Unos 70 migrantes sin papeles han dormido al raso en las calles del centro de Lleida en la peor semana de tormentas y granizadas de la semana, al tiempo que el pabellón 3 de la Fira acogía a más de 120 temporeros sin techo. Mientras el mundo clamba #blacklivesmatter contra el racismo, la activista Nogay Ndiaye denuncia que los hoteles de la Paería se niegan a acoger a los temporeros de color que han acudido a la campaña de la fruta y el futbolista Keyta Baldè tiene que alquilar un edificio entero para dar cobijo a esas personas ante la supuesta pasividad de las autoridades.

El Ayuntamiento de Lleida calcula que cada año llegan entorno a unas 40.000 personas para trabajar en la temporada de la fruta a esta demarcación. Durante cinco meses, entre mayo y septiembre, las cuatro comarcas que integran la Plana de Lleida ven como una población habitual de 363.000 personas se incrementa en más de un 10% con los eventuales del campo.

Se trata de un problema recurrente, que vuelve cada año con el inicio de la temporada de recogida de la fruta dulce, explica la portavoz de Cs en el Ayuntamiento, Ángeles Ribes. Pero este año las expectativas eran mucho más altas por las promesas del nuevo alcalde, el republicano Miquel Pueyo. Hace un año prometió que no se repetiría la situación de los temporeros sinpapeles en la calle, acompañado por los consellers de Trabajo y Agricultura, ambos de su partido. Este año, ni Chackir el Homrani ni Teresa Jordà se han acercado a la capital del Segre.

PCR con prioridad para los temporeros

La crisis del Covid-19 ha acabado de complicar la gestión de un problema endémico de los veranos ilerdenses. Consciente de ello, el Ayuntamiento avanzó la apertura de un albergue temporal en la Fira de Lleida para acoger a 150 temporeros. Previamente, acogió a los primeros en llegar, durante el mes de mayo, en el pabellón habilitado para el confinamiento de los sintecho de la ciudad. Y montó una instalación para realizar pruebas PCR a todos los que quisieran utilizar las instalaciones, para evitar que ese colectivo se convirtiera en un foco de contagio.

La semana anterior, la Plataforma Fruita Amb Justícia Social había denunciado que unos 200 temporeros estaban durmiendo en solares del Centro Histórico de la ciudad en unas condiciones que «vulneran los derechos humanos». Este lunes se ha abierto el pabellón 3, que da acogida a 123 personas a las que además se ofrece dos comidas, duchas, consignas y lavandería. Una veintena de personas más accedieron durante el día para hacer uso de las duchas y la lavandería.

El centro histórico se puede convertir en un gueto» advierten los vecinos

Pero unos setenta temporeros siguen durmiendo al raso en el casco antiguo de Lleida según las asociaciones vecinales, que este viernes se manifestaron para denunciar una situación que agrava los problemas de seguridad de la zona. «El Ayuntamiento reconoce nuestras quejas, que son reales, lo que les pedimos ahora es que no acaben convirtiendo el centro histórico en un gueto, que poco le falta» advertía el portavoz vecinal Oscar Lanza.

El portavoz de la plataforma del Pla de l’Aigua, Josep Maria Muñoz, otra de las organizaciones vecinales que se manifestaron el viernes, critica “la nefasta gestión por parte de las administraciones”. Muñoz advierte que la situación se ha agravado con el coronavirus, ya que hay aglomeraciones en varios rincones del barrio “poniendo en riesgo la salud de los vecinos” y recuerda que la situación de los temporeros se suma a los problemas de “delincuencia, tráfico de drogas, prostitución e incivismo”.

Una pelea en la que un hombre de origen ghanés fue herido por arma blanca esta misma semana ha dado muestra de como se eleva la tensión en el casco antiguo. Aunque no se trata de un temporero, señalan desde el Ayuntamiento, al tiempo que recuerdan que el 25% de la población de Lleida es de origen foráneo. Pero la pelea se produjo en las inmediaciones del pabellón en el que pernoctan los temporeros, y ha acabado asociada al problema de los temporeros sin papeles que viven en la calle.

