentido.

Tampoco ayuda el peso de los socialistas catalanes en el entorno de Sánchez, representados tanto por Miquel Iceta como ahora, sobre todo, por Salvador Illa. ERC y PSC serán rivales electorales en un plazo relativamente corto de tiempo y aunque ya no tienen fronteras electorales como antaño, los socialistas catalanes no van a permitir que el Gobierno haga regalos a ERC como los que PNV y Bildu han recibido estas semanas en detrimento del PSE.

Un factor que destacan desde Esquerra cuando explican por qué a ellos les es más difícil que a los nacionalistas vascos alcanzar acuerdos a cambio de su apoyo, pese a tener un grupo parlamentario mayor que el del PNV, Cs, y por supuesto Bildu.

Difícil relación con los comunes

Algo parecido les sucede con Podemos y los comunes. El rechazo es visceral cuando se trata de pactar con el PSC, pero la izquierda de Esquerra sueña con deshacerse de JxCat y ganar con suficiente holgura las próximas elecciones autonómicas como para tejer una alianza con los comunes. Aún así, las relaciones parecen siempre más fluidas con Pablo Iglesias que con Ada Colau, a la que no pueden dejar de ver como una rival que se ha demostrado temible en el Ayuntamiento de Barcelona.

«Podemos ha posibilitado este viraje del Gobierno a Cs» se lamenta Vilalta en este contexto. La portavoz republicana ha apelado públicamente a Iglesias para que explique los cambios de alianzas y por qué prefirieron a Cs. «Los puentes no están rotos y nunca seremos nosotros quienes los rompan, pero es triste ver como el gobierno mas progresista de la historia pacta con la derecha».

Los comuns, sin embargo, sufren en el Parlament el hostigamiento de Torra, pero también de Esquerra, apneas tres semanas después de haber sido claves en la aprobación del presupuesto catalán, y ven como Pere Aragonéls es cierra la puerta ahora para negociar las modificaciones. Los de Colau se atribuyen parte del mérito en la aprobación del plan de rescate a los servicios públicos de las autonomías con esa partida de 16.000 millones que responde básicamente a las exigencias de Aragonés.

«Nos aplauden en privado pero nos critican en público» se lamenta el responsable económico de la formación, David Cid, que recuerda además que el Gobierno ya ha pagado más de 1.000 millones de euros al mes en ERTEs en Cataluña, mientras la Generalitat insiste en el caos del Sepe.