Nadie se atreve a responder oficialmente por qué esas personas rechazan la acogida en el pabellón habilitado por el Ayuntamiento, que tiene plazas libres. Pero la sospecha de todos es que en ese espacio, de gestión municipal, no podrán ser contratados por los productores que sí contratan a temporeros sinpapeles con sueldos por debajo del mercado. «La mayoría de los productores actúan legalmente, pero todavía queda gente sin escrúpulos» reconoce Ribes.

Movilidad descontrolada

La provincia vive del sector agroalimentario y la mayoría de las grandes explotaciones agrícolas contratan cada año a las mismas cuadrillas de temporeros que recorren España de campaña en campaña. Algunos les ofrecen alojamiento en sus instalaciones, otros incluyen el alojamiento en el pago, y las propias cuadrillas buscan ese alojamiento, el mismo de año en año.

Pero cada año llegan además unos 200 temporeros sin contratos previos con la esperanza de conseguir trabajo en la campaña, «algunos con papeles, otros sin», explica Ribes. Son estos los que tienen problemas de alojamiento, a los que las administraciones -básicamente las locales- están obligadas a dar una salida.

Lo que nadie se explica es cómo han llegado este año tan fácilmente pese a los controles de movilidad que se suponen en el estado de alarma decretado por la pandemia del coronavirus. «Tenemos temporeros de Canarias, Andalucía, Valencia y hasta Italia» reconoce una portavoz del Consistorio. Trabajadores que acudieron antes incluso que en años anteriores después de que los sindicatos agrarios advirtieran públicamente del riesgo de que los temporeros no pudieran llegar a la campaña.

El Ayuntamiento pide una regularización exprés

El Ministerio de Agricultura habilitó permisos especiales de movilidad para las cuadrillas contratadas por las explotaciones, que repiten año tras año. Pero los temporeros que buscan trabajo en las calles de Lleida no pertenecen a esas cuadrillas, y han llegado probablemente de la mano de organizaciones que se dedican al tráfico de personas.

«Nos encontramos solos, la Administración del Estado no ha ejercido ningún control sobre los desplazamientos, en plena pandemia han llegado personas de Canarias o de Italia» ha lamentado el alcalde en declaraciones a Catalunya Ràdio. «Esto provoca miedo y tensión» dice Pueyo, quien elogia el apoyo de la Diputación y denuncia que «el Estado es el gran ausente» en este conflicto.

«Primero, porque no ha ejercido ningún tipo de control» en la llegada de esos temporeros irregulares, «y segundo, por esa carrera de obstáculos para conseguir la regularización». La solución, para el edil republicano, es «la regularización de estas personas que se enfrentan a este bucle». Una propuesta que ya ha trasladado a los grupos municipales y que ahora plantea a la delegada del Gobierno, Teresa Cunillera.

Denuncia de racismo

En este contexto resuenan las denuncias de racismo de la activista Nogay Ndiaye, que denunció que ningún hotel de la ciudad quería acoger a los temporeros que no habían accedido al pabellón del Ayuntamiento. También a aquellos que lo abandonan cuando consiguen trabajo y pueden pagarse un alojamiento. Ndiaye pidió la mediación del Ayuntamiento, que una semana después puede ofrecer 110 habitaciones de 3 hoteles de la capital.

Pero la situación era urgente para los temporeros que se quedaron en la calle, y a la denuncia de Ndiaye respondió el futbolista del AS Monaco Keita Baldé. Este gerundense de familia senegalesa, canterano del Barça que ahora milita en las filas del Mónaco, se ofreció a adelantar el coste del hospedaje de 90 temporeros que están durmiendo en la calle. Y Ndiaye ha encontrado un edificio, que finalmente han alquilado entero, para hospedar a esos trabajadores del campo.

Mientras, los hosteleros de Lleida se defienden negando el racismo y el Ayuntamiento agradece el esfuerzo de Baldé, reconociendo que no debería ser un futbolista quien solucione el problema